Directas al paladar, ¡a por setas!

Otoño es la época de las setas, es el tiempo en el que florecen estos deseados frutos de temporada. Para que crezcan, debe haber una temperatura templada, ni demasiado frío ni demasiado calor, una humedad alta, y una luz moderada. Antaño fueron apreciadas por los Césares, y hoy son amadas entre los mejores fogones del país. Con las lluvias de otoño, ir al bosque a por setas, es una escapada a lo que no te podrás resistir.

Irene González
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En otoño no existe actividad más apetecible, más entretenida, y más barata, que ir al campo a por setas. Nuestra tierra posee enorme riqueza de hongos, un aliciente añadido para los que disfrutan entre la naturaleza. La riqueza y variedad de pinares, encinares, alcornocales, pinsapares, robledales o hayedos, convierten a la península en un territorio ideal para una escapada diferente en su búsqueda.

Castilla y León, Asturias, Cataluña, Galicia, Navarra, Aragón, País Vasco y Andalucía son las zonas que poseen mayor diversidad de especies, y una gran tradición micológica. Aunque también se pueden encontrar en cualquier zona de nuestra geografía, solo hay que ir al campo de la mano de un experto y recolectar las que se hayan identificado con seguridad. Dónde crecen, su olor, el tamaño de su pie y sombrero, su color, y su himenio, son algunas de las variables que las identifican con garantías. 

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Por su aroma, sabor y textura, el boletus edulis, la seta de cardo, el popular níscalo, la senderuela, el socorrido champiñón, o la apreciada por los césares, Amanita Cesárea, son la gran tentación para una escapada otoñal. Desde Huelva y sus gurumelos, hasta Zamora y sus exclusivos boletus edulis, recorremos el paraíso de los hongos. El santuario de este manjar de reyes es Soria, la provincia con el mayor bosque de España por sus más de 100 000 hectáreas en su Tierra de Pinares.

Aquí acaba de celebrarse el IV Congreso Internacional de Micología, donde 25 cocineros con 16 estrellas Michelín, han convertido a Soria en el referente mundial de la micología. Los pinares de esta joya castellana almacenan gran cantidad, de la mejor calidad, de este preciado fruto de la tierra. Por su parte, en la Comunidad de Madrid, donde existe gran afición en salir a por setas, resulta interesante su Sociedad Micológica, porque organiza excursiones y exposiciones, en época de recogida. 

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Navarra es un gran destino para los aficionados a este manjar, donde el Sendero Micológico de Unzué es el más popular. Al igual que la asturiana Piloña, cuya gastronomía es uno de los referentes del país. Y en el zamorano Rabanales se ha creado un interesante comercio gracias al boletus edulis que nace junto a los jarales de la zona, un hecho único en toda la península.

Por su aroma, sabor, y textura son las reinas de la mesa, y una delicia para el paladar. Nada mejor que unos huevos rotos con setas, o un arroz con boletus, tras una jornada campera en su búsqueda. Salir a por setas entre masas de robledales y jarales, es una tentadora escapada de fin de semana.

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1 Navaleno. Soria

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Navaleno es uno de los santuarios de este manjar, donde el rey es el boletus. Ubicado en el corazón de la comarca soriana, y con casi 1 000 habitantes, posee un interesante Centro Micológico donde se mantiene viva la afición a lo largo de todo el año. Y en temporada, se llevan a cabo innumerables actividades relacionadas con el mundo de las setas. Su gastronomía micológica es impresionante, y es fácil encontrar guías para dar paseos por el monte en rutas señalizadas. 

2 Valle del Lozoya. Madrid

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En la Sierra madrileña se encuentran una gran variedad de setas y hongos, donde en las praderas y bosques del Valle del Lozoya, es muy fácil encontrarlos. En otoño, los aficionados al campo se preparan, por todo lo alto, para recibir la temporada de recogida de setas. Y es que, en la Comunidad, abundan los níscalos, que coexisten con los boletus pinicola, los mansarones, las setas de cardo, las senderuelas, y los hongos silvestres, muy cotizados en las cocinas madrileñas. 

3 Valle de la Ultzama. Navarra

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En los hayedos y robledales del Valle de Ultzama crecen un gran surtido de deliciosas setas y hongos. En esta tierra Navarra la recogida de boletus, trompeta de los muertos, gamuzas, y rebozuelos, está regulada por el Parque Micológico Ultzama. El valle se incluye dentro de la Red Europea de Protección Red Natura 2000, por lo que sus robledales, y la zona del alto de Belate, se encuentran protegidos por su singularidad de ecosistemas, y su biodiversidad

4 Piloña. Asturias.

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En Asturias se pueden encontrar setas comestibles casi en cualquier época del año, por ello se considera uno de los paraísos micológicos de nuestro país. La tierra del concejo de Piloña es una de las más ricas, por lo que cada temporada congrega a muchos aficionados en busca del preciado alimento. En Piloña, nada mejor que acudir a los establecimientos que participan en las Jornadas gastronómicas de las setas, donde se sirven sabrosos menús, con las setas como ingrediente principal. 

5 Rabanales. Zamora 

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La desconocida y poco visitada Zamora es otro de los paraísos para los aficionados a la recolección. Con más de 500 especies de hongos inventariadas, la provincia concentra una de las mayores producciones de setas de España. Rabanales es, con poco más de 600 habitantes, el lugar donde hay una mayor concentración de industrias que se dedican a la recolección y transformación de setas silvestres.