Durmiendo entre tiburones en Valencia

Y entonces los ves cara a cara. A dos palmos de tus narices. Y resulta imposible cerrar los ojos. De pronto te das cuenta de que lo más inquietante es que resulta incluso relajante. Paradojas de la vida. Ellos y  tú. Frente a frente. Se apagan las luces. Hoy dormimos entre tiburones. Estamos en el Oceanografic de Valencia.

Yolanda
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Foto: Oceanografic de Valencia

A solas en la oscuridad de la noche

Antonio Ficai

Son las 8 de la tarde. El Oceanografic cierra sus puertas. La vida sigue ahí dentro. Entre tiburones. Hay una puerta que no se cierra. La noche promete. ¿Preparados? Eso es lo emocionante de esta aventura, que nunca está una lo suficientemente preparada.  Los nervios afloran. Porque es una experiencia única. Porque nunca hemos vivido nada igual. Y porque vamos a dormir con el animal más temido de los mares. Y eso, aunque no quede muy bien reconocerlo, siempre impone. Así que para no pensarlo mucho, hacemos recuento por enésima vez. Y sí, llevamos el saco y la linterna. Y ropa cómoda para dormir. Y todo lo necesario. No hay motivo para salir corriendo. 

Oceanografic de Valencia

El túnel es diferente a esta hora de la tarde. Como si tuviera otra luz. Acostumbrados a verlo siempre lleno y a observar a los tiburones entre selfies, el silencio alberga a estas criaturas y nos adentra aún más en su hábitat. Tenemos la sensación de estar en el océano Pacífico, el más grande y profundo de todos. Nunca los habíamos visto a un palmo. Nunca los habíamos sentido tan cerca. Cuesta incluso respirar. La experiencia tiene un magnetismo único. Te hace darte cuenta de la magnitud de la naturaleza. Y de la belleza de estos animales. Y piensas que tal vez les tocó ser los malos de las películas. Cuando en realidad ellos simplemente pasaban por ahí.

Desmontando el mito

Oceanografic de Valencia

Antes de ir a dormir, nos enteramos de que a los tiburones no les gusta el sabor de los seres humanos. Por  tanto, no comen personas. (Primer mito desmontado). Aunque bien es cierto que su afilada dentadura resulta perfecta. Pierden hasta 1000 dientes al año, que se reemplazan constantemente a lo largo de toda su vida. No todos los tiburones son enormes como el de la película de Spielberg. Los hay más pequeños. Algunos miden 22 centímetros. Otros sí. Miden hasta 12 metros, como el tiburón ballena. 

Oceanografic de Valencia

Y como el sueño no llega (era de esperar), seguimos acercándonos a ellos. O ellos a nosotros. Y resulta curioso, porque cuando nos hablan de los animales que pisaron la tierra hace millones de años, siempre pensamos en los dinosaurios. Los tiburones llevan más tiempo en el planeta. La friolera de 450 millones de años.  Su hábitat es ese inmenso océano, más grande que todos los continentes juntos y con una profundidad mayor que la del Everest. El mitificado triángulo de las Bermudas es su casa.

Se apagan las luces

Oceanografic de Valencia

Es la inmensidad de la noche la que nos rodea. A pocos centímetros de nuestras caras, las potentes mandíbulas del tiburón nodriza, el tiburón gris, el de puntas blancas, el pintarroja (que vive en el Mediterráneo) o el raya, nos sentimos afortunados. Muy afortunados. Y nos vienen a la cabeza esas palabras de Eugenie Clark, la Dama de los Tiburones: “Cuando ves a un tiburón bajo el agua, deberías ser consciente de la suerte que tienes de ver a este hermoso animal en su ambiente.”

Oceanografic de Valencia

Es cerca de medianoche. Tras la cena, se apagan las luces. La linterna nos permite verlos. Ante nuestros ojos y sobre nuestros cuerpos, continúan nadando. Con nocturnidad y sin alevosía. El sueño nos va venciendo bajo un techo de tiburones. Poco a poco. Lo último que vemos antes de caer rendidos es al tiburón gris pasando por encima de nuestras cabezas. Él velará por nosotros. La calma es absoluta. El silencio invade nuestras profundidades dentro del saco de dormir. Mañana será otro día. Y desde luego, nada volverá a ser igual.  Y es cuando nos alegramos (y mucho) de no haber salido corriendo hace solo unas horas.  

Oceanografic de Valencia

Amanece. (Que no es poco). Nos esperan las juguetonas morsas, las tortugas, el pingüino juanito, los delfines y las focas marinas. Recogemos el saco y les dejamos un rato a solas. En unos minutos, el parque volverá a abrir sus puertas. Atrás queda la noche.  La inmensidad del océano y esas tantas leyendas que escuchamos de niños. Ya muy lejanas. Sacamos pecho. Podemos decir que hemos dormido en el mayor acuario de Europa con más de 100 tiburones. Y eso no pasa todos los días.