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Ni el Caminito del Rey, ni el Cares: la mejor ruta de senderismo de España se esconde en Huesca y atraviesa una de las cascadas más impresionantes de la Península

Este enclave pirenaico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, ofrece paisajes glaciares, bosques centenarios y la icónica cascada Cola de Caballo

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, en los Pirineos, es una de las bellezas naturales más impresionantes de España.

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, en los Pirineos, es una de las bellezas naturales más impresionantes de España. / Istock

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Cuando hablamos de escapadas naturales, España cuenta con una variedad impresionante de destinos, donde los paisajes glaciares, paredes de caliza milenaria y sendas que recorren bosques frondosos con ejemplares de cientos, incluso miles de años, son parte de la “monotonía” de un paraíso natural donde la belleza nunca descansa.

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Uno de estos lugares mágicos es el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, en la sección pirenaica central que traza la provincia de Huesca, un paisaje abrupto protegido, por ser uno de los más antiguos y espectaculares de Europa, honor que le ha valido ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1918.

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. / Istock / TONO BALAGUER

Un espectáculo natural 

Bajo la imponente sombra del macizo calcáreo más alto del continente, el parque se extiende a las faldas del pico Monte Perdido, de 3.355 metros de latitud, en un paisaje de alta montaña dominado por un bosque de encinares y quejicos, pero también impresionantes hayedos, abetos, pinos, y extensiones de pradera de un verde intenso.

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. / Istock

Hogar del quebrantahuesos, este rincón de la península recoge además imponentes sectores como el cañón de Añisclo, fruto de la presión erosiva del río Bellos; la Garganta de Escuaín, el sector más pequeño y salvaje; o el Valle de Pineta, de origen glaciar, ancho e imponente, enmarcado en un cuadro de crestas de naturaleza caliza, encabezadas por el Circo de la Pineta.

Cascada sobre el río Arazas, Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Cascada sobre el río Arazas, Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. / Istock

Pero el más conocido y espectacular, se eleva en el Valle de Ordesa, con su emblemático perfil en U, fruto del paso del tiempo y la erosión glaciar que le precedió. A sus pies, el río Arazas genera saltos de agua en un descenso marcado por juegos naturales como las Gradas de Soaso o la magnífica Cola de Caballo, un espectáculo visual surcado por una red de rutas y senderos que permiten conocer su belleza desde la raíz.

Valle de Ordesa, Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Valle de Ordesa, Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. / Istock

La ruta por excelencia de Ordesa y Monte Perdido

“Sin duda una de la más completas de Ordesa”, así define el propio parque la Ruta de los Cazadores, un camino circular desafiante de unos 18 kilómetros que expone, a lo largo de un paseo de unas 5 o 6 horas de trayecto, algunas de las mejores vistas del enclave oscense.

Desde la Pradera de Ordesa, el sendero asciende a lo largo de una panorámica de acantilados en un zigzag empedrado hasta el mirador de Calcilarruego y, siguiendo la señalización, hasta el circo de Soaso y las puertas al impresionante abanico blanco de agua que domina la imagen por excelencia del parque: la cascada de cola de caballo, 54 metros de caída de agua a 1.755 metros de altitud en un dibujo trenzado que resbala por la superficie de piedra.

Cascada de Cola de Caballo, Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Cascada de Cola de Caballo, Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido / Istock

Desde aquí, continúan las vistosas gradas de Soaso, el paso por un bosque de hayedos perfecto para un descanso de sombra y la pradera que nombra el parque, que continúa hasta las cascasdas del estrecho y la cueva, siempre siguiendo la pista del trazo del río Arazas. Llegados a este punto, el camino lleva hasta la cascada de Arripas y, por fin, el regreso hasta la pradera, en una de las rutas más exigentes, pero también más impresionantes, del conjunto nacional.

Además, dependiendo de la época y la cantidad de gente que conforme esta escapada, no es raro encontrarse con la fauna local, ya sean diferentes ejemplares de aves rapaces, rebecos, marmotas, tritones o, en menor medida, una de las especies protegidas locales más complicadas de avistar que, igualmente habitan la zona: el urogallo.