Bruselas se vuelve surrealista

Se cumplen 50 años de la muerte de René Magritte y la capital belga acoge varias muestras sobre su universo onírico, paradójico, perturbador

Noelia Ferreiro
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Foto: querbeet / ISTOCK

Pipas, bombines, paraguas y ese cielo celeste salpicado de nubes esponjosas. Cosas que son pero que no son. Paradojas visuales. Imágenes que se alejan del concepto. Y viceversa. Es el mundo de René Magritte, el máximo exponente del surrealismo, el pintor que cuestionó la percepción de la realidad con sus obras ingeniosas y provocadoras.

Este año se cumple medio siglo de su fallecimiento y la capital belga lo celebra por todo lo alto con una serie de exposiciones encaminadas a honrar la figura de su hijo predilecto. Exposiciones que exhiben sus piezas principales pero también las de otros artistas que absorbieron su influencia, que ofrecieron una mirada diferente capaz de generar tanto misterio como poesía.

"Le Modele Rouge", Magritte. | René Magritte

Bruselas, donde este pintor nacido en la localidad de Lessines vivió sin embargo la mayor parte de su vida, y donde también desarrolló su trayectoria profesional, luce ahora más surrealista si cabe. Y el primer acontecimiento en demostrarlo es la muestra Magritte, Broodthaers y el arte contemporáneo que hasta el 18 de febrero se podrá contemplar en los Museos Reales de Bellas Artes. 150 obras de estos dos amigos, cultivadores del movimiento, así como de otros artistas que recogieron su testigo. Entre ellos, Andy Warhol, Jasper Johns o Robert Rauschenberg

Será ocasión de admirar sus piezas más emblemáticas. Por ejemplo, Magia negra, El imperio de la luz o la serie La traición de las imágenes, con la famosísima Esto no es una pipa (Ceci n'est pas une pipe), donde explotó su capacidad de divergir la realidad: ¿acaso se puede fumar una pipa pintada? Un cuadro, uno de los más icónicos del siglo XX, que ha sido cedido por el museo californiano Lacma para semejante homenaje.

La exposición está relacionada, además, con el propio Museo Magritte, integrado en el mismo edificio de la Place Royal. Aquí descansa la colección más grande del mundo dedicada al artista belga, del que también se conserva alguna obra (copias, más bien) en el lugar donde fueron concebidas: su casa de la Rue Esseghem, hoy reconvertida en museo, donde se pueden contemplar documentos de las reuniones del movimiento, así como esbozos originales y elementos cotidianos que aparecen en sus lienzos.

'El donante feliz', Magritte. | René Magritte

Para concluir con la estela surrealista, el Atomiun, otro de los emblemas de Bruselas que también tiene una carga controvertida, acoge otra interesante exposición:  Magritte. El Atomium conoce el Surrealismo, donde se recorren a fondo diez de sus cuadros con reproducciones gigantes y decorados en 3D. Y donde, con didáctico humor, se analizan algunos de sus motivos recurrentes tales como la manzana verde.

Con todos estos eventos culturales la ciudad rinde un extenso homenaje a su artista fetiche. El de la realidad incongruente, las connotaciones sexuales y los pensamientos ocultos: “el arte de pintar es el arte de pensar”, decía. El de los secretos perdidos de la creación. El de las imágenes que no tienen respuesta sino solamente preguntas.