Cinco alojamientos para desconectar del todo (y de todo) en Castilla-La Mancha

Pueblos y ciudades de interior narran su historia a través de cinco alojamientos, ubicados en edificios singulares, que se han unido para formar una nueva red de hospederías que aspiran a funcionar a la antigua usanza. Silencio y calor de hogar inundan cada rincón de estos hoteles, surgidos para dar a conocer el rico patrimonio cultural manchego y entornos con los que siempre apetece reencontrarse. Hacia ellos viajamos.

Silvia Roba
 | 
Foto: D.R.

Las hospederías nacieron en España, y en realidad en toda Europa, para dar cobijo a los peregrinos que daban sus primeros pasos por el Camino de Santiago siguiendo las huellas del santo. Eran lugares para el descanso en los que todo el mundo era bien recibido, hogares provisionales donde el silencio se apoderaba de cada rincón. Hoy, en pleno siglo XXI, muchas localidades repartidas por nuestra geografía se han propuesto recuperar ese mismo concepto rehabilitando para tal fin antiguos edificios de gran valor patrimonial.

En Castilla-La Mancha acaban de crear una nueva red hotelera que propone una oferta de lo más apetecible para conocer en profundidad su gran riqueza paisajística, monumental y gastronómica a través de alojamientos singulares. Molino de Alcuneza, a las afueras de la villa medieval de Sigüenza, en Guadalajara, es uno de ellos. Los muros del que fuera allá por el siglo XIV un molino harinero albergan ahora un coqueto hotel boutique con 17 habitaciones con vistas al valle del Alto Henares.

Molino de Alcuneza. Alcuneza, Sigüenza (Guadalajara) | D.R.

Leer junto a la chimenea, relajarse en el spa o pasear por el jardín son algunas de las actividades preferidas de los huéspedes, que tienen a su disposición un restaurante galardonado con una estrella Michelin. Quizá por la historia que lo envuelve, Samuel Moreno, chef y propietario, da una gran importancia al pan, que elabora en su propio obrador a partir de granos autóctonos caídos en desuso, recuperados en cultivo ecológico, y de las mismas levaduras con las que aquí se trabajaba hace 500 años.

Ofrece diferentes menús con sorprendentes platos, como el taco de remolacha con morteruelo, empanadillas de jabalí con sobrasada y lima o ravioli de perdiz estofada. A los postres, consigue que el queso manchego combine estupendamente bien con helado de tomillo y ciruelas.

Justo al comienzo de una de las calles más señoriales del casco antiguo de Cuenca, a escasos metros de la catedral y de la Plaza Mayor, una imponente casa palaciega del siglo XVII acoge al que pasa por ser el único alojamiento de cuatro estrellas de la ciudad. Es el Hotel Convento del Giraldo, que en otra vida fue casa fundacional de la Congregación de las Madres Celadoras y vivienda de familias nobles. Conserva de aquella época su fachada blasonada, los artesonados, el aljibe, excavado en la propia roca, y una fuente. Cuenta con 34 habitaciones, de aires románticos, un restaurante de gastronomía local y una agradable terraza al lado de las antiguas ruinas de la iglesia templaria de San Pantaleón.

Hotel Convento del Giraldo, Cuenca | D.R.

Sin salir de la provincia, el Palacio del Infante don Juan Manuel Hotel & Spa, se asienta en la que fuera la primera fortaleza de Belmonte, construida en el año 1323 sobre una anterior edificación visigoda. Reconvertida en monasterio el siglo XV, fue transformada ya en el XX en hospedería o, mejor dicho, en venta, con la idea de servir de hospedaje a quienes realizaran la Ruta del Quijote. En torno a un gran claustro se abren sus 39 habitaciones, convertidas algunas de ellas en privilegiados miradores para contemplar el famoso castillo medieval de la localidad y la Colegiata de San Bartolomé.

Palacio del Infante don Juan Manuel Hotel & Spa. Belmonte (Cuenca) | D.R.

Por aquí y por allá podemos encontrarnos con restos de la construcción original, que permiten que nos sintamos un poco parte de la historia. Completan sus instalaciones amplios jardines, un spa y un restaurante, Los Alarifes, que debe su nombre a los maestros de obra andalusíes que construyeron ese primer alcázar sobre el que se sitúa el hotel. Aquí manda la tradición, con especial atención a los platos típicos de los Montes de Toledo y a la caza mayor. 

Salmorejo mozárabe de naranja con lascas de bacalao y anchoa, risotto de confit de pato, tembloroso de queso y trufa con granizado de oporto... Son propuestas del Menú de Autor del restaurante de la Hospedería Santa Elena, que abre sus puertas en la plaza mayor de San Carlos del Valle, en la comarca de Campo de Montiel (Ciudad Real).

Hospedería Santa Elena, San Carlos del Valle (Ciudad Real) | D.R.

La gastronomía es uno de los pilares sobre los que se sustenta este hotel, de nueve habitaciones, que encuentra acomodo en un edificio de finales del XVII, que, según se puede leer en una placa en su fachada, fue construido como lugar de reposo de peregrinos y viajeros del Camino Real, que unía Madrid con Sevilla. Cervantes lo frecuentaba, bien para comprar víveres para la Armada Real bien como recaudador de impuestos.

Precisamente algunas de sus obras tuvieron como escenario de fondo Toledo, ciudad a la que nos dirigimos para conocer la última hospedería. Un edificio histórico de principios del XX sirve de envoltorio al Hotel Boutique Adolfo, situado en la plaza de Zocodover, a la que se asoman sus 12 habitaciones, separadas por tabiques de corcho, que para eso este alojamiento presume de su condición bío. Algo también muy presente en la cocina del restaurante, muy natural y tradicional, muy del interior y del terruño, con amplia carta de vinos. El restaurante hace honor en su nombre al Café Español, famoso local que ocupó los bajos del edificio. Aunque quizá haya que subir hasta la terraza para tener un primer, o último, contacto en calma con la ciudad. 

Hotel Boutique Adolfo, Toledo | D.R.