El patrimonio natural de Serengeti

Los viajeros que llegan ahora al Serengeti escuchan una canción que cantan cientos de niños de las escuelas tanzanas que visitan los parques nacionales. Es un empeño del gobierno, que quiere que los niños también disfruten de los parques como los turistas y valoren el patrimonio natural del país. La canción dice, en kiswahili, el idioma de Tanzania: "Mbuga za wanyama Tanzania. Ya kwanza ni Serengeti ¡Ngorongoro! ¡Manyara! ¡na Mikumi! Tanzania: Oh, yeee". Significa: "Lugares salvajes de los animales de Tanzania. Para comenzar, el Serengeti. ¡Y Ngorongoro! ¡Manyara! ¡Y Mikumi! Tanzania: Oh yeee".

Julio Teigell

El Serengeti es uno de los mayores santuarios de fauna salvaje del planeta con sus casi 15.000 kilómetros cuadrados de extensión. Declarado Parque Nacional en 1951, su nombre original, en el idioma masai, es "siringet", que significa "llanura sin fin". Sus paisajes responden a la imagen mítica de África: grandes espacios, cielos de un azul profundo salpicados de nubes, de amaneceres frescos y atardeceres de fuego; y, de noche, un despliegue único de estrellas. El Serengeti está situado en una alta meseta que se extiende de este a oeste desde las alturas del extinto volcán Ngorongoro hasta el Lago Victoria y que continúa hacia el norte hasta unirse con la reserva keniata de Masai Mara. Su característica más sobresaliente es la gran concentración de herbívoros en sus llanuras y sus movimientos migratorios anuales: centenares de miles de ñus, cebras, gacelas y otros antílopes que se mueven hacia el norte y hacia el oeste en busca de pastos frescos pasan la estación seca en el Masai Mara y luego regresan al sur del Serengeti, donde nacerán sus crías. Un circuito de casi 800 kilómetros de extensión para una de las mayores manifestaciones de vida del planeta.

El ñu ("nyumbu", en kiswahili) es el ungulado dominante en el ecosistema de Serengeti. Hace años su población se estimaba en un millón y medio de individuos, pero la buena noticia es que ha crecido: ahora la población de ñus se estima en dos millones y medio de ejemplares. La población de cebras también ha aumentado: de medio millón a cerca de millón y medio. Igual sucede con otros antílopes (topis, kongoni) y con las gacelas de Thomson y de Grant, que quizá hayan doblado en pocos años sus cifras. El espectáculo ahora, en el sur del Serengeti, es impresionante.

Como cada año al final de la época de lluvias, entre abril y mayo, más de un millón de cebras y ñus se congregan en las llanuras centrales del parque e inician su espectacular migración hacia las riberas del Lago Victoria, al oeste, y hacia Masai Mara, al norte. En ambos lugares hay pastos frescos en la estación seca, de julio a noviembre, por lo que la migración suele detenerse allí. Pero todo depende de las lluvias. En 2005 y 2007 hubo intensas lluvias durante la estación seca al norte del Serengeti y la gran migración no cruzó al Masai Mara. Los cambios en la migración no afectaron al ejército de predadores que sigue la manada -leones, hienas y buitres, sobre todo-, pero sí causaron un grave problema a los cocodrilos. En los ríos Grumeti, al oeste del Serengeti, y Mara, al norte, viven los cocodrilos más grandes de África, monstruos de casi seis metros de longitud y más de 500 kilos de peso que esperan el cruce de las grandes manadas de ñus para saciar con una sola presa su hambre de todo un año. La abundancia de lluvias les creó un importante problema.

El acceso a Serengeti desde Ngorongoro nos lleva por una vasta sucesión de llanuras herbáceas hasta llegar al Valle de Seronera, situado en el mismo centro del parque, cuya sabana, surcada de cursos de agua y poblada de acacias, es el hábitat ideal para leones y leopardos. El guepardo también es fácil de observar en la zona de Seronera y en otras zonas del parque donde encuentra abundancia de presas entre las innumerables gacelas que pastan continuamente en las llanuras.

Hacia el norte el paisaje se hace más ondulado y la llanura abierta es sustituida por el bosque claro. Es el reino de las jirafas maasai -la especie más común en el este de África-, los impalas, que saborean los brotes de las acacias, y los elefantes, que devoran numerosas especies de árboles. Otra magnífica noticia: la población de elefantes del Serengeti también ha aumentado. Hace unos años se calculaba en unos 700 ejemplares; ahora se cree que hay unos 2.500 y la cifra sigue aumentando.

Hacia el oeste del Serengeti se extienden las "llanuras de algodón negro": Musabi, Ndabaka y Handajega, zonas difíciles de atravesar durante la estación de lluvias porque se embarran. Ahí está el río Grumeti, con sus cocodrilos gigantes. La ribera del Grumeti es, también, un paraíso para las aves. En general, el Serengeti es un gran hogar para infinidad de aves, desde las enormes avestruces hasta los diminutos nectarínidos, pasando por toda una fantástica colección de vida emplumada: águilas, buitres, estorninos, tejedores, carracas... Más de 500 especies registradas, que pueden hacer las delicias de cualquier aficionado a la ornitología.

Otra singularidad del Parque Nacional de Serengeti son los kopjes. Los kopjes (palabra de origen holandés) son auténticas islas de rocas en un mar de hierba formadas por viejas afloraciones graníticas rodeadas por la erosión y que poseen una ecología propia en cuanto a vegetación y fauna: damanes de las rocas, mangostas, papiones, dik-diks, antílopes saltarrocas, y en el vértice de la pirámide alimenticia, el águila de Verreaux y leones, leopardos y guepardos, a los que les gusta descansar en la zona alta de las rocas. Los kopjes afloran también en numerosas áreas del oeste del parque, especialmente al suroeste. Cerca de la zona conocida como Moru Kopjes se pueden observar ahora rinocerontes negros, una especie disminuida en todo el continente africano por la caza furtiva y que en esta zona se encuentra muy bien protegida por los vigilantes del parque.

La prohibición en todo el planeta del tráfico del cuerno de rinoceronte ha aliviado considerablemente la presión sobre esta especie y está salvando su existencia, tal y como sucedió con los elefantes cuando se eliminó el tráfico de marfil, a finales de los 80, a instancias del doctor Richard Leakey, descendiente de los famosos antropólogos y uno de los mayores defensores de la fauna en África. Gracias a leyes como éstas, al cuidado de todos y a la sensibilidad de muchos viajeros, podemos presumir del crecimiento de la fauna en uno de los lugares más increíbles de la Tierra. "Karibuni" (bienvenidos) al Serengeti, la vida sin fin.