Cinco ciudades monumentales bañadas por el Guadalquivir

El río que recorre, de este a oeste, gran parte del territorio andaluz. 

Manuel Mateo Pérez
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El Guadalquivir, el río mayor de Andalucía, nace en la Sierra de Cazorla y muere en la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda, frente a las aguas del Atlántico. A lo largo de sus casi setecientos kilómetros de recorrido besa algunas de las ciudades patrimoniales más importantes de Andalucía. Son estas.

Andújar

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El río Guadalquivir separa el término de Andújar en dos orillas muy distintas. Hacia el norte se encrespa Sierra Morena, un paisaje catalogado como parque natural y decorado por cerros, caudalosos ríos, encinas y centenarios alcornoques. Al sur se extiende la vega y la campiña. La ciudad queda en mitad de ambos paisajes. Un puente de origen romano reconcilia las dos orillas. Las plazas de la Constitución y España, separadas por un arco y una galería de soportales, son el centro de la ciudad. A ellas asoma la iglesia de San Miguel, de estilo gótico y grandes dimensiones, arcos apuntados y espigadas bóvedas. Al lado se halla el Ayuntamiento. Su fachada de dos plantas luce un cierto regusto neoclásico y se sabe que hace siglos fue casa de comedias.

Montoro

Desde la autovía de Andalucía, que une el norte con el sur, Montoro no se distingue. La ciudad queda atrás, a los pies de una colina alfombrada de olivos. Su caserío es blanco, de tejados árabes y callejas tintadas de un color rojo cárdeno. El puente de las Donadas une el barrio de Retamar con la ciudadela. La Corredera es la arteria principal de la ciudad, un salón de estar y un cruce de caminos. Sus casonas lucen un rancio abolengo, ricos zaguanes y patios de interior levantados por acaudaladas familias del XVIII. La plaza de España es el centro de la ciudad cordobesa y a ella asoma la iglesia de San Bartolomé que arquea sus naves ante la sólida presencia de su campanario.

Palma del Río

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Palma del Río es la última ciudad de Córdoba antes de entrar en Sevilla y está a tan sólo cincuenta y cuatro metros sobre el nivel del mar, en un llano fértil donde se funden las aguas del Guadalquivir y del Genil, su afluente más caudaloso. Por primavera, Palma del Río es una de las ciudades mejor perfumadas de Andalucía. La flor del azahar se cuela entre calles y plazoletas construidas con ladrillo visto y azulejería de vivos colores que anticipan los rasgos arquitectónicos que el río hallará en su descenso por tierras de Sevilla. La ciudad está protegida por la vieja muralla almohade y dentro de ella, en una de sus plazas principales, toma asiento la iglesia de la Asunción, que es barroca como buena parte de los templos de la Baja Andalucía.

Coria

Coria del Río se halla en la margen derecha de las aguas. Fue un pujante puerto fluvial en tiempo de los fenicios. Los romanos le dieron el nombre de Caura Siarum y establecieron en ella un apeadero que enlazaba a través de calzadas empedradas con la ciudad patricia de Itálica. Fue árabe, y tras la conquista cristiana quedó deshabitada hasta que Alfonso X el sabio mandó repoblarla con familias procedentes de Aragón y Cataluña. Hoy su puerto fluvial y su delicioso paseo a orillas del gran río de Andalucía contrastan con el interés de sus iglesias barrocas, las plazas, las calles blancas y los palacios promovidos por una aristocracia que se hizo rica con la actividad marinera, la cerámica y hasta con la industrial naval.

Sanlúcar de Barrameda

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En Sanlúcar de Barrameda, allí donde el río Guadalquivir se confunde con el inmenso océano, las puestas de sol son un espectáculo inenarrable. La gran bola de fuego se deja caer entre el horizonte del Atlántico, mientras sus últimos rayos doran las playas de Bajo de Guía y al otro lado de la orilla el coto de Doñana. La desembocadura muestra un conjunto de playas y queda próxima al centro histórico presidido por la plaza del Cabildo. Allí se citan los mejores bares donde sirven langostinos y tortillitas de camarones. Tras la conquista cristiana la villa protagonizó algunas de las páginas más relevantes del descubrimiento del Nuevo Mundo. De aquí partió Cristóbal Colón en su tercer viaje a las Indias. Y de aquí zarparon el 20 de septiembre de 1519 los navíos de Fernando de Magallanes que dieron la primera vuelta al mundo.