"El Hombre y la Tierra" en el Barranco del Río Dulce

A hora y media de Madrid se encuentran Pelegrina y el Parque Natural del Río Dulce, uno de los lugares favoritos de Félix Rodríguez de la Fuente para filmar miles de tomas de "El Hombre y la Tierra". Contemplar el horizonte desde el mirador, construido por suscripción popular en homenaje al precursor del ecologismo, nos transporta a la naturaleza más salvaje, donde las águilas imperiales y los lobos son los protagonistas.

Irene González
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Foto: Irene González

En la provincia de Guadalajara, a escasos seis kilómetros de la célebre localidad de Sigüenza, se ubica Pelegrina, un pequeñísimo pueblo donde hay censados 17 habitantes, de los que solo residen 14 almas. Antes de llegar por la carretera de Sigüenza a la pequeña villa, unos kilómetros previos al desvío, se encuentra el imponente mirador erigido, con gran cariño por los habitantes de la zona, en memoria del doctor Rodríguez de la Fuente y sus colaboradores. Al bajar las escaleras que conducen al balcón, el Barranco del Río Dulce se abre espectacular sobre un cielo colmado de águilas imperiales y perdiceras, buitres, halcones peregrinos y alimoches. Como suspendidas en el cielo, sobrevuelan majestuosas las rocas del barranco donde construyen sus nidos.

Residencia episcopal

De frente, el cañón muestra las paredes verticales que se han formado a lo largo de los siglos por la erosión del río Dulce, unos cortados impresionantes con frondosa vegetación a sus pies. Al fondo a la derecha se puede observar la increíble cascada del Gollorio, que fluye con tanta fuerza que forma un enorme manto blanco. Tras disfrutar del sensacional paisaje que regala el mirador, continuamos unos kilómetros hasta el desvío de la izquierda, que nos lleva directamente hasta Pelegrina. Pero antes de llegar nos detenernos de nuevo un instante para deleitarnos ante la estampa que nos ofrece un pueblo que, coronado por el castillo, cae sobre una loma.

Antes de comenzar la ruta merece la pena dar un paseo por las estrechas y empinadas calles de los dos barrios del pueblo, el del Sol en la ladera sur, que mira hacia la garganta del río, y el del Frío, orientado hacia el valle. Subimos por la calle principal hasta llegar al castillo de Pelegrina, que, ubicado sobre un peñón del que ocupa toda la superficie, ofrece unas vistas magníficas del pueblo y del acantilado que forma la hoz del río Dulce.

Esta situación estratégica contrasta con su mal estado de conservación. Al parecer, la fortificación se construyó en el siglo XII, sobre una fortaleza musulmana, para uso del Obispado de Sigüenza, que lo disfrutó varios siglos hasta que a mediados del siglo XIV dejó de ser residencia de los nuncios.

Tras muchas contiendas, conquistas y reconquistas, la peor fue la que sufrió en la Guerra de la Independencia, cuando las tropas de Napoleón, antes de retirarse, prácticamente lo arrasaron. Parece ser que a finales del siglo pasado el castillo se subastó y ahora es de propiedad privada.

La perfecta iglesia románica

Al descender del castillo es obligatoria una parada en la iglesia románica dedicada a la Santísima Trinidad. Del siglo XII, el templo de Pelegrina, que conserva una bella portada de medio punto, está considerado como una iglesia románica rural perfecta.

El Parque Natural del Barranco del Río Dulce tiene una extensión de casi 8.400 hectáreas, que abarcan parte de los términos municipales de Sigüenza, Mandayona, Saúca, Torremocha del Campo, Algora y Mirabueno, aunque la zona más atractiva para recorrer el barranco sale de Pelegrina.

Las hoces del río Dulce es una de las áreas más bonitas del cañón, pues transcurren entre impresionantes barrancos y precipicios que dibujan una ciudad encantada si se observan desde abajo, siguiendo el cauce del río. Aunque también hay que subir a las rocas para disfrutar el cañón en toda su plenitud.

Comenzamos esta ruta circular desde el aparcamiento que se encuentra junto al restaurante El Paraíso. A la derecha sale una calle por la que descendemos, para enseguida girar a la izquierda y comenzar la empinada bajada hacia el barranco. La primera parte está cementada, pero pronto enlaza con una pista de tierra.

El camino es abierto y su belleza deslumbra con el río Dulce a nuestra derecha y las enormes paredes de roca a la izquierda. La ribera del Dulce está cuajada de chopos, álamos y fresnos, y sus aguas, ricas en truchas de las que dan buena cuenta las nutrias, descienden con mucha fuerza.

