Futuroscope, el parque inteligente

Cerca de Poitiers (Francia) existe un oasis de diversión y entretenimiento. El parque de atracciones Futuroscope apuesta por un mundo que integra los avances tecnológicos con el medio ambiente. Las nuevas atracciones de 2013 demuestran que la tecnología es capaz de emocionar a la vez que educar.

Pablo Fernández

Hubo un tiempo en el que parecía que el futuro ya estaba aquí. El 28 de julio de 1984, un hombre volador, equipado con el sistema jet pack, aterrizó en el Memorial Coliseum de Los Ángeles. Era la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos. Al año siguiente se estrenó el largometraje de Robert Zeme-ckis Regreso al futuro. Durante los optimistas años 80, el futuro parecía plagado de coches voladores y trajes de papel de aluminio. En mayo de 1987, cerca de la ciudad de Poitiers (Poitou-Charentes) se inauguró el parque de atracciones Futuroscope (es.futuroscope.com), que compartía esa optimista actitud ante el porvenir y la tecnología. Han pasado 35 años desde entonces y el futuro aún está por ver. Sin embargo, el parque galo ha sabido amoldarse a los nuevos tiempos. De hecho, el 50 por ciento de las atracciones son renovadas cada dos años. El éxito de su apuesta se aprecia en los casi dos millones de visitantes que recibió la temporada anterior. Otra buena señal son los trece hoteles del parque, que ofrecen más de 1.700 habitaciones. Aunque los franceses son sus principales visitantes, los españoles les siguen en interés. La apertura del vuelo directo de Ryanair, que une Girona con Poitiers en tan solo una hora, convierten a Futuroscope en un destino con mucho futuro entre los viajeros españoles. Un rápido paseo por las novedades de 2013 sirve de repaso a los puntos fuertes de esta reserva del mundo que vendrá.

Un refresco en las alturas

Pocos parques en el mundo pueden alardear de contar con un bar aerostático en el que tomarse un refrigerio, a 35 metros de altura, con las piernas colgando en el vacío. Abierto el pasado abril, el Aerobar es una plataforma de cuatro metros de diámetro construida dentro de una estructura metálica. Tiene capacidad para doce personas y un asistente de vuelo. Para ascender, este peculiar bar es propulsado por un pequeño globo aerostático que lo mantiene a flote y que transmite la sensación de ingravidez. Durante esta experiencia, que dura alrededor de diez minutos, los viajeros pueden disfrutar de un refresco, una cerveza e incluso una copa de champán. Los precios oscilan entre los 4,50 y los 11 euros, en función de la consumición.

¿Con qué sueñan los robots?

Marcha, marcha, queremos marcha, marcha... No solo de la productividad viven los androides.Baila con los robots es una atracción compuesta por diez robots de siete metros de altura, cada uno de ellos con capacidad para dos personas. La iluminación convierte este rincón de Futuroscope en una pista de baile con música del dj parisino Martin Solveig. Todo está preparado para que comience la fiesta. 3, 2, 1... Entre 60 y 90 segundos, los visitantes se mueven al ritmo de los robots, máquinas capaces de realizar aceleraciones 3G y de girar alrededor de seis ejes. Aquellos que se animen a echarse un bailecito han de saber que pueden elegir entre tres niveles de intensidad, en función de la edad y la valentía.

El lado salvaje de la vida

Futuroscope es un paraíso para los amantes del cine. Destinos salvajes es una de las razones de este amor. El documental, rodado en formato 70 milímetros IMAX 3D, fue galardonado en 2011 como el Mejor Filme en Gran Formato, según la Giant Screen Association. Narrado por Morgan Freeman, el argumento se centra en el trabajo de dos mujeres que han dedicado su vida a la conservación de especies protegidas. La doctora Biruté Mary Galdikas es una primatóloga que reside en los bosques tropicales de Borneo, donde cuida personalmente de bebés orangutanes. La árida sabana de Kenia es el hogar de Daphne Sheldrick, especialista en elefantes. Estas dos corajudas féminas tienen como objetivo educar a estos animales huérfanos para que su retorno a la vida salvaje sea lo menos traumático posible. El filme se proyecta en una pantalla de 580 metros cuadrados, lo que, unido al efecto 3D, provoca que el espectador experimente la sensación de encontrarse inmerso en plena vida salvaje.

