Campo de Requena-Utiel, el final de la meseta

El AVE ha abierto una brecha en esa especie de "ángulo muerto" o territorio fronterizo que es el Campo de Requena-Utiel, esa bisagra histórica entre la meseta castellana y el Mediterráneo. Una tierra consagrada con fervor al vino, pero llena también de atractivos naturales que empieza a airear y potenciar.

Carlos Pascual
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Foto: Lucas Abreu
El Plan de Dinamización sigue en marcha. Dos millones de euros a gastar en tres años; muchos de los objetivos ya están cubiertos. Casi todo lo que puede visitarse en Requena y sus entornos ha sido inaugurado en los últimos años. Vestigios históricos de esta tierra de frontera, aduana de Castilla y puerto seco a solo sesenta kilómetros del mar valenciano; yacimientos, iglesias, castillos, alquerías. Pero también hoteles y alojamientos rurales para hacer grato el contacto con una naturaleza espléndida y silente: hizo falta la gresca política para que las Hoces del Cabriel se etiquetaran como Parque Natural; a ese siguieron otros parajes protegidos. Sierras, barrancos, pinares llenos de chicharras escandalosas y una deliciosa profusión de ríos y manantiales forman, sin embargo, una suerte de anillo encerrando un paisaje casi monotemático: los viñedos infinitos. La comarca de Requena parece vertebrada por el vino desde que, en el año 1910, tras el hundimiento de la industria de la seda, se inaugurase la primera Estación Enológica. Actualmente son más de noventa las cooperativas y bodegas que se acogen a la Denominación de Origen. Unas 40.000 hectáreas y una producción media de un millón y medio de hectolitros son las cifras. La variedad autóctona de uva es la bobal (un 80 por ciento). Además de vino, se elabora cava. El vino lo empapa todo. Muchas bodegas pueden visitarse y las Fiestas de la Vendimia son acontecimiento mayor en los núcleos principales. En éstos han abierto sus puertas varios museos del vino; en Utiel, Bodega Redonda es, además de museo, sede del Consejo Regulador de la Denominación. En Requena, después de ocho años de trajines se ha reabierto el museo del vino en el Palacio del Cid (que es del siglo XV, pero consta que el famoso Cid estuvo en Requena en el 1089, y por tanto el turístico Camino del Cid pasa por aquí); el arquitecto Paco Jurado ha efectuado una intervención fuerte en el inmueble, que llama más la atención por eso, precisamente, que por sus contenidos.Hay otro Museo del vino y de la vida rural en Sisternas, una pedanía a tres leguas de Requena; el reco rrido, de aproximadamente hora y media de duración, se remata con una agradecida cata. Y luego están las cuevas. Empezaron siendo silos o despensas, después fueron bodegas y ahora son la principal atracción turística de Requena. Las cuevas son de origen árabe -como la propia Requena o Rakka'na, que signifi ca "la fuerte"-. Estuvieron cegadas en los dos últimos siglos, hasta que hace unos treinta años se redescubrieron y comunicaron unas con otras pues eran graneros o depósitos cavados en la toba caliza, debajo de las casas. El Ayuntamiento ha unido veintidós de esas cuevas en un laberinto subterráneo que zigzaguea bajo la Plaza de la Villa, el centro de la ciudadela musulmana. Piensan abrir nuevos tramos y hacer caso a quienes aconsejan un mayor esfuerzo de musealización. Esa plaza de la Villa (o de Albornoz, un general de las guerras carlistas) es una especie de patio del recinto amurallado (el llamado "barrio de la villa"), de época califal y almohade (Siglos VIII-XI). Se ha restaurado una parte de las murallas y del alcázar (el castillo, todavía sin uso decidido, aparte de ocasionales cócteles y bodorrios). Dentro de ese viejo núcleo hay dos iglesias góticas de portada más que notable, la de Santa María (desmantelada en la guerra, cerrada al culto) y la del Salvador. En la de San Nicolás (neoclásica y en los huesos), el mismo arquitecto que ha intervenido el Palacio del Cid está preparando el futuro Museo Arqueológico local. Aparte de estas iglesias y del ya citado Palacio del Cid, pueden verse casas blasonadas en las calles más anchas, arropadas por rincones de sabor moruno o judería, y un par de puertas. En otro palacio se aloja un discreto museo de arte moderno.Y hace cuatro años se abrió otra ventana a la memoria histórica de Requena, La Casa de la Seda. Requena llegó a ser la cuarta ciudad sedera de España, y en el siglo XVIII pudo contar con más de 800 telares, doblando su población entonces; pero esa industria cayó en declive en el siguiente siglo. La Casa de la Seda posee un singular encanto, y es a la vez lugar de recuerdo y tienda de capricho. Otro museo importante se encuentra extramuros, en la plaza del Carmen; precisamente dentro del conjunto del convento homónimo, desamortizado, donde se aloja también el Ayuntamiento. El actual Museo de Requena cederá sus fondos arqueológicos al futuro museo de San Nicolás, pero los fondos etnológicos (que seguirían aquí) son extraordinarios, sobre todo la colección indumentaria de los siglos XVIII y XIX, y la recreación de estancias y ambientes tradicionales. Utiel es más chica que Requena (12.000 vecinos, frente a los 22.000 de Requena y sus 25 pedanías). También tiene cuevas subterráneas, y una parroquia gótico-isabelina, y ecos en sus calles de los viejos barrios judío, cristiano y musulmán. Los amantes del patrimonio his tórico, aparte de esas dos ciudades de bandera, encontrarán en la comarca algunos motivos de excursión, como el yacimiento ibérico de El Molón (en un teso a las afueras de Camporrobles), con un pequeño centro de interpretación; o el yacimiento de Los Villares (en Caudete de las Fuentes): aquello fue ni más ni menos que la ciudad ibera de Kelin, donde se acuñó moneda propia y, al parecer, ya se dedicaban al negocio del vino cinco siglos antes de que naciera Cristo. Pero tal vez sea la naturaleza la que mejores cartas le permita jugar de aquí en adelante a la comarca de Requena-Utiel. Son muchos (y siguen creciendo) los alojamientos rurales con encanto suficiente para un fin de semana. Los paisajes ponen el resto. El parque natural de las Hoces del Cabriel es el más extenso y accidentado, con rápidos donde se puede practicar rafting y otras locuras, o embalses tranquilos como el de Contreras; balnearios salutíferos, como los de Villatoya (Baños de la Concepción y Fuente Podrida, con aguas sulfurosas de fuerte olor), o pequeñas sorpresas como la noria gigante de Casas del Río, a orillas del Cabriel. Otro parque natural de más reciente creación es el de Chera-Sot de Chera, que tiene la singularidad de ser un Parque Geológico, con un pequeño centro de interpretación (fósiles, rocas, láminas) y parajes tan llamativos como el Barranco de la Hoz, las cuevas de la Garita o el embalse del Buseo.