El barrio de Dalt Vila de Ibiza está de moda

El casco antiguo de Ibiza presume de ciudadela, una de las más hermosas del Mediterráneo, declarada Patrimonio de la Humanidad. Pero también de un animado ambiente estival que mantiene entretenido al viajero hasta la madrugada.

Nuria Cortés

El mes de agosto le favorece al conjunto de callejuelas que serpentean colina arriba en dirección a la catedral de Ibiza. Sobre todo a partir del atardecer, momento en que el bullicio asoma en torno a los comercios y restaurantes. Sin embargo, si se quiere visitar el Museo de Arte Contemporáneo (Ronda Narcis Putget, s/n; mace.eivissa.es), habrá que ir antes del final de la tarde. Hasta el 15 de agosto se exhibe la interesante muestra La luz de la noche, una exposición dedicada al artista Joan Miró que engloba 25 pinturas, 14 esculturas y un tapiz. También tiene interés la muestra que hasta finales de octubre se expone en el Museo Puget (Carrer Major, 18), un valioso conjunto de fotografías firmadas por el alemán Heinz Vontin que desvela la Ibiza de los años 50. Museos aparte, en Dalt Vila el ambiente se concentra en el espacio comprendido entre la calle Sa Carrosa y la plaza del Sol. En esta última se encuentra S''Escalinata, un local fresco y distendido que este año ha cambiado de manos y en el que se puede disfrutar de cócteles, ensaladas, tablas de embutido y otros platitos. Un poco más allá se encuentra La Oliva (Santa Creu, 2), un histórico cuya excelente cocina francesa nunca decepciona. Entre sus platos estrella destaca el hojaldre de queso de cabra caliente con tomillo y miel.

Pero no todo son restaurantes intramuros. En Santa Creu y en la plaza de Vila hay en torno a una docena de tiendas de moda y complementos, la mayoría fieles a su cita veraniega, aunque cada temporada hay novedades, como Carmina i (plaza de Vila, 7), con preciosos vestidos de seda y camisas de inspiración mejicana, o La Cerverana (plaza de la Vila, 23), con un amplio surtido de alpargatas para todas las ocasiones. A los pies de Dalt Vila se extiende el animado barrio de La Marina, repleto de comercios, restaurantes y locales de copas. Una dirección que no pasa de moda a pesar de los años es la centenaria Sombrerería Bonet (Calle Comte de Rosselló, 6), el mejor lugar de la isla para vestir la cabeza con un panamá o un borsalino. Si se busca moda ad lib, hay que acercarse a Ad Libitum (c/ Bisbe Cardona, 109), que, además de ofrecer su propia colección, cuenta con diseños de reconocidas firmas, como Charo Ruiz. Para un souvenir gastronómico, en la coqueta tienda degustación Taste''m (c/ D''enmig, 25) se pueden comprar productos de la tierra, como ensaimadas, flaós, quesos, vinos, sobrasadas, cocas y licor de hierbas.

La plaza del Parque, situada a los pies de la muralla, sigue siendo uno de los rincones más animados y agradables de la capital ibicenca. El café bar Pura Vida (Plaza del Parque, 7) es uno de los favoritos de los lugareños para disfrutar de un cóctel por la noche.

Una copa con vistas a Dalt Vila

A pocos metros del Mercado Viejo y la Porta de Ses Taules, la entrada principal al recinto amurallado, se localiza el Tira Pallá (Santa Lucía, 8), un bar desenfadado famoso por su azotea, que ofrece una de las mejores panorámicas sobre Dalt Vila. La terraza del Bar 1805 (Racó de Santa Lucía, 7), a escasos metros, también cuenta con una buena vista, además de cócteles como el Green Beast, que lleva absenta, lima fresca, sirope de azúcar, agua y pepino.