La cocina de The Artist Grand Hotel of Art tiene un punto de partida claro: producto local, temporada y tradición vasca. Frente al Museo Guggenheim, la propuesta gastronómica del hotel busca mantener esa conexión con el destino y lo hace principalmente a través de Olio, su restaurante gastronómico, donde el chef ejecutivo Abel Corral, junto a Nelson Da Silva, combina raíces vascas y técnica francesa.

Arte y gastronomía conviven en los espacios de Olio.

Arte y gastronomía conviven en los espacios de Olio. / Roberto García

La idea no consiste en alejarse de los sabores reconocibles del territorio, sino en llevarlos a una cocina contemporánea en la que tienen cabida desde una gilda o la txistorra hasta la cebolla de Zalla, la salsa vizcaína, las kokotxas o el Euskal Txerri. Un repertorio que permite acercarse a algunos de los productos y elaboraciones más vinculados al País Vasco desde una perspectiva diferente.

Raíces vascas con técnica francesa

La colaboración entre Abel Corral y Nelson Da Silva, chef del restaurante francés Les Voisins, explica buena parte de la personalidad de Olio. El primero aporta una cocina especialmente ligada al producto local y a los productores; el segundo introduce ese punto de savoir faire francés que aparece en técnicas, salsas y acabados.

Producto, técnica y presentación en la cocina de Olio.

Producto, técnica y presentación en la cocina de Olio. / Roberto García

El resultado se puede probar a la carta o a través de un menú degustación organizado como un recorrido por diferentes paisajes culinarios. Bajo epígrafes como “Raíz y fuego lento”, “Huerta, mar y memoria”, “Costa y tradición” o “Campo y técnica” aparecen combinaciones que hablan bastante bien de esa intención.

Hay un consomé con cebolla de Zalla y mantequilla, una gilda y una txistorra para comenzar; vieira con pan sopako y papada; cigala con vizcaína y Euskal Txerri; kokotxa de bacalao con guisantes y ternera; o cordero acompañado de quinoa y alcachofa. En los postres, ingredientes como el limón, el enebro, la manzana, la cereza o el regaliz mantienen el mismo juego entre referencias conocidas y combinaciones menos previsibles.

La cocina de Abel Corral apuesta por el producto y los sabores del territorio.

La cocina de Abel Corral apuesta por el producto y los sabores del territorio. / Roberto García

En una ciudad como Bilbao, hablar de gastronomía obliga a hablar también de materia prima. Olio trabaja con producto de proximidad y de temporada y pone el acento en los productores locales, adaptando parte de su propuesta a lo que ofrece cada momento del año.

Mar, huerta y montaña aparecen constantemente en una carta donde el origen del ingrediente tiene tanto peso como la técnica. Esa filosofía explica la presencia del pescado, los productos de la huerta vasca o las carnes, pero también de elaboraciones muy reconocibles de la cocina local que sirven como punto de partida para platos más actuales.

Kokotxa de bacalao con guisantes, una de las elaboraciones de Olio.

Kokotxa de bacalao con guisantes, una de las elaboraciones de Olio. / Gorka Ortega

La bodega sigue la misma línea de cuidado y reúne vinos procedentes de distintas denominaciones de origen, con diferentes opciones de maridaje para acompañar el menú degustación.

Olio está actualmente reconocido como Restaurante Guía Repsol 2026, una distinción que se suma a su selección por Macarfi, que destaca precisamente la combinación de cocina vasca y francesa, el producto, la presentación y el entorno.

El restaurante Olio, donde la cocina vasca se mira desde una perspectiva contemporánea.

El restaurante Olio, donde la cocina vasca se mira desde una perspectiva contemporánea. / Roberto García

Cuando gastronomía y arte comparten lenguaje

Olio se encuentra dentro de un hotel concebido alrededor del arte y el diseño, pero aquí esa relación no necesita convertirse en un recurso decorativo. Está en la manera de presentar los platos, en el cuidado de la vajilla y en un espacio donde también aparecen obras vinculadas a Javier Mariscal, responsable junto a Fernando Salas del proyecto original de The Artist.

El propio nombre del restaurante juega con esa conexión: olio remite al aceite, ingrediente esencial de la cocina, pero también a la materia utilizada tradicionalmente por los pintores. La idea sirve para explicar una filosofía en la que colores, texturas y composición tienen importancia, aunque el producto continúa siendo el centro.

Arte y diseño acompañan la experiencia gastronómica de Olio.

Arte y diseño acompañan la experiencia gastronómica de Olio. / GORKA ORTEGA GOMEZ

Y al terminar la comida basta con salir a la calle para encontrarse frente al Guggenheim. Pocas localizaciones permiten hacer tan evidente ese diálogo entre gastronomía, arte y ciudad.

De The Gallery a The Rooftop

La propuesta de The Artist no termina en su restaurante gastronómico. The Gallery, a pie de calle y también frente al Guggenheim, ofrece una cocina vasca más informal con influencias internacionales, producto fresco de proximidad y un menú que varía según el mercado.

El brunch combina propuestas frías y calientes en formato buffet.

El brunch combina propuestas frías y calientes en formato buffet. / Roberto García

Por la mañana es además el espacio de desayuno del hotel. Desde sus grandes ventanales se contempla directamente Puppy, la escultura floral de Jeff Koons, mientras llegan a la mesa productos de kilómetro cero, zumos naturales, café y una selección de elaboraciones preparadas al momento.

Otra perspectiva completamente distinta espera en la séptima planta. The Rooftop abre una panorámica de 180 grados sobre el Guggenheim, la ría y la ciudad y cuenta con su propia propuesta gastronómica y de coctelería. Allí se celebra también un brunch periódico abierto, con reserva, a clientes externos y acompañado de música en directo. La terraza está distinguida con un Solete de la Guía Repsol.

Gastronomía y coctelería con el Guggenheim como telón de fondo.

Gastronomía y coctelería con el Guggenheim como telón de fondo. / Roberto García

The Artist, también como destino gastronómico

La ubicación frente al Guggenheim sigue siendo uno de los grandes argumentos de The Artist, pero la gastronomía ha adquirido un peso propio dentro de la experiencia.

Olio permite acercarse a la cocina vasca desde el trabajo de dos chefs con trayectorias y miradas diferentes; The Gallery ofrece una versión más cotidiana y urbana; y The Rooftop incorpora las vistas, el brunch y la coctelería. Tres maneras de relacionarse con una ciudad en la que comer siempre ha sido una parte fundamental de la forma de conocerla. En The Artist, esa relación empieza en el producto y termina mirando a Bilbao desde la mesa.