Cinco enclaves únicos del dionisiaco Priorat

Al sur de Cataluña, entre ásperas sierras y arroyos caudalosos, a un paso de la Costa Daurada, de la desembocadura del Ebro y la frontera con Aragón, hay una comarca donde el tiempo se mide en sorbos de buen vino.

Manuel Mateo Pérez
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Monasterio de Santa María de Scala Dei

A finales del siglo XII el rey Alfonso el Casto mandó a dos de sus caballeros a buscar un solitario lugar para fundar una cartuja. Los caballeros anduvieron por tierras del sur catalán y encontraron a un pastor que les indicó el lugar donde según la creencia popular los ángeles subían al cielo por una escalera que trepaba desde un pino. Aquel misterioso lugar quedó consagrado a Santa María de Scala Dei. Con los años los primeros cartujos introdujeron el cultivo de la vid y el olivo y extendieron su doctrina por una ancha comarca que hoy recibe el sonoro nombre de Priorat.

La Morera de Montsant

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Apenas doscientas almas habitan La Morera de Montsant, recostada sobre las faldas de un rocoso cerro. Una iglesia románica preside el corazón de la villa. Sin pretenderlo, esta iglesia, este pueblo y estos horizontes calvos son, de alguna forma, el germen histórico de toda la comarca. Muy cerca de aquí se alzan los restos de la cartuja de Santa María de Scala Dei, donde habitaron aquellos monjes dados al cultivo de la vid y el olivo. La cartuja sigue siendo un lugar de peregrinaje, pese a que tras la desamortización de 1835 el convento quedara sólo y vacío.  

Bisbal de Falset

Los pueblos del Priorat parecen haber renunciado a la modernidad, al menos a esa obscena modernidad que sólo trata de uniformar y alienar estéticas. Bisbal de Falset, situada en la esquina noroeste de la comarca, es un pueblo medieval de casas de piedra oscura y calles sinuosas. En el centro de la villa hay una iglesia primitiva y modesta consagrada a la Natividad. Los miradores se abren desde cualquier punto alto de la villa. A las afueras, entre veredas de tupida vegetación, queda la cueva de Santa Lucía. Aseguran los más viejos del lugar que sirvió de hospital militar durante la sangrienta batalla del Ebro, acaecida en tierras del sur en el desdichado año de 1938.

Siurana

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Siurana es posiblemente el pueblo más bello de la comarca. Es más: Siurana es una de las más hermosas villas de toda Cataluña. Situada en un costado de un imponente circo geológico, apenas ha cambiado desde que fuera frontera entre los reinos moros y cristianos. Los restos del castillo árabe aún resisten los envites del tiempo, al igual que el trazado urbano de sus lindas calles. Lo más notable del patrimonio monumental de Siurana es su iglesia románica. Consagrada a Santa María y construida entre los siglos XII y XIII, la iglesia fue auspiciada por el rey Berenguer IV tras la victoria frente a las tropas andalusíes. El templo es todo un ejemplo de armonía y sencillez.

Poboleda y La Vilella

Camino del sur se encuentra Poboleda presidida por la iglesia de Sant Pere, un templo del siglo XVIII que por sus dimensiones es conocida por todos como la catedral del Priorat. Muy próximo se halla La Vilella Alta, un pueblo medieval rodeado por serrezuelas y tierras de labor. El color del pueblo es pardo, como la piedra que protege casas y plazuelas. La Vilella apenas acoge hoy a doscientas almas. La calla Mayor trepa hasta la plaza donde se levanta la iglesia de Santa Lucía, en cuyo interior se guarda un hermoso retablo del año 1700. El poblacho muestra un campanario altivo, un molino de aceite, una fuente de aguas cristalinas y un puñado de callejas de desaforado desnivel.