Egipto desde el agua

Las costas egipcias son en el lugar idóneo para disfrutar del submarinismo.

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Foto: vlad61 / ISTOCK

Egipto es un país donde gobierna el calor, el desierto y la sequía. Aquí es complicado ver llover durante cualquiera de los 12 meses del año, y las temperaturas máximas anuales rondan los 30 o 40 grados durante los meses más cálidos. Las costas egipcias cada vez reciben más visitantes, amantes de los deportes acuáticos que escogen el litoral del país para practicar actividades como el submarinismo.

En el mar Rojo se concentran los mejores lugares en los que poner en práctica los deportes de agua. Sitios como Hurghada, Sharm El-Sheik, Marsa Alam, El Gouna o Taba son destinos perfectos para el submarinista, pues la vida marina que se origina en sus arrecifes es inmensa y rica en variedad de especies. Además, no importa si uno es principiante o veterano: existen escuelas homologadas por la Cámara de Submarinismo y Deportes Acuáticos que cuentan con cursos adaptados a todos los niveles.

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La cantidad de metros de inmersión dependerá del nivel y capacidades del viajero, que contará además con la ayuda de monitores internacionales que le explicarán y enseñarán cómo funcionan los ecosistemas marinos y cuál es la mejor forma de descubrirlos. Por suerte aquí, en el mar Rojo, no es necesario bucear a grandes profundidades para poder observar de cerca los arrecifes, las especies animales y la flora marina.

Al sur del Sinaí, por ejemplo, se encuentra una de las zonas mundialmente conocidas por los aficionados a los deportes acuáticos: Ras Mohammed. Este Parque Nacional es perfecto para los buceadores noveles porque sus arrecifes milenarios emergen del océano dejándose ver sin necesidad de sumergirse. No obstante, se recomienda hacerlo, pues los maravillosos paisajes que se esconden bajo el agua merecen una o varias inmersiones.

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Egipto, en definitiva, va mucho más allá del Nilo, El Cairo y las Pirámides de Giza.  El buceo en este país no es una moda reciente, ya en los años 50 del siglo pasado reconocidos submarinistas como Hans Hass o Jacques Cousteau exploraron las profundidades del mar Rojo en busca de nuevas especies animales y vegetales.