Cómo disfrutar de la medieval Cuéllar y de Reconciliare

La Villa de Cuéllar (Segovia) es luminosa, huele a arte y en ella se siente la Edad Media. Entre castillos, murallas, iglesias, capillas, conventos, palacios y quince mil hectáreas de pinares se vive “Reconciliare”, la edición de 2017 de “Las Edades del Hombre”. Este incalculable tesoro, único en el mundo, describe la reconciliación a través del arte sacro. 

Irene González
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Foto: Irene Gonzalez

En la provincia de Segovia, en plena comarca natural Tierra de Pinares, a unos 154 kilómetros de Madrid, se encuentra la Villa de Cuéllar, una tierra castellana que rezuma historia por los cuatro costados. Aquí la reina María de Molina convocó las Cortes, aquí se casó Pedro I El Cruel con Juana de Castro, aquí murió la reina Leonor, se disputaron guerras fratricidas, y aquí convivieron cristianos viejos y mudéjares, los sometidos, que mantuvieron sus costumbres y sus oficios, sobre todo la albañilería. El arte que dejaron los musulmanes es la mejor representación de la Edad Media en Cuéllar. Los cristianos los contrataban porque preferían su riqueza decorativa, sus arcos y minaretes, a la sobriedad del románico. Así surgió esta riqueza arquitectónica que nació de la unión de dos culturas y que ha dado a Cuéllar el sobrenombre de Villa del Mudéjar. Visitar Cuéllar coincidiendo con Las Edades del Hombre es una delicia. El itinerario por Reconciliare, como se denomina esta edición de la sacra exposición, empieza en la iglesia de San Andrés, del siglo XIII, la única que está fuera de las murallas de la Villa. En sus tres fachadas exteriores y en sus tres ábsides desborda riqueza del mudéjar, y en su portada sur y oeste mantiene la piedra románica. Su interior muestra magníficas pinturas policromadas mudéjares. San Andrés es el punto de partida de Reconciliare, donde arranca el Antaño, el Capítulo I de la muestra, con 34 obras de arte que van desde el siglo XIV hasta el siglo XXI.

Tesoros y legados

La iglesia de San Martín, frente al castillo y ya dentro de los muros de la Villa, acoge los Capítulos II y III de Reconciliare. San Martín, construida en el siglo XII, es un bello ejemplo de recuperación del estilo mudéjar, donde se puede contemplar el trabajo de ladrillo en estado puro. Acoge 40 joyas de arte sacro de la muestra de Las Edades del Hombre. Además, alberga el Centro de Interpretación del Arte Mudéjar, una forma magnífica de entender la sociedad medieval a través de la música, la cultura, la arquitectura y la religión. La iglesia de San Esteban es el tercer escenario y alberga el Capítulo IV y último del gran tesoro de Reconciliare. Del siglo XII, era la iglesia de los hijosdalgo, y en ella se conservaba el archivo de la Cofradía de la Cruz. Posee una magnífica Capilla Mayor, y un ábside considerado como la cumbre del mudéjar. Muy interesantes los sepulcros, sobre todo el que perteneció a doña Isabel de Zuazo, donde se encontraron junto a su cuerpo momificado, y envueltos en un sudario, 47 bulas de entre 1484 y 1535, de indulgencia, y un Libro de Horas con el que doña Isabel buscaba el perdón de los pecados y amparo para su espíritu y el de su familia. Estas bulas están impresas en castellano y pueden suponer el inicio de la imprenta en nuestro país. En el exterior de San Esteban, junto a la iglesia, se muestra al aire libre una necrópolis medieval.

Castillo del Duque de Alburquerque

Uno de los castillos más bellos y mejor conservados de España. Se alza sobre una pequeña colina para proteger el enclave más antiguo de la Villa. Es llamativo porque tres de sus cuatro torreones son cilíndricos. Aunque no se sabe la fecha de su construcción, hay documentos que prueban que en el XII ya existía, y de hecho una parte de su arquitectura es mudéjar. No obstante, su estilo es gótico y, sobre todo, renacentista, de los siglos XV y XVI. Tiene un patio de columnas que sostienen una doble galería al que se abren salones decorados con artísticas techumbres, artesonados de estuco y vigas talladas. Su belleza le ha valido ser Monumento Artístico Nacional, y las vidas de sus moradores le hacen especial. Enrique IV, el hermano de Isabel la Católica, se lo cedió a su valido Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque, del que se decía era el padre biológico de la hija del rey, por lo que se la apodó La Beltraneja. En el XVI pasó a ser residencia palaciega y personajes ilustres como la reina María de Molina, Pedro I El Cruel, Enrique IV y el escritor José de Espronceda se han alojado en él. Durante la Guerra de Independencia estuvo acuartelado el duque de Wellington. Ha sido cárcel y hospital para tuberculosos, y hoy es instituto de Enseñanza Secundaria. Los más de dos mil metros de su recinto amurallado, que se pueden recorrer, son un símbolo de la Villa. Aunque su objetivo era defensivo, también servía para recaudar impuestos con el derecho de portazgo, controlar las mercancías que entraban y proteger contra el acceso de enfermedades. Se conservan siete de las once puertas que tenía la muralla.

Imagen M.A.S.

En la Plaza Mayor de Cuéllar está la Cárcel Vieja, de principios del XVI, con un patio gótico-renacentista dedicado a Isabel la Católica, y que hoy es el Ayuntamiento. Desde aquí, bajando por la calle San Pedro se llega a Las Tenerías, las mejor conservadas de Castilla y León, donde se muestran las mesas de trabajo hechas con bloques de piedra, las canalizaciones y las enormes pilas excavadas en el suelo. El curtido de pieles tuvo una época dorada entre los siglos XVII y XVIII. La riqueza arquitectónica se cuela por todos los rincones. Imprescindible el Palacio de Pedro I El Cruel, donde el monarca celebró su banquete de bodas con Juana de Castro, a la que abandonó al día siguiente de los esponsales. También hay que detenerse en la Capilla de La Magdalena, gótica del XV, que formó parte del hospital que tiene adosado.

Las bulas de Cuéllar

Desde su creación en 1988, la Fundación de Las Edades del Hombre organiza exposiciones para mostrar el arte sacro de Castilla y León, una fórmula que acerca al gran público las obras más importantes del patrimonio religioso español. Gracias a Las Edades del Hombre, el arte se saborea junto a la arquitectura, la cultura, la gastronomía y el paisaje. La Fundación invita a descubrir una parte de la región a través de sus piezas de arte sacro y, al tiempo, realizar una visita turística, cultural y gastronómica a las ciudades que acogen sus joyas. La Fundación eligió Cuéllar inspirada en las bulas halladas en la iglesia de San Esteban. Durante la restauración de las yeserías mudéjares que adornan los enterramientos existentes en el presbiterio de la iglesia se descubrieron unas bulas en la tumba de Isabel de Zuazo, señora importante de la época,  piadosa y temerosa de Dios. Las guardaba cerca de su corazón, un indicativo del deseo de, después de la muerte, ponerse ante Dios buscando de Él su reconciliación. Esta actitud inspira el relato de la XXII edición de Las Edades del Hombre, que marca el acento en la necesidad que el mundo tiene de reconciliación, Reconciliare en latín. El hilo conductor es la capacidad de perdonar, el acto de generosidad que han tenido diferentes personajes de las sagradas escrituras.

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