De viaje con una familia de héroes

Conocida como "la casa de las ideas", la editorial de cómics Marvel ha proporcionado a la industria del séptimo arte una familia de taquilleros superhéroes cuyas aventuras también los transforma en espléndidos guías turísticos. Visitamos con ellos algunos de los lugares de rodaje, convertidos en posibles destinos viajeros.

B. Iznájar

Algo curioso ocurría en algunas calles de la ciudad inglesa de Manchester en septiembre del pasado año. Desde primeras horas de la mañana, la Hilton Street y sus adyacentes aparecieron cerradas al tráfico de vehículos y de personas. A pesar de ello, las calzadas estaban repletas de coches del siglo pasado y de gente que deambulaba hablando con walkie talkies o con modernos teléfonos móviles. El bullicio se debía al rodaje de algunas escenas de Capitán América: el primer vengador (Captain America: The First Avenger, 2011), cuyo equipo de producción había transformado el antiguo casco algodonero manchesteriano de Northern Quarter en las concurridas calles neoyorquinas de 1940. Un aliciente más que añadir a un barrio que hoy representa el centro cultural de la ciudad inglesa de los canales, que conviven con otros atractivos turísticos, como la espléndida catedral gótica y su puente colgante, la universidad o el moderno Museo Imperial de la Guerra del Norte.

A poco menos de una hora en coche, su competidora Liverpool también acogió a toda la troupe técnica que acompañaba al heroico personaje de cómic. El director Joe Johnston se instaló en los emblemáticos muelles de Stanley Dock, antiguos almacenes de tabaco de 1900, declarados monumentos patrimoniales de la humanidad, que pueden visitarse mediante un agradable paseo o a bordo de un transbordador a lo largo del río Mersey. Después se dirigió al Museo de The Beatles, un auténtico parque temático de la legendaria banda del rock que atrajo el turismo a la ciudad de los Liver Birds.

Pero si existe un paisaje urbano ligado a la saga Marvel, ese es Nueva York. Los cielos de la ciudad que nunca cierra han sido surcados por Spiderman para acudir, por ejemplo, a su trabajo como fotoperiodista en el Daily Bugle. La sede de este imaginario rotativo se sitúa en el Flatiron Building, cuya planchada silueta se levanta en el número 175 de la Quinta Avenida. Quizá atraído por su estilo art decó, el piso 61 del Chrysler Building, el emblemático rascacielos levantado en 1930 con una altura de 319 metros, sirvió de pista de aterrizaje a un afligido Spiderman ante la noticia de la muerte de tío Ben.

Con los pies en tierra, el lugar en que el Hombre araña recibe el beso de la vida es el restaurante Moodance, en los alrededores del número 80 de la Sexta Avenida. Para conocerlo, los grandes fanáticos del largometraje tendrán que viajar hasta la localidad de La Barge, en Wyoming (Estados Unidos), pueblo natal de sus propietarios al que fue trasladado por una amenaza de demolición.En las aventuras de Los 4 fantásticos vuelve a salir a escena otro fino ejemplo arquitectónico del movimiento artístico de los años 20 y 30. En esta ocasión, es la canadiense Vancouver, cuyo Edificio Marine se convierte en el Blaxter Building, fantaseado lugar de trabajo del heroico grupo. Lejos de los set de hormigón y ladrillo, el prodigioso cuarteto rueda con los sensores de Reed Richards en los territorios forestales cercanos a la ciudad: la Reserva Natural de Lower Seymur, un paisaje deslumbrante.