Una cura anti-estrés en el Mar Muerto

Bañarse en esta suerte de lago salado barnizado de espiritualidad es, además de un tratamiento saludable, una experiencia difícil de olvidar

Noelia Ferreiro
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Es, probablemente, el spa más antiguo del mundo, aquel que sedujo a Cleopatra, obsesionada con la belleza. Cuentan que la reina egipcia ordenó a su amado Marco Antonio que lograra el control de sus aguas porque en ellas había descubierto el secreto de la juventud. Hablamos del Mar Muerto, uno de los parajes más impresionantes del planeta. Una suerte de lago salado, encajado en las paredes del desierto, cuyas orillas bañan parte de Jordania, Israel y Cisjordania.

Por su geología, porque está ubicado a 410 metros bajo el nivel del mar (el punto más bajo y oxigenado de la Tierra) y porque sus sales y minerales concentran las propiedades de un flotarium natural, el Mar Muerto presenta unas características únicas. Las mismas que hacen que sus aguas, nueve veces más saladas que las del Mediterráneo, permitan flotar como un corcho sin apenas dedicar esfuerzo; y las que logran que sus lodos, con los que habrá que embadurnarse desde la frente a los talones, rejuvenezcan la piel (dicen) nada menos que diez años.

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En el Mar Muerto, efectivamente, hundirse resulta imposible –muy típico es hacerse una fotografía leyendo el periódico sobre las aguas- y hasta tratar de dar unas brazadas se convierte en una lucha titánica. Pero es esta salinidad extrema de la que toma el nombre –cada litro de agua contiene nada menos que 340 gramos de sal, lo cual impide cualquier atisbo de vida, ya sea animal o vegetal- la que también le otorga propiedades beneficiosas para el organismo.

En su interior se distinguen 23 sales minerales, 12 de las cuales no existen en ningún otro mar del mundo. Y cada una de ellas tiene un efecto saludable. El magnesio es óptimo para la hidratación de la piel, el sodio para la elasticidad, el calcio para retrasar la aparición de las arrugas… y así hasta una lista interminable de bondades estéticas que confirman que la coqueta Cleopatra estaba al menos en lo cierto. Esto y su elevada temperatura (entre 22º y 31º C durante todo el año) tiene además su efecto positivo en la circulación de la sangre (combate la artritis, el reúma, la fatiga y las dolencias musculares) y logra, como ningún otro remedio, plantarle cara al estrés.

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Por ello, no hay nada como una cura en el Mar Muerto, a lo que se prestan los tratamientos de sus múltiples complejos hoteleros. En la última década, ambas orillas han visto florecer un creciente número de hoteles de calidad, en los que viajeros pudientes de todos los rincones del globo han visto la panacea de la salud y la belleza. La talasoterapia moderna nunca encontró mejor escenario que este rincón natural donde el agua, el barro y el clima marino no tiene más que fines terapéuticos.

Pero más allá de esta propuesta de bienestar conocida desde la antigüedad, sólo la belleza del lugar ya justifica su visita. Las diferentes tonalidades rosas y naranjas que bañan este enorme lago de agua salada conforman un espectáculo difícil de olvidar. Especialmente al atardecer, cuando el sol tiñe de púrpura el horizonte dejando paso a miles de estrellas. Un paisaje cargado de espiritualidad cuyos alrededores, además, están cuajados de yacimientos arqueológicos. En muchos de ellos resuena el eco de pasajes bíblicos: el lugar donde fue bautizado Jesús, el punto de partida del profeta Elías en un carro de fuego o la huella de la ciudad legendaria de Sodoma, que se cree que pudo estar aquí, aunque esto, una vez más, sirve para engordar el mito.