Formentera, un sueño hecho realidad

El paraíso que sueñas existe, Y está mucho más cerca de lo que imaginas. Aguas transparentes, rutas verdes, románticas puestas de sol sobre acantilados... Un isla mediterránea bella y salvaje en la que perderse para reencontrarse.

Viajar.es para Formentera
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Foto: D.R.

Formentera hace honor a su justo apelativo: ‘El último paraíso del Mediterráneo’. Apenas 83,2 km2 de superficie... pero que dan mucho de sí. Una isla pequeña en dimensiones pero grande -¡inmensa!- en experiencias sensoriales. Tranquila de espíritu, por la paz que destila... pero salvaje de cuerpo, por su agreste escenografía natural. El yin y el yang unidos en mágica fusión. Una isla que, en pleno siglo XXI, apuesta por un crecimiento sostenible para no alterar su más pura y virginal esencia. 

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Sus escasos 20 kilómetros de oeste a este –de La Savina al  faro de la Mola–, la convierten en muy asequible, tanto a pie como en bicicleta. Y la mejor manera de descubrir su interior es a través de sus 130 kilómetros de rutas verdes repartidos en 32 itinerarios en los que perderse... para reencontrarse con uno mismo. Otra ruta que cautivará a los amantes del turismo al aire libre es la ‘birding’, el Camí des Brolls; una senda de 4,3 kms que recorre el perímetro del Estany Pudent, uno de los humedales con mayor valor biológico del Parc Natural de ses Salines. Allí, ocho paneles informan sobre el valor natural del área y las más de 200 especies de aves migratorias censadas; y una pantalla de observación permite admirar muchas de ellas. Con calma, en respetuoso silencio.

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Playas para enamorarse

Pero, sin lugar a dudas, el más potente imán de Formentera son sus playas y calas. Las hay para todos los gustos en sus 69 kilómetros de litoral; unas de arena blanca y otras rocosas. Destaca por encima del resto Ses Illetes, al noroeste, siempre entre las mejores del mundo. Casi en paralelo a ella está la playa de Llevant, mirando al este y, como antesala suya, Cavall d’en Borras, a poniente, mucho más tranquila y salvaje. Al norte, las playas de Es Pujols (primera playa sin humos) y Ses Canyes tienen continuidad con Sa Roqueta. En la zona litoral de tramuntana, Ses Platgetes, próxima al pueblo de Es Caló. Al oeste, Cala Saona, agazapada entre acantilados bajos. Y al sur, el mayor arenal de la isla: Migjorn, 5 kms de playas y calas paradisíacas intercaladas con zonas rososas.

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La menor de las Pitiusas tiene tan solo seis pueblos, de características distintas pero complementarias. La Savina, al noroeste, es su puerta de entrada marítima y sede administrativa. Destaca en ella sus dársenas deportivas, refugio de las embarcaciones particulares y de alquiler, para disfrutar de un día de navegación por la isla. Es Pujols, en la costa norte, concentra la mayor oferta hotelera y de ocio nocturno. Es Caló, en la costa de tramuntana, conserva su esencia de poblado de pescadores. El Pilar de la Mola, en el extremo este y zona más elevada de la isla, destila pura bohemia; y su mercadillo artesanal (los miércoles y domingos tarde, de mayo a octubre) es una de las citas indispensables; un mercado donde los propios artesanos exponen sus manufacturas, ambientado con música en vivo. Ya en el interior, Sant Ferran es un coqueto cruce de caminos que en los años setenta dio cobijo a bohemios y hippies, y que de mayo a octubre ofrece todas las noches un mercado artístico y artesanal. Por último, Sant Francesc, la capital, atesora un pequeño conjunto histórico en el que destaca la plaza de la iglesia, un curioso templo religioso con apariencia de fortaleza, el Fossar Vell y la Capilla de sa Tanta Vella, que data del siglo XIII.

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Los más activos deportivamente pueden dar rienda suelta a sus inquietudes terrestres al aire libre con la Ruta Running, señalizada desde la zona de Levante y rodeando el Estany Pudent. Y los amantes de la cultura hallarán en las Rutas Patrimoniales la manera de descubrir 14 interesantes elementos de esta isla; como el sepulcro megalítico de Ca Na Costa, el yacimiento arqueológico más antiguo de las Islas Baleares, del año 2.000 a.C, que certifica la primera presencia humana en la isla en Edad de Bronce. Aunque sus huellas arqueológicas llevan a otros yacimientos, como Cap de Barbaria I, II y III (1600 y 1000 a.C.) o Can Blai, restos de una construcción fortificada romana (siglos III y IV d.C). 

La isla está protegida por cinco torres de vigilancia o de defensa: Punta Prima (al norte, junto a Es Pujols), Garroveret (al sur, junto al cabo de Barbaria), Sa Gavina (al oeste, sobre Cala Saona), Pi des Català (en el centro, controlando la playa de Migjorn y única que puede visitarse en su interior) y la Torre de la Guardiola, en el islote de Espalmador, que fue la primera en construirse.

 Otros de los espectáculos naturales que atesora Formentera son sus amaneceres y atardeceres de ensueño. Madrugar en la pequeña Pitiusa tiene premio: ver cómo el sol irrumpe por arte de magia desde el horizonte mediterráneo en el faro de la Mola, al extremo más oriental. Es la zona más elevada de la isla... aunque apenas sean 192 metros sobre el nivel del mar. Un lugar mágico que inspiró una de las mejores novelas de Julio Verne, ‘Hector Servadac (1877), como certifica una placa en honor al célebre escritor francés, maestro de la literatura de aventuras. 

Para enamorarnos con los románticos atardeceres deberemos desplazarnos al otro lado de la isla, al oeste. Tanto cala Saona como, sobre todo, Cap de Barbaria, con sus vertiginosos acantilados junto al faro del mismo nombre, son lugares perfectos para despedir el día viendo cómo el sol vuelve a acunarse parsimoniosamente en el horizonte del Mare Nostrum hasta desaparecer, dejando el cielo teñido de su rojiza estela. 

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Y como guinda, nada mejor que saborear su cocina tradicional con productos de proximidad y con platos típicos como el frit de polp, sofrit de pagès, calamars a la bruta, bullit de peix, peix sec... maridados con los tentadores los vinos de sus dos únicas bodegas: Cap de Barbaria y Terramoll. La guía Formentera Slow Food permite al visitante rastrear los productos de la huerta, bodegas, pescaderías, carnicerías con carne de ganado de la isla e incluso sus dos productores de aceite de oliva virgen extra. Todo muy natural, como la propia isla. Y para saborearlo tranquilamente. ¡Take it easy! El paraíso que sueñas existe, ¡sí!... y Formentera es la mejor prueba. Un sueño hecho realidad.  

Más información: www.formentera.es