Cuatro bosques de cuento para pasear en otoño

No hace falta ir a la otra punta del planeta para disfrutar de la última, (y una de las más atractivas), estación del año. El otoño en nuestra geografía es insuperable. Es el momento ideal para recorrer espacios naturales poblados de hojas, que tornan su color verde, hacia todas las tonalidades posibles de ocres, púrpuras y bermellones. Es tiempo de una escapada para explorar la tonalidad de nuestros mágicos bosques.

Irene González
 | 
Foto: LucVi / ISTOCK

Si durante todo el año los bosques son una belleza que embauca, en otoño se tornan mágicos. Es el momento en el que mudan de color, cuando los verdes cambian por una infinita gama de ocres, es cuando despliegan todo su encanto. Un bosque caducifolio en otoño es uno de los mayores espectáculos visuales de la naturaleza, cuando los castaños, hayas, robles, y avellanos se tornan grana y oro antes de aletargarse para vencer al invierno.

Entre estas frondosidades fabulosas, se esconde en un valle espléndido, la Reserva Natural de Muniellos. Sus 56 kilómetros cuadrados están considerados Reserva Natural Integral por ser el mayor robledal de la península y, casi con certeza, de todo el continente. Es hospedaje del oso pardo, el huidizo urogallo y del mítico lobo.

StockPhotoAstur / ISTOCK

Y las truchas de sus bravos ríos, son muy preciadas, hasta el mismísimo Hemingway, dicen que aquí tiró la caña. Además Muniellos esconde rutas espectaculares, entre las que destacan las que llevan a La Isla, La Honda, La Grande y La Peña, cuatro hermosas lagunas glaciares, que a más de 1 400 metros de altitud, reflejan en sus aguas todas las tonalidades posibles.

Este bosque asturiano es uno de los rincones más cotizados del otoño, porque es cuando sus centenarios robles y sus apaisadas hayas, visten sus mejores galas. Para conservar este tesoro natural, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, pocas personas al día tienen el privilegio de recorrer sus sendas. Así que es recomendable reservar cuanto antes para disfrutar Muniellos en otoño.

El Parque Natural del Gorbea es otra delicia otoñal. Con más de 20 000 hectáreas, se alza sobre un conjunto kárstico con casi 500 cavidades clasificadas. El otoño también invita a un paseo por la Fageda de la Grevolosa, cuando su hayedo alcanza unos colores únicos, y su ambiente se envuelve de paz y quietud. 

Raul Hernandez Balbuena / ISTOCK

Gorbea es un frondoso y extenso territorio atiborrado de una variada flora, y una compacta masa arbórea que se tiñe de bermellón en otoño. Es un santuario para montañeros y caminantes, que se afanan por ascender a la gigantesca cruz del Gorbeia. El parque posee más de 20 000 hectáreas de rocas escarpadas, suaves de pastos, y de bosques de hayedos y robledales. ES uno de los parajes más exuberantes y extensos de Euskadi.

Las Fragas Do Eume, un bosque de leyendas, es uno de los bosques atlánticos de ribera mejor conservados de Europa, un auténtico bosque soñado. Fraga significa bosque con árboles de diferentes especies. Aquí, robles y castaños forman el manto caducifolio acompañados de abedules, alisos, fresnos, tejos, avellanos, laureles, acebos y madroños. Todos forman una selva en la que cada especie ocupa su lugar. En las riberas húmedas y sombrías se conservan líquenes, musgo y helechos, que son una de las joyas de los bosques climáticos como Eume, relictos de la Era Terciaria. Son paisajes de cuentos de hadas, de príncipes y dragones, que entre ocres, rojizos y amarillos, que, sin duda, hechizan en otoño.

ZHARATE / ISTOCK

Es uno de los mejores bosques europeos de roble, castaño y abedul. Dentro se haya el fascinante Monasterio de Caaveiro, puro arte en plena naturaleza. Oculto entre el frondoso bosque y encajado entre desfiladeros, se engrandeció por donaciones, hasta que fue abandonado. Los restos más antiguos son del XII, y destacan la iglesia de Santa Isabel, su campanario y la casa de los canónigos.

El Castañar del Tiemblo, en Ávila es uno de los bosques más bellos de castaños que existe en Europa. Y se ubica en El Tiemblo, a menos de una hora de Madrid. En la rica provincia de Ávila, en la Reserva Natural del Valle de Iruelas, se encuentra este inmenso castañar colmado de majestuosos ejemplares centenarios que se funden con robles, alisedas, avellanos, pinos y acebos. Es un bosque que sumerge en un mundo de colores y de colosos, casi exclusivos en su especie

 

LucVi / ISTOCK