Las calas más vírgenes de Murcia

Aunque su costa se asocia injustamente al urbanismo desmedido, existe en esta comunidad un rincón puro e incontaminado, tan sólo con el Mediterráneo ante los ojos.

Noelia Ferreiro
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Foto: kamira777 / ISTOCK

Sin construcciones a la vista, tal y como fuera en sus orígenes. Delante, el mar infinito; detrás, un paisaje semidesértico de salinas blancas y dunas fósiles, de bosques de pino carrasco y sabinas moras. Este lugar está en Murcia y es su rostro más salvaje. Un conjunto de largas playas amarillas y calas escondidas que brindan la intimidad perfecta para desconectar del mundo.

Se llama Calblanque (en su nombre extendido Parque Regional de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila) y es un rincón de milagrosa virginidad, teniendo en cuenta que se emplaza en un entorno acosado por el desarrollismo, a pocos kilómetros del Mar Menor.

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En esta otra Murcia en la que cabe la palabra paraíso, el Mediterráneo se mantiene puro e incontaminado. Porque, aunque muchos no lo sepan, se trata de un espacio natural portentoso con uno de los ecosistemas más valiosos del levante español. Pese a que su perfil se asemeja al de un desierto, en sus pliegues se esconde una inmensa variedad botánica.

Calblanque abarca una franja de apenas dos decenas de kilómetros a la que se llega por la autovía de Cartagena a La Manga. En este espacio tan sólo dos diminutas poblaciones testimonian el paso del hombre: Cobaticas y La Jordana. El resto no es más que un conjunto de medias lunas de arena y mar, resguardadas por sierras semiáridas. Pequeños macizos donde crece una vegetación extraña, a la que los expertos han denominado iberoafricana.

Para la visita a este parque se recomienda pasar por el Centro de Atención al Visitante Las Cobaticas. Una casa tradicional en la que se aloja el área interpretativa del lugar, junto a un discreto jardín botánico que guarda endemismos de la zona. Aquí no solo se puede obtener información sobre estos parajes, sino que también se organizan rutas guiadas a las dunas fósiles y a las salinas de los alrededores.

Playa Larga. | Lalocracio / ISTOCK

En cuanto a las playas, el gran reclamo de Calblanque, se puede optar por la más accesible, la llamada Playa Larga, que aparece junto al aparcamiento, completamente rectilínea en sus tres kilómetros de arena dorada, frente a la cual crecen extensas praderas de posidonia. Es un buen lugar, casi siempre sin corrientes, para darle a las gafas, las aletas y el tubo, y descubrir un vergel submarino a pocos metros de la orilla.

Pero existen otras calas con un carácter más íntimo. Por ejemplo Negrete y Parreño, en el oeste, cerradas por crestas rocosas y declaradamente naturistas. Aquí encontramos una suerte de paisaje lunar de piedra y agua con una luz espectacular a la hora del atardecer: es entonces cuando las colinas del Cabezo de la Fuente –así llamado por el manantial de su cumbre- se vuelven anaranjadas.

Playa Negrete. | GavinD / ISTOCK

Está también la playa que toma el nombre del lugar, la de Calblanque, rodeada por las dunas fósiles más valiosas de Murcia, a donde acuden los windsurfistas para cabalgar el suave oleaje. Y, más escondidas, las calas del Barco y De las Mulas, a las que sólo se puede llegar en bote o a pie tras una media hora de paseo.

Sin embargo, ninguna resulta tan pintoresca como la cala de los Déntoles –conocida también como cala Dorada- donde la tierra exhibe una riqueza cromática propia del lienzo de un pintor impresionista. Un fuerte contraste entre dos tipos de roca (una negra, llamada esquisto; y otra blanca, llamada eolianita) le confiere un aspecto de lo más singular.