Tras las huellas de Félix

Recorremos por este magnífico entorno más de dos kilómetros para encontrar, casi soldada en la roca, una pequeña casa que pertenece a la Sociedad de Montes y Baldíos de Pelegrina. Esta pequeña construcción ha quedado como otro homenaje al doctor Rodríguez de la Fuente porque allí se guardaba el material de rodaje de la serie Fauna Ibérica de El Hombre y la Tierra durante los seis años que el equipo estuvo investigando en la zona.

Esta tierra fascinante fue el escenario de episodios históricos de los precursores reportajes sobre ecología, naturaleza y fauna con el lobo como protagonista. Cuenta la historia que una de las pasiones de Rodríguez de la Fuente era el estudio de los lobos desde que a mediados de los años 60 crió a dos lobeznos a los que salvó de morir apaleados en un pueblo. Todo lo que aprendió de sus cachorros lo puso en práctica con varias manadas de lobos que vivían en los montes aledaños al Barranco del Río Dulce.

Seguimos la senda, y el camino se estrecha hasta casi desaparecer entre los árboles y la vegetación. En este tramo hay que tener un especial cuidado con las ramas -ya que no resulta difícil que nos golpeen en la cara según avanzamos- y con las zarzas. Continuando por el sendero, hay que girar a la derecha y descender por una curiosa escalera natural formada por troncos. Un poco más adelante pasamos por una hilera de enormes piedras que hacen la función de puente, aunque solo se podrá superar si el río no lleva demasiado caudal.

La cascada del Gollorío

Antes de rebasar la pasarela de piedra para cruzar el río Dulce nos desviamos un momento a la izquierda, pues nos ha llamado la atención un cartel que señala el acceso a la Cascada del Gollorío. El letrero indica que el acceso al Gollorío por esa zona resulta peligroso, que no está habilitado por el parque para su uso... y comprobamos que realmente la advertencia es de lo más cierta. La subida es complicada, con una pendiente muy pronunciada que casi es necesario superar escalando. Un poco más arriba se estrecha tanto que se tiene que avanzar agarrados a la cadena que hay anclada a la roca.

Este tramo no es apto si se padece de vértigo, porque no tiene más de 30 centímetros de ancho y una caída considerable. Al fondo se ve correr, entre inmensos bloques de piedra, el manantial del Gollorío, un panorama algo temerario pero espectacular. Volvemos tras nuestros pasos y sorteamos el río Dulce por la hilera de piedras, para dirigirnos de nuevo a Pelegrina. La senda de regreso por la otra orilla es mucho más abrupta, con abundante vegetación en el margen del río donde se abren zonas algo más amplias que invitan a hacer un alto y contemplar el caudal del Dulce. Este sendero es de una belleza espectacular. La vegetación de ribera es muy densa, con fresnos, arces, sauces blancos, cerezos silvestres, nogales, chopos y abundantes zarzamoras. Aquí es relativamente fácil otear buitres leonados volando majestuosos, y ruidosas chovas piquirrojas planeando junto a las elevadas paredes de roca caliza. Nuestra ruta circular alcanzaría su fin al llegar a la derecha del camino, hasta el puente construido con traviesas de ferrocarril.

Frente al mirador

Pero antes de cruzar el puente a nuestra derecha, para retornar camino a Pelegrina, cogemos la pista que sale a nuestra izquierda con un vértice muy cerrado. Nuestro objetivo es observar el barranco del Dulce desde las alturas.

Así que ascendemos por una senda muy empinada para llegar a un páramo donde, de frente, se divisa el mirador en homenaje a Rodríguez de la Fuente. Es el mismo escenario que el precursor del ecologismo utilizó para rodar las míticas escenas donde un águila imperial sobrevuela una cabra montés para, a continuación, atraparla con sus afiladas garras y alzar el vuelo con ella sobre estas magníficas hoces alcarreñas. También es fácil recordar las escenas de manadas de lobos recorriendo los peñascos y rocas de este magnífico espacio natural.

Los más de dos kilómetros de subida merecen la pena para observar este paisaje inigualable. La vuelta es cómoda, sobre nuestros pasos, y tomamos la amplia bajada hasta llegar a la bifurcación de la derecha, donde cruzamos el puente de madera y tomamos la pista que nos lleva de vuelta a Pelegrina.

Ficha técnica

Inicio: Desde el aparcamiento junto al restaurante El Paraíso, coger la calle que sale a la derecha y, a continuación, bajar por la calle de la izquierda.

Dificultad: Media, aunque subir la pared hacia la Cascada del Gollorío reviste una cierta dificultad.

Desnivel: 1.000 metros en la subida.

Distancia: Seis kilómetros.

Duración: Dependiendo del ritmo, algo más de tres horas.

Época: Se puede realizar durante todo el año, excepto con las crecidas del río, ya que es imposible cruzar el puente de piedra.

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