Una película para subirse a la ola

No hace falta haber visitado Futuroscope para estar familiarizado con el Kinémax, una de las estampas más populares del parque de Poitiers. Inspirado en las formaciones geológicas cristalinas, este verdadero alarde arquitectónico ha sido construido con tres mil placas de espejos que cubren completamente sus 35 metros de altura. En su interior se encuentra una pantalla gigante de 600 metros cuadrados. Este año proyecta el filme de IMAXTahití extremo. Completamente envueltos por la pantalla, los espectadores navegan por las aguas del Pacífico junto a Kelly Slater, que se ha proclamado en once ocasiones campeón del mundo de surf. El estadounidense viaja junto a sus amigos tahitianos hasta el exótico paraje de Teahupo''o, donde se forman peligrosas olas de entre cinco y diez metros de altura.

Ponga un Minimoy en su vida

Aunque no se trata de una novedad, Arthur, la aventura 4D está de actualidad. La atracción estrella de Futuroscope, visitada por tres millones de visitantes, ha sido nombradaMejor Atracción del Mundo en 2012 por la Themed Entertainment Association, asociación que agrupa a creadores, desarrolladores y productores del sector de parques temáticos. La atracción transcurre en el mundo creado por el realizador galo Luc Besson en la saga de películas de Arthur y los Minimoys. Los visitantes se acomodan en un insecto con el protagonizarán una carrera contrarreloj para ayudar al pequeño Arthur. Mientras que una película de animación se proyecta en una cúpula de 900 metros cuadrados, este vehículo interactúa con la acción de forma realista gracias a su simulador de movimientos. El 4D favorece la inmersión en la historia. ¿Qué es el 4D? Una serie de efectos que se recrean en la sala de proyección para simular lo que acontece en pantalla. Que la película muestra un bosque neblinoso... una espesa niebla cubrirá la sala; si alguien cae al agua... los espectadores serán salpicados.

Un videojuego muy movido

Cine dinámico. Así llaman los responsables de Futuroscope a lo que acontece en la atracción El ataque de los drones. A primera vista se trata de una pequeña sala de cine. Pero sus asientos movidos por cuatro gatos hidráulicos propician al espectador la sensación de avanzar a gran velocidad con una moto, saltar, frenar, girar bruscamente... Todo ello sincronizado con un cortometraje de animación que está ambientado en un futuro posapocalíptico en el que un hombre, el único superviviente tras el ataque de naves espaciales, huye a bordo de su moto de un poderoso ejército robótico. Una trepidante aventura en la que el espectador acaba baldado.

Y las estrellas son... los niños

Dicen las estadísticas que el 69 por ciento de los visitantes de Futuroscope viene con niños. Es evidente que este parque tiene un perfil marcadamente familiar, con atractivos que están pensados para todas las edades y públicos. No obstante, los más pequeños tienen un rincón en el que disfrutar con atracciones específicamente diseñadas para ellos. Se trata de El mundo de los niños. Esta zona agrupa numerosas atracciones al aire libre, como ¡Misión refrescante!, Semillas de pilotos, Los ases del cielo... Este año se ha inaugurado Canopée, un espacio de 500 metros cuadrados que forma una pasarela de redes suspendidas en los árboles. Los visitantes pueden hacer volteretas, correr, pasear o simplemente descansar en este mundo elevado en el que la realidad se ve desde otra perspectiva. Por cierto, al hablar de niños conviene tener en cuenta que la entrada en Futuroscope es gratuita para los infantes hasta 4 años de edad. Y los menores de 16 años pueden beneficiarse de una tarifa recudida de 29 euros por un día completo de visita. El precio de la entrada de adulto es de 39 euros.

Excursión a la "Venecia verde"

A menos de cien kilómetros de Futuroscope se encuentra la reserva natural de Marais Poitevin, una zona de marismas en la que se mezcla el agua dulce del río Sèvre y la salada del Atlántico. Sus cientos de canales se extienden alrededor de cien mil hectáreas de exuberante naturaleza que reciben el nombre coloquial de Venecia verde. Uno de los atractivos turísticos más habituales es navegar por sus canales a bordo de una barcaza. En los recorridos guiados, los remeros locales suelen demostrar la riqueza de estas aguas con un truco que logra que los más pequeños abran la boca de admiración. Al remover el fondo, el gas creado por la descomposición de los vegetales sube a la superficie. En ese instante, al encender un mechero junto al agua, ésta prende, convirtiéndose en una especie de queimada sin meigas. En caso de que el viajero sea un hombre de secano, existen 800 kilómetros de ruta por el Marais Poitevin para recorrer a pie o en bici. Uno de los alicientes de la zona es el avistamiento de aves, que acuden en masa a alimentarse de moluscos y camarones. La nutria también es habitual de las marismas, pero disfrutar de sus ágiles movimientos tan solo estará al alcance de algunos privilegiados. www.parc-marais-poitevin.fr