Bodegas bajo suelo en Ribera del Duero

Aranda de Duero alberga una red subterránea de bodegas medievales en una de las regiones emblema del vino español.

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Foto: Grupo RV Edipress

Ribera del Duero es sinónimo de vinos insignia del panorama español. En los aledaños burgaleses que riega el Duero, desde hace siglos, las cepas han encontrado el hogar perfecto para dar lo mejor de sus frutas. Conviviendo con la introducción acertada de la merlot, malbec o cabernet sauvignon, la variedad tempranillo se ha coronado como reina en este territorio donde el vino es tradición, pasión e historia viva. El mosto sabroso que de ella se extrae, sumado a la sabiduría y el cariño con el que los bodegueros cuidan la vendimia y la crianza en madera, hacen que al abrir una botella etiquetada con el sello de la D.O. Ribera del Duero se tenga la certeza de acierto seguro en copa, incluso antes de catarlo.

Aranda de Duero, además de ser la capital geográfica de esta región enológica, es una de las localidades que se circunscriben a la “Milla de Oro” de Ribera del Duero, formando un paisaje de vastos campos de vides y fastuosas bodegas donde se trabaja duro para contentar a partes iguales a la nariz y al paladar. Es en esta población, cargada de monumentos históricos, donde se desliza por más de 7 kilómetros una bodega donde el vino maduraba en el subsuelo.

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La historia historia subterránea del vino

Uno de los mayores atractivos turísticos de la villa de Aranda tiene más de 8 siglos y se ubica bajo el empedrado de sus calles

Los viticultores castellanos de la Baja Edad Media construyeron una red subterránea de bodegas con el fin de mejorar tanto el almacenamiento como la producción enológica, debido al aumento de los pagos de viña que experimentaron en la época.

Conocedores de la delicadeza del vino y siendo conscientes de su evolución constante como ser vivo, proyectaron una obra de ingeniería excavando cuevas (de 9 a 12 de metros de profundidad) donde dejar reposar el líquido extraído de la vendimia hasta su maduración completa, sin que la humedad, el movimiento o las vibraciones pudieran alterar este complejo proceso bioquímico. 

Así, bajo un suelo excavado en un estrato arenoso y permeable, coronado por bóvedas de un estrato superior más compacto, la geografía arquitectónica de la bodega se distribuye en distintas estancias: zarceras o respiraderos, sumideros o pozos de desagüe, fresqueras, etc. Así, las barricas y demás recipientes de conservación, albergaban en su interior litros de esta preciada bebida a una temperatura constante, entre 11 y 13º

Recorriendo estos pasadizos es posible detectar el cambio de materiales así como estructura arquitectónica que las bodegas han vivido a lo largo de los siglos, dejando patente la influencia de las distintas épocas y estilos artísticos que se han sucedido desde el siglo XII.

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Para calmar la sed de conocimientos del universo de la vitivinicultura, el Centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino en la Bodega de "Las Ánimas” ofrece al visitante toda la información necesaria. El centro recrea las diferentes actividades y trabajos relacionados con la elaboración del vino de forma tradicional, con audiovisuales, esculturas humanas a tamaño real, maquetas y elementos etnográficos del mundo del vino.

La experiencia de inmersión en el vino no estaría completa sin un maridaje adecuado. Para ello, el lechazo asado, plato estrella de Aranda de Duero se ofrece como acompañamiento perfecto a la copa. Sus Jornadas del Lechazo Asado son una experiencia imprescindible como broche gastronómico en este municipio de Burgos.