El Camino de San Olav o la extraña conexión entre Burgos y los vikingos

Una historia con todos los ingredientes para atraer nuestra atención

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Ronnymd / ISTOCK

Viajar significa en muchas ocasiones bucear en la historia de los lugares que nos encontramos a nuestro paso. Otras veces, la propia historia es la que nos atrae hacia un destino permitiéndonos descubrir todo aquello que, de otra manera, nunca hubiéramos llegado a conocer.

Este último caso es el que abordamos esta vez. Un relato vikingo que hunde sus raíces en el corazón castellano de hace casi un milenio, cuando se forjó una promesa que acabaría materializándose en los albores del siglo XXI dando pie a la creación del Camino de San Olav en el entorno rural de la provincia de Burgos.

Catedral de Burgos: inicio del Camino de San Olav | aicragarual / ISTOCK

Construimos un puente entre Noruega y España para desentrañar el fascinante mundo de un rey nórdico convertido en santo.

Olaf y la princesa Kristina: dos personajes y una ermita fuera de lo común

Olaf II de Noruega fue rey de aquellas tierras durante el primer cuarto del siglo XI. Reconocido en el trono en 1015, este rey vikingo dejó una huella indeleble en la sociedad de su tiempo convirtiéndola al cristianismo después de que él mismo diera ese paso en la ciudad de Rouen. Su muerte en batalla y los supuestos milagros que se produjeron tras su caída agrandaron su fama y no pasó mucho tiempo hasta que fuera canonizado.

El hoy en día patrón de Noruega descansa en la actual ciudad de Trondheim, en su impresionante catedral, uno de los máximos exponentes del gótico del norte de Europa y la más boreal de todas las de este sector. Su origen, que respondió precisamente a la necesidad de rendir culto a sus restos, desembocó durante la Edad Media en un importante santuario que constituyó un reclamo destacado para el peregrinaje, como ya ocurría con el Camino de Santiago.

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Esta vía de peregrinación, conocida como el Camino de San Olav, reúne hoy en día más de cinco mil kilómetros en una red de senderos que discurren en gran medida por Noruega, de los que 650 representan el camino troncal que une Oslo con la conocida como catedral de Nidaros, en Trondheim.

Pero, más allá de Noruega, en pleno corazón de Castilla en la provincia de Burgos, encontramos un tramo de casi sesenta kilómetros que abraza esta denominación de «Camino de San Olav». Un hecho llamativo que se debe a otra protagonista: la princesa Kristina.

Luiyo

Hija del rey noruego Haakon IV, fue destinada a casarse con el Infante Felipe de Castilla, hermano de Alfonso X el Sabio, viajando hasta Valladolid para contraer matrimonio en el año 1258.

Según recogen las crónicas de la época, la princesa pidió a su marido tras las nupcias que se construyese una iglesia en honor al patrón de Noruega. Un deseo que nunca llegó a materializarse ni en vida de Kristina – murió tan solo cuatro años después del enlace – ni en vida del infante, quedando la promesa en aguas de borrajas.

Sin embargo, más de siete siglos después, con el descubrimiento del sepulcro de piedra de la princesa cerca de la localidad burgalesa de Covarrubias - el lugar donde fue enterrada por deseo de su marido -, se retomó aquella promesa para acabar cumpliéndola gracias a la construcción de una ermita en honor a San Olav.

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Ubicada en el Valle de Lobos, a poca distancia de Covarrubias, fue inaugurada en 2011 constando de un edificio y un campanario vanguardistas al estilo vikingo, compuestos principalmente de madera y acero.

Una construcción totalmente llamativa en mitad de un entorno rural que ha supuesto el estrechamiento de los lazos entre España y Noruega gracias a esos nexos del pasado.

Luiyo

El Camino de San Olav en Burgos

Aprovechando la construcción de la insólita ermita, la Asociación para el Desarrollo de Tierra de Lara creó hace casi una década el Camino de San Olav. Un recorrido que une la catedral de Burgos con la citada ermita en Covarrubias pasando por un territorio plagado de pequeños pueblos.

La Vía Verde que parte de la capital burgalesa nos da paso a un espacio rural protagonizado por la Tierra de Lara. La ruta, pensada para ser llevada a cabo en dos o tres etapas, nos conduce por senderos señalizados a tal efecto pudiendo lograr el salvoconducto al llevar a cabo el trayecto.

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Cardeñadijo, los tres «Mondúrabes», Los Ausines, Revilla del Campo, Quintalara, Cubillo del Césarno, Cubillejo de Lara, Quintanilla de las Viñas o Mambrillas de Lara, son todos ellos paradas en el camino que nos llenaran de tradición y solera mientras encontramos a nuestro paso relieves ondulados, bosques, restos megalíticos y hasta huellas de dinosaurios.

Todo ello hasta llegar a la ermita de San Olav, donde el mágico ambiente nos permitirá zambullirnos en la insospechada historia de la princesa Kristina y la estela del santo vikingo.