En los dominios del leopardo

Las oportunidades de ver fauna en las reservas naturales de África son abrumadoras. Hacerlo en Kenia, a través del Parque Nacional de Samburu, es enfrentarse a un panorama abierto salpicado de acacias que emergen entre los sonidos desconocidos y los olores de la aridez de la sabana africana. Pero, sobre todo, es recorrer el mejor lugar del mundo para sentir la tensión y estado de alerta ante el posible encuentro con un leopardo. Este predador eminentemente nocturno, de hábitos solitarios y discretos, encuentra aquí, en Samburu, el entorno perfecto para nacer, cazar y reproducirse.

Mar Ramírez
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Foto: Juan Carlos Muñoz

Un safari en África es uno de los anhelos de cualquier amante de la vida salvaje. Ahora bien, si se pretende sentir el rugido de uno de los grandes felinos más fascinantes de la naturaleza, el leopardo, que es a su vez el más exitoso en territorio africano, hay que enfrentarse a las posibilidades de hallarlo por gran parte del continente debido a su gran versatilidad para adaptarse a los diversos hábitats.

Como está limitado por la disponibilidad de alimento y la accesibilidad de lugares donde refugiarse, esto hace que se distribuya ampliamente por todo el continente, desde las sabanas boscosas de Sudáfrica al achicharrante desierto del Kalahari, desde las encharcadas márgenes del delta del Okavango en Botsuana hasta los bosques tropicales del África Central.

Escondite seguro

Los paisajes de llanura de Kenia y algunas de sus más valiosas áreas protegidas, como el Parque Nacional de Samburu, con sus paisajes de sabana de amplio panorama ofrecen un alcance visual extenso y sin obstáculos geográficos o de vegetación para localizarlo. Además, en este parque situado a unos 350 kilómetros al norte de Nairobi el leopardo puede encontrar una abundante y variada dieta, que abarca desde pequeños y medianos antílopes, roedores, reptiles e incluso mamíferos predadores de menor talla que la suya. A su vez las colinas rocosas que salpican el paisaje de Samburu ofrecen un escondite seguro en el que pasar desapercibido o donde sacar adelante a sus cachorros del año con la confianza de sentirse en una posición bien escondida. Por último, el aliento de vida que el río Ewaso Ng''iro, el principal curso fluvial que atraviesa el parque, ofrece a la fauna del área se perfila a su vez como territorio de caza excepcional para el leopardo ya que es frecuentado por todos los animales de la sabana en algún momento, cuando inevitablemente necesitan beber. Por todo ello se destaca como el mejor lugar del mundo para vivir una experiencia de primera mano ante la escalofriante mirada de ojos ambarinos de un leopardo.

Aunque de hábitos solitarios y discretos, además de predador nocturno, este felino, de cuerpo compacto recubierto de pelaje amarillento salpicado de motas oscuras, que recuerda al del esbelto guepardo, es fácilmente atisbable a la luz del día ya que también se atreve a cazar si se encuentra confiado en el territorio donde se mueve. Y aunque no tiene muchos predadores -algún león o un par de hienas-, su mayor temor se percibe ante la presencia humana. Un enemigo atávico ante el que se muestra extremadamente esquivo, principal razón por la que será una tarea ardua descubrirle, tanto más en plena acción predadora.

Mejor desde las alturas

Más probable y, sobre todo, fruto de un golpe de suerte será hallarlo descansando en algún tronco de las acacias dispersas por el parque. Aunque siempre permanece con sus orejas atentas a cualquier sonido extraño que se produzca en sus proximidades ya que se mantiene activo tanto por el día como en la noche. Ningún animal se atreve a atacarlo cuando descansa sobre un árbol, atalaya que le da además una posición privilegiada para vigilar su entorno. Sus potentes mandíbulas y tremenda fuerza muscular le permiten arrastrar a sus presas hasta las zonas más elevadas del árbol. Con ello evita que cualquier otro competidor pueda robarle su captura y así poder deleitarse en engullirla sin apresurarse. Si esta escena se divisa en las proximidades del río, cuando, tras las estaciones de lluvias -noviembre y marzo- se convierte en una verídica imagen del paraíso, producirá la certeza de estar contemplando una escena del principio de la vida en la Tierra.

En busca de la actividad diurna de este bello durmiente de escalofriante mirada, recorrer el Parque Nacional hará sencillo acercarse a los poblados de la tribu seminómada de los samburu, de los que toma su denominación el espacio protegido. También serán horas de atisbar en los trayectos algunos singulares habitantes del parque, como el gerenuk o antílope jirafa, fácilmente identificable por sus grandes orejas y su largo cuello, y ante el que deleitarse por ser un herbívoro difícilmente observable en otros lugares de África. Se pondrá fácilmente al alcance visual la amenazada de extincióncebra de Grévy, la más grande de todas las cebras, o, con más suerte, un atento guepardo, quizás antílopes tan hermosos como el kudu o tal vez una perezosa familia de leones. Las grandes manadas de elefantes o los órices, probablemente los más elegantes antílopes de la fauna africana, también ofrecerán una experiencia inolvidable.

De caza al atardecer

Pero nada más intenso que sentir el corazón dispararse al oír la llamada de alerta de una manada de kudus rompiendo con su urgencia el silencio que domina la aridez de la sabana. Y allí, de pronto, sobre la peculiar estructura terrosa de un termitero, con su aspecto de arquitectura vanguardista, ver surgir la silueta de una hembra de leopardo. Con su bello pelaje resaltado en dorado, por las luces de la tarde, contra el azul del cielo mientras otea su territorio. El aire se espesa con la tensión animal, la vida en la sabana parece detenerse, todos los animales están atentos y parecen inmovilizados ante la mirada hambrienta que un nuevo atardecer ha activado en este impresionante felino.

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