Asturias de leyenda

Misteriosa, legendaria, generosa, mítica.... Guardiana de inmensos tesoros, con una tradición viva de historias milenarias y de leyendas. Paisajes fantásticos que impresionan y arrullan al visitante; reflejo de una espiritualidad y de una expresión artística sobrecogedora. Asturias es el reino de la serenidad y de la paz, y de la magia.

Texto: Regina Buitrago. Fotos: Gonzalo Azumendi
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Foto: Gonzalo Azumendi

La magia y el misterio que encierra el Principado de Asturias son innegables. Sus mitos son parte de su esencia. Sus habitantes, desde la Prehistoria hasta los tiempos medievales, han dejado huellas singulares en esta región de mar y de cumbres, de bruma y de sol, en forma de relatos narrados en imágenes y leyendas. Si el recorrido comenzara por el no suficientemente escrutado occidente de Asturias, hallaríamos indescifrables mensajes del pasado en las calizas y pizarras que jalonan su territorio. Algunos, en los petroglifos y cazoletas del conjunto tumular de El Canadeiro (Grandas de Salime), perteneciente a la Edad del Bronce. Curiosas figuras, antropomorfas y laciformes, que comparten espacio con unos llamativos huecos excavados en las rocas. El significado de estos enigmáticos trazos aún se desconoce.

A pocos kilómetros, en Chao San Martín, convivieron, posteriormente, dos culturas: la castreña y la romana. Aquí, los redondeados muros de pizarra del castro se convirtieron en el entorno de una domus, abandonada a finales del siglo II d.C. Mientras, los romanos explotaban las antiguas minas de oro de Valabilleiro que se surtían de las aguas procedentes de la sierra del Acebo, canalizadas a través de un recóndito y frondoso desfiladero donde se halla Peña Furada, una formación rocosa excavada hasta conseguir dos sorprendentes túneles para el discurrir del canal minero.

A algunos kilómetros, la imponente presa de Grandas de Salime, en cuya coronación no será difícil encontrar algún peregrino que cruza el emblemático puente, sabedor de que se enfrenta a la etapa más dura del Camino Primitivo de Santiago, antes de cruzar la frontera con la vecina Galicia. Algo más al norte, la suave fuerza de la Naturaleza se despliega en la Comarca de Oscos-Eo, donde sus colores se entrelazan en un espectacular mosaico cromático -el verde de sus bosques, el negro del carbón, el rojo de la forja y el cristal del agua-, escenario de todo tipo de leyendas. Un buen ejemplo sería el maravilloso paseo hasta la Seimeira (cascada) a través de alguna aldea perdida y de un tupido bosque de castaños centenarios que serpentea las aguas del río Aguéira, en cuyos remansos no sería difícil imaginar la dulce llamada de las mitológicas xanas (hadas asturianas). Al final, el repiqueteo del mazo de la forja de Mazonovo nos transporta al paisaje inicial de nuestro pasado ignoto. Adentrándonos hacia el corazón montañoso de Asturias, en el centro-occidente, se encuentra el Camín Real de la Mesa, una de las calzadas prerromanas más antiguas de España.

Es esta una tierra de ancestrales y singulares creencias como las que se muestran en las ilustraciones de los hórreos del concejo de Quirós, como arte protector del campesinado. Son geometrías, ángeles, casetones y símbolos solares que aparecen pintados o grabados en liños, colondras, puertas y esquinas de los antiguos hórreos quirosanos del siglo XVI. ¿Quiénes serían los autores de esas pequeñas obras de estarcido? Misterios artísticos y naturales como la del tejo de Bermiego, que crece, desde hace siglos, en una de esas aldeas recónditas del concejo de Quirós, protagonizando una escucha casi eterna. Es el más antiguo de Europa. Solitario y digno, los estudiosos lo vinculan a los celtas y a los romanos, a los párrocos y a los vecinos. Sus agujas, poseedoras de un componente tóxico o medicinal, según su uso, eran tan temidas como codiciadas.

Oviedo, la capitalidad del espíritu

Ya en el Medievo francés se decía aquello de... "Quién va a Santiago y no visita al Salvador, visita al criado y no al señor", refiriéndose a la Catedral de Oviedo como comienzo del Camino de Santiago. A esta Catedral de San Salvador, testigo gótico de idas y venidas, se la denomina Sancta Ovetensis por la gran cantidad de reliquias que posee. Es, después de la de Toledo, la más importante de España en este sentido, y la única basílica gótica que tiene una sola torre, en este caso dedicada a Santa Bárbara. Todo son peculiaridades superlativas, pues en su venerada Cámara Santa, Patrimonio de la Humanidad, se encuentra una de las reliquias más valoradas del mundo católico: el Santo Sudario, paño que, según la tradición, cubrió el rostro de Cristo al ser descendido de la Cruz. Su existencia viene recogida en el Acta de Apertura del Arca Santa, entre las 82 reliquias que allí se guardaban. Entre los testigos de aquel día de 1075, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, como así se atestigua el vetusto documento. Ya en el claustro gótico se sienten las misteriosas potencias celestiales como protección de las puertas del cielo.

Entre los muros de la Basílica, aún sin ser hallada, se dice que se guarda la legendaria casulla del obispo toledano San Ildefonso, impuesta al santo por la Virgen. Y presidiendo secretos y certezas, la imagen románica del Salvador que sostiene en sus manos el enigmático orbe isidoriano.

También en Oviedo están los frescos de la iglesia prerrománica más grande de España y probablemente del mundo, la de San Julián de los Prados (S IX), que exhibe desde sus muros la pervivencia de Roma en Asturias. Son los únicos de su época que muestran la imagen de lo que habría de ser la decoración de un palacio romano. Sus cortinajes, edículos e iglesias coloreados en ocre, rojo y un peculiar negro-azulado obtenidos de pigmentos minerales forman parte de un decorado ilusionista. Todo símbolos, ningún personaje. En lo alto de sus paredes, interpretadas como arcos de triunfo, la Cruz anicónica de San Juan, con el alfa y el omega y dