Ni Burdeos, ni Lyon: el mercado cubierto más grande de Europa está en el norte de España, figura en el libro Guinness y se asoma a una preciosa ría
El Libro Guinness lo certificó en 1990 como el Mercado Municipal de Abastos más completo de Europa. Por superficie —unos 10.000 metros cuadrados—, es además el mayor mercado cubierto del continente, a orillas de la ría de Bilbao.

Un precioso mercado del norte de España que ya deberías conocer. / Istock
Cuando se piensa en el mercado cubierto más grande de Europa, la cabeza suele viajar a Francia: a los puestos de ostras de Burdeos, a las naves de Lyon, a cualquiera de esas ciudades que han hecho bandera de su despensa. Pero el título está en Bilbao, en un edificio de hierro y cristal que se asoma a la ría justo donde el Casco Viejo empieza a deshacerse en callejones, soportales y olor a pescado fresco.

Exterior del Mercado de la Ribera. / Istock / TONO BALAGUER
Y es que un mercado, cuando funciona de verdad, deja de ser solo el sitio donde se compra la fruta de la semana. Se convierte en el termómetro de una ciudad. Aquí se cruzan el jubilado que lleva toda la vida comprando en el mismo puesto, el cocinero que viene a por género antes de abrir el restaurante y el turista que pregunta, un poco perdido, dónde puede probar su primera gilda. El Mercado de la Ribera tiene todo eso. Y además guarda un récord que la mayoría de bilbaínos da por hecho pero que pocos visitantes conocen con exactitud. Empecemos por ahí.

Adriana Fernández
1990: el año en que la Ribera entró en el Guinness
La distinción exacta que recibió el mercado en 1990 fue la de Mercado Municipal de Abastos más completo de Europa, un título que tiene que ver con la variedad de su oferta y con el número de comerciantes y puestos reunidos bajo un mismo techo —más de sesenta—. De esa misma entrada en el Guinness se deriva la otra cifra que repiten sin descanso las fuentes turísticas oficiales del País Vasco y del Ayuntamiento: por superficie, unos 10.000 metros cuadrados, es también el mayor mercado cubierto de toda Europa. Dos récords distintos, pero hermanados, y ambos respaldados por las mismas fuentes municipales.

Fachada del Mercado de la Ribera. / Istock / TONO BALAGUER
El edificio que sostiene ese título, sin embargo, no es el original del lugar. La actividad comercial en este tramo de la ría se remonta al siglo XIV, cuando ya existía aquí un punto de intercambio de mercancías junto al agua. Ya en el siglo XIX, el escritor bilbaíno Emiliano de Arriaga describía el mercado que entonces ocupaba este solar como un mercado bien surtido de cuanto apetecer pudiera el más refinado gastrónomo, y casi dos siglos después la frase sigue sin sonar exagerada.
Lo que hoy se visita —la estructura de hierro y cristal, las plantas diáfanas, la gran vidriera con el escudo de Bilbao recortada contra la luz— se inauguró el 22 de agosto de 1929, obra del arquitecto Pedro Ispizua, uno de los nombres que más moldearon el Bilbao de aquellos años. El art déco se nota en las líneas limpias y, sobre todo, en una decisión que entonces era casi un alarde técnico: ninguna columna interrumpe la planta principal, para que la luz entre sin obstáculos desde primera hora de la mañana.

Un curioso mercado que se asoma al río Nervión. / Istock
La historia reciente del edificio no ha sido tranquila. En agosto de 1983, las inundaciones que arrasaron el Casco Viejo durante la Aste Nagusia dejaron el mercado seriamente dañado y obligaron a una primera reconstrucción al año siguiente. Décadas más tarde, entre 2009 y 2012, llegó la gran remodelación que le dio la forma actual: por fases, sin cerrar un solo día, se renovaron estructura, puestos e instalaciones, y se abrió ese acceso luminoso hacia la Plaza del Consulado que hoy conecta el mercado con el paseo de la ría.
Pescado, pinchos y jazz: así se vive por dentro
La puerta de la Plaza del Consulado mete de golpe en otro ritmo. Abajo, el suelo brilla todavía húmedo de las cubas de hielo, las pescaderas anuncian la merluza del día casi cantando, y entre puesto y puesto se cuela el olor a fruta madura y a pan recién cortado. Tres plantas de carne, pescado, marisco, fruta, verdura, quesos y embutido conviven sin estridencias, con esa mezcla de orden y desorden que solo tienen los mercados que llevan abiertos un siglo.

Interior del Mercado de la Ribera. / Istock / W.Gepp
Subiendo, el ambiente cambia de nuevo. En la zona conocida como La Ribera Gastro-Plaza se concentran varios gastrobares pegados unos a otros, con mesas compartidas y vistas directas a la ría. Es el rincón perfecto para parar a media mañana con un txakoli y una tabla de pinchos, o para alargar la sobremesa viendo pasar el tranvía por el otro lado del cristal. Y los domingos, cuando el mercado de abastos descansa, esta zona sigue viva: hay sesiones de jazz y swing en directo que llenan de música un espacio pensado, en origen, para vender pescado.
Cómo encajarlo en una visita a Bilbao
El tranvía para justo delante, en la parada Ribera, y el metro deja a apenas un par de minutos andando, en Casco Viejo. Desde la puerta del mercado se cruza el puente de San Antón —ese mismo puente que, junto a la iglesia que lleva su nombre, aparece dibujado en el escudo de Bilbao— y en treinta segundos se está dentro de las Siete Calles, el corazón medieval de la ciudad. De ahí al Teatro Arriaga, que abrió sus puertas en 1890 y que debe su nombre al compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga, hay un paseo de cinco minutos junto al agua. Y si se sigue la ría un poco más, el salto hasta el Guggenheim convierte la visita en un recorrido que va del Bilbao más antiguo al más contemporáneo sin apenas darse cuenta.

Exterior del Mercado de la Ribera. / Istock
La mejor hora para ir es por la mañana, cuando los puestos de abastos están en plena actividad y el ambiente es más auténtico; si lo que se busca es la zona de pinchos y, los domingos, la música en directo, conviene llegar a media mañana o a mediodía. Para comer, lo de siempre: pinchos vascos, una buena gilda, bacalao en cualquiera de sus versiones y una copa de txakoli bien frío. Dentro del propio mercado, en La Bodeguilla, dentro de la zona de gastrobares, sirven gildas en más de treinta variantes distintas, lo que la convierte en parada casi obligatoria para quien quiera entender por qué este pincho tiene fans en toda España.
- Los chefs internacionales coinciden: el mejor sitio para comer de España está en un pueblo de 1.300 habitantes, cuna del mejor parrillero del mundo y rodeado de valles a los pies de una montaña mágica
- Ni el Caminito del Rey, ni el Cares: la mejor ruta de senderismo de España se esconde en Huesca y atraviesa una de las cascadas más impresionantes de la Península
- Las playas de la Comunidad Valenciana donde estarán prohibidas las hogueras de San Juan: multas de hasta 6.000 euros y vigilancia especial durante toda la noche
- El mercado de abastos más grande de Europa está en España y es una joya modernista: tiene más de 8.000 metros cuadrados, casi 300 puestos y una cúpula coronada por una veleta única
- La carretera con la recta más larga de España tiene 23 kilómetros consecutivos sin curvas: está en Castilla-La Mancha y une Cartagena y Ocaña
- Multas de 500 euros y 6 puntos del carné: las normativas que debes cumplir si viajas con tu perro en coche por España
- El restaurante donde se come el mejor pescaíto frito de España: se puede comer con los pies dentro del agua y el secreto es que 'son de la bahía, vienen con la tinta, con la hueva… Y por eso saben tanto a mar
- Un viaje de tres días por la Edad Media: la escapada histórica que solo podrás vivir en Caspe