El poder curativo de caminar, según un intrépido caminante

Olvidarse del ritmo frenético de nuestro día a día y recuperar la cadencia sosegada de los caminantes es un plan que cada vez seduce a más viajeros. El Camino de Santiago es un ejemplo de esa fascinación por la lentitud

Pablo Fernández
 | 
Foto: Dario Pena

Nuestra época parece seducida por la velocidad en el decir, en el hacer y en el pensar. Esta premura también afecta a cómo viajamos. Ansiamos llegar lo más rápido posible, rentabilizar al máximo los desplazamientos, exprimir todo el tiempo que pasamos fuera de casa... Sin embargo, existe una obstinada resistencia ante esta tiranía. Es la de los miles de caminantes que, ante la mínima posibilidad, cogen la mochila y se lanzan a recorrer sin prisa senderos y rutas peatonales. En España, un buen ejemplo de ello es el Camino de Santiago, que este año celebra su Xacobeo

Los motivos por lo que los peregrinos caminan hacia Santiago son muy diversos
Los motivos por lo que los peregrinos caminan hacia Santiago son muy diversos | Pixel-68 / ISTOCK

El sociólogo francés David le Breton es uno de los principales activistas de esta revolución tranquila. Autor de obras como Caminar la vida. La interminable geografía del caminante, Desaparecer de sí. Une tentación contemporánea y Elogio del caminar –todos publicados por Siruela–, Le Breton recuerda que su primera caminata de importancia fue fruto de una crisis personal: “Me embarqué en un viaje del que pensé que no habría regreso. Tenía poco más de veinte años y quería desaparecer. Fue en Brasil. Experimenté la belleza de ciudades como Río, Recife, Sao Luis, Belém, Manaus... caminé sin cesar, días enteros, casi sin dinero... Pero nada frenó mi caída, ni la sensación de que mi existencia no tenía sentido. Fue sólo al regreso cuando tuve la convicción de una especie de renacimiento, de haber superado una prueba vital”.

La selva tropical de Brasil fue la primera gran caminata que realizó el sociólogo Le Bretón
La selva tropical de Brasil fue la primera gran caminata que realizó el sociólogo Le Bretón | filipefrazao

En su caso, el caminar ejerció de terapia de sanación. ¿A qué podemos atribuir el poder curativo de caminar? En opinión de Le Breton, caminar libera las presiones que pesan sobre nuestros hombros, las tensiones vinculadas a las responsabilidades sociales e individuales del día a día. “El caminante piensa sobre todo en el momento por venir y en la naturaleza de lo que solo él decide”, explica.

Cinco planes muy apetecibles para exprimir el otoño

Durante un período más o menos largo, cambia su existencia y su relación con los demás y con el mundo, es un extraño en el camino, ya no está estancado en su estado civil, su condición social o sus responsabilidades hacia los demás. Está disponible para lo que venga, desprendido de su historia personal, y se entrega voluntariamente a lo que el camino le ofrezca”.

Al ver esta señal sabes que el camino ha llegado a su fin
Al ver esta señal sabes que el camino ha llegado a su fin | sollafune / ISTOCK

Cualquiera que haya realizado el Camino de Santiago entenderá perfectamente a qué se refiere. Durante el peregrinaje a Santiago, el caminante tiene únicamente dos preocupaciones: dónde dormir y dónde comer. Todo lo demás es superfluo y dormita en una parte de su cerebro desactivada durante el viaje.

Un paseo por la Toscana, la Via Francígena es el nombre oficial que recibe la ruta que conecta Vercelli —en el Piamonte— y Roma
Un paseo por la Toscana, la Via Francígena es el nombre oficial que recibe la ruta que conecta Vercelli —en el Piamonte— y Roma | Getty Images

Camino de transformación

Aunque muchos son los motivos para caminar, desde tiempos inmemoriales ha existido un fuerte componente espiritual para hacerlo. En sus obras, Le Breton ha escrito regularmente sobre los principales centros de peregrinación cristianos: Roma, a donde marchaban los Romei; Jerusalén, destino de los Palmieri; y Santiago de Compostela, objetivo de los Peregrini. En la actualidad, muchos de los caminantes que se dirigen al Pórtico de la Gloria no son religiosos. Pero ello no impide que exista una profunda espiritualidad en el Camino.

El camino a Tierra Santa los recorren cada año miles de peregrinos
El camino a Tierra Santa los recorren cada año miles de peregrinos | luoman

Los antiguos peregrinos compostelanos se infligían muchas penitencias como andar descalzos o ayunar, su camino era una oración interminable entre mil peligros”, recuerda Le Breton. “Hoy, lo sagrado está más bien en el movimiento mismo del caminar, en el examen de conciencia que provoca, en el encanto que genera... En el Camino se cruzan peregrinos, senderistas, turistas, viajeros, deportistas, hombres y mujeres nutridos de una convicción cristiana o religiosa, otros que ya no la tienen o que van en busca de otra fe. Algunos agradecen una plegaria atendida: por un ser querido que se ha recuperado, por una enfermedad que ha remitido, por un trabajo encontrado... Otros caminan por los que no pueden o ya no pueden: los ancianos, los discapacitados, los enfermos, los desaparecidos. La verdad del Camino no está en el camino sino siempre en la mente del caminante. Contiene tantas verdades como el número de los que lo recorren”.

Peregrinos frente al albergue de Lorca
Peregrinos frente al albergue de Lorca | lkonya / ISTOCK

Muchos de los que se dirigen a Santiago lo hacen empujados por una incertidumbre que los acecha. Y es el Camino donde pretenden aclararla. Paradójicamente es alejándose del problema como es posible verlo con claridad. El Camino “es propicio para pensar, para reflexionar, para tomar decisiones, para comprender mejor las preocupaciones contra las que estamos luchando y finalmente para hacer elecciones favorables”.

La Iglesia de Santa Maria en Boadilla del Camino
La Iglesia de Santa Maria en Boadilla del Camino | lkonya

Como bien experimentó en sus propias carnes Le Breton, el verdadero cambio no suele producirse durante el viaje, sino cuando retomamos nuestra cotidianidad. Mucho más que el camino en sí, en ocasiones lo más importante se produce durante su prolegómeno o su epílogo. “El viaje siempre está precedido por el sueño, la imaginación de lo que allí encontraremos; durante meses o semanas, lo pensamos con júbilo”, concluye. “Y nuestro regreso se nutre durante mucho tiempo de imágenes, recuerdos, anécdotas vividas en aquella ocasión”.