La calle con el nombre más complicado de Madrid se nombró en honor al autor de ‘Los amantes de Teruel’
La calle en cuestión no llama la atención por su importancia o por ser un emblema de la ciudad, pero sí que se trata de un curioso rincón muy característico y con un homónimo que llama la atención.

Es un detalle que se hace curioso para los de fuera el cómo los madrileños conocen tan bien su ciudad. Es un orgullo para ellos, al dar indicaciones, citar una docena de calles, barrios, esquinas y monumentos, en ocasiones haciendo mención también de lo que se encuentra cerca, poniendo cara de sorpresa cuando no sabes ubicar la calle Huertas o el paseo del Pintor Rosales. Sin embargo, existe una calle en el barrio de Chamberí, por supuesto conocida, y que sin embargo, son pocos los locales que podrían decir correctamente su nombre.
Siguiendo la rúbrica de cuanto más, mejor, es posible que la dirección se complete citando la intersección de las calles Fuencarral y Palafox. En sí mismo, es un lugar sin nada destacable, con un marcado encanto castizo. Se encuentra en uno de los puntos calientes del barrio, dando salida a una de las avenidas de mayor bullicio de todo el barrio, con restaurantes, cines, librerías y tiendas de todo tipo.
La historia detrás del nombre
El nombre de esta calle se puso en honor a Juan Eugenio Hartzenbusch, dramaturgo y académico de la lengua que vivió durante el siglo XIX. Su carrera, aunque prolífica, destaca sobre todo por ser el autor de la tragedia Los amantes de Teruel, por la que pasó a la historia y fue homenajeado en la ciudad que vivió toda su vida con una placa dando nombre a esta calle.

Su vida es la típica historia de superación, en la que los vaivenes familiares le hicieron tener que trabajar duro para contar con una educación superior, algo muy poco común en la época. Hijo de ebanista, tuvo que abandonar el taller de su padre por los problemas fiscales que este último mantenía, saltando de un lugar a otro y dedicando sus ahorros a los libros y las entradas de teatro. Una vez introducido en el mundo de las letras, su vida tampoco fue un camino de rosas, no sería hasta el estreno de su obra más famosa, Los amantes de Teruel, cuando alcanzó renombre y le permitió dedicarse por entero a las letras.
Diez años después del estreno de su obra, en 1847, ingresaría en la Real Academia de la Lengua Española ocupando el sillón de la letra ‘elle’ minúscula. Los que lo conocían hablaban de él como alguien metódico y muy dispuesto con su trabajo y defensor de sus ideales. Ocho años después de su muerte, en 1886, cuando el ayuntamiento de Madrid honró su memoria dedicándole una calle, que anteriormente tenía el nombre de Moreno Rodríguez.
La calle más difícil de pronunciar
El motivo de un apellido tan peculiar se entiende por los orígenes de este personaje. Aunque nacido en España, su padre era de origen alemán afincado en Cuenca y arruinado durante la Guerra de Independencia. Su legado está presente en el mundo de la literatura española como una huella imborrable y, por si fuera poco, con una curiosa calle que, como suele pasar con ese tipo de honores, poco tiene en común con el homenajeado más que el nombre.
Por el contrario, se trata de una típica calle madrileña, representativa de lo que siempre ha sido el barrio de Chamberí; un lugar para la clase media, lleno de comercios de toda la vida. En ella podrás encontrar desde el mítico restaurante Mayvi, conocido por sus tortillas; la administración de Loterías y Apuestas del Estado número 27 y una colección de balcones de hierro forjado al más puro estilo madrileño.
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