Cannes, 65 años unida al cine

El Festival de Cannes, que en esta edición rinde tributo a Marilyn Monroe del 16 al 27 de mayo, ha marcado la personalidad de esta ciudad mediterránea. Aquí revelamos las direcciones que cautivarían a la diva.

Vanessa Morales

El Festival de Cine de Cannes se gestó en 1939, con la idea de contrarrestar la influencia del fascismo en la Mostra de Venecia, y en su trayectoria ha regalado infinidad de anécdotas, como el lío de bobinas en la primera representación de Hitchcock o la imagen de Roberto Benigni besando los pies de Scorsese. El Palacio de Festivales y Congresos, la sede del certamen, también se ha convertido en toda una institución y no hay estrella del cine que no sueñe con subir los 24 escalones de gloria rodeada de flashes. Se recomienda a los cinéfilos que reserven una plaza en las visitas guiadas que la oficina de turismo ofrece -salvo durante el festival- en los entresijos del edificio.

Frente al Palacio, en laavenida de la Croissette se concentra la oferta más exclusiva de hoteles y boutiques, con los míticos Martinez, Carlton Palace y el Majestic Barrière (donde la Suite Majestic Barrière cuesta 38.000 euros la noche durante el Festival). Pero no todo es prohibitivo: la calle de Antibes está flanqueada por tiendas con propuestas de moda casual para hombres, como Façonnable (nº 100. www.faconnable.com) o diseños originales para ellas de Manoush (nº 77. www.manoush.com), y una gran selección de zapaterías.

A la hora del almuerzo, La Cave (Bvd. de la République, 9. www.restaurant-lacave.com) es garantía de platos tradicionales provenzales y buena bodega, con menús a 35 euros. Otra alternativa es apuntarse a una clase de cocina en Les Apprentis Gourmets (Teisseire, 6. www.lesapprentisgourmets.fr). Su fórmula mediodía se basa en recetas de 30 minutos e incluye una clase práctica en francés o inglés y degustación por 15 euros. Conviene dejar espacio para el postre, porque nuestra siguiente parada nos lleva a la repostería Jean Luc Pelé (Meynadier, 36. www.jeanlucpele.com), que tiene una gran oferta de macarons. Los más populares son los de caramelo con mantequilla salada y los de frambuesa, aunque los hay de sabores como foie, higo o vodka citron.

La calle Meynadier desembocaa los pies de la colina de Suquet, la zona más antigua de Cannes. Sin mucho esfuerzo podemos subir por callejones y escaleras, tomando como referencia la iglesia Nuestra Señora de la Esperanza, que la corona. Desde allí las vistas sobre las playas de la bahía, las islas de Lérins y el puerto antiguo son excepcionales, especialmente al atardecer.
El día podría concluir con una cena en Astoux Brun (Félix Faure, 27. www.astouxbrun.com), que ofrece un exquisito marisco fresco, y con una copa en el after-work Black Pearl (www.blackpearlcannes.com; Macé, 22), un punto de encuentro chic.

Una escapada en barco a las islas de Lérins
Las islas de Lérins, frente a la costa de Cannes, son un ejemplo de slow-life y están a solo 20 minutos de travesía en barco. En San Honorat se puede pasar el día con los monjes cistercienses, conocer su abadía, catar los vinos que producen y comer en el restaurante La Tonnelle (www.tonnelle-abbayedelerins.com). Allí el aliciente no solo es el vino sino una terraza con vistas al mar que invita a quedarse para siempre.
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Cómo ir
El aeropuerto más cercano es el de Niza. Air Nostrum tiene vuelos directos todo el año desde Madrid y Barcelona, y las low cost Vueling y EasyJet ofrecen la ruta desde Barcelona en verano.

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