Cuenca, 6 sorpresas de la serranía encantada

La Serranía de Cuenca es caprichosa, cercana y desconocida. Es un paraje que por su riqueza natural y paisajística, así como por su variedad de flora y fauna, se ha convertido en un Parque Natural que sorprende a cada paso.

Irene González
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Foto: curtoicurto / ISTOCK

A menos de 200 kilómetros de Madrid se esconde una serranía que hechiza, unos montes que embelesan por la fuerza de su agua. La Serranía de Cuenca es caprichosa, cercana y desconocida. Está cuajada de sorprendentes cascadas y gargantas espectaculares. Esta abrupta tierra conquense es uno de los espacios naturales más bonitos de Castilla La Mancha, y uno de los mayores de España. Es un lugar repleto de naturaleza, que por su riqueza natural y paisajística, así como por su variedad de flora y fauna, ha merecido la declaración de Parque Natural en 2007.

Esta sucesión de enredadas formaciones geológicas que recubren espesas masas de pinares, están surcadas por los ríos Cuervo y Escabias. Hacia el sur de la reserva se sitúan las preciosidades geológicas de Las Torcas, unos extraños e impactantes hundimientos naturales, que a menudo contienen maravillosas lagunas. La gran variedad de ambientes de montaña que acoge la Serranía de Cuenca hace que aquí abunden corzos, jabalíes, muflones, cabras montesas y abundan las rapaces donde destaca el buitre leonado. Nos adentramos en un paraje con encanto donde cualquier pueblo merece un alto en el camino, muchos por su origen medieval, otros por su gastronomía, los más por sus históricos edificios, y casi todos, por su entorno paisajístico. Localidades como Tragacete, Uña, Beteta o Villalba de la Sierra pueden ser buenas opciones para iniciar la marcha, aunque existen otras localidades, que aunque muy pequeñas gozan de un extraordinario encanto.

La Ciudad Encantada
Villalba de la Sierra es la puerta de entrada a la alta serranía, desde donde a 3 kilómetros empieza el mágico paisaje en el Mirador del Ventano del Diablo. Más adelante se encuentra La Ciudad Encantada, que con 20 kilómetros cuadrados, es sitio Natural de Interés Nacional. Un circuito muestra las maravillas que la erosión ha tallado en la roca caliza a lo largo de millones de años. Es un auténtico laberinto plagado de fantásticas formas esculpidas por el viento, el hielo y el agua. El Mar de Piedra o los Barcos son increíbles figuras en las que se ha convertido la piedra.

Uña
La mejor panorámica de Uña está en el Mirador de Uña, muy cerca de la Ciudad Encantada. Situada en una colina, este pueblo serrano queda a los pies de los escarpes horadados por el Júcar. Uña da nombre a una laguna de 8 hectáreas enmarcada por un circo de escarpados riscos calizos y cuajada de truchas. Es una zona muy interesante para realizar excursiones por sus múltiples senderos y su observatorio de fauna supone un balcón excelente. Hay que darse un paseo por su casco urbano para ver la iglesia de San Miguel Arcángel, construida en el siglo XIII.

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Tragacete
Tragacete, muy próximo al nacimiento del Júcar y al cerro de San Felipe de casi 2 000 metros, posee una magnífica red de senderos señalizados. Uno de los más atractivos es el que transcurre por la vertiente occidental del cerro de San Felipe, a través de estrechos barrancos, pinares y un tramo del Júcar. Otro de gran belleza es el que bordea el cerro Espinosa y pasa cerca de nacimiento del Júcar, en el estrecho del Infierno. En la villa de Tragacete hay que visitar la iglesia de San Miguel, y su interesante puente romano.

Nacimiento del rio Cuervo
Dejando atrás Tragacete, a unos 12 kilómetros, se encuentra el acceso al Nacimiento del río Cuervo, uno de los más atractivos parajes conquenses, donde el Cuervo, junto a su nacimiento, precipita sus aguas que van a despeñarse, de forma espectacular, desde altas cornisas. Para llegar al nacimiento es necesario remontar a pie senderos y  regueras. Este Monumento Natural y sus bellísimos saltos de agua, está rodeado especies de flora y fauna de gran valor, así como de una importante comunidad de aves ligadas al ecosistema forestal.

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Beteta y Solán de Cabras
Beteta, la capital del alto Guadiela, es la antigua Vétera romana. En tiempos fue un enclave defensivo privilegiado y hoy tiene una bonita plaza balconada y un ruinoso alcázar árabe. Desde aquí se divisa una amplia vega teñida por el rojo de las mimbreras y, aguas abajo del Guadiela, aparece la hoz del Beteta. Es la más profunda, boscosa y bella de la serranía, con una gran riqueza en pinos, avellanos, acebos y sabinas. Cerca, Solán de Cabras y su Real Balneario del siglo XIX. Regado por el río Cuervo, es famoso por sus curativas aguas para el riñón y el hígado.

El Hosquillo
De Soláns  hay que continuar hasta Cañizares y de ahí a Fuertescusa y remontar la carretera hasta llegar al Hosquillo. Este espectacular paraje debe su nombre a su hosca y de difícil acceso orografía. Es un magnífico Parque Cinegético Natural enclavado en una gigantesca hondonada donde viven en semilibertad osos pardos, cabras montesas, gamos, ciervos y muflones, en una extensión de más de 900 hectáreas. Desde los altos riscos que cierran el valle, anidan rapaces protegidas. Un paraíso para el águila real, el halcón peregrino, el buitre leonado y el búho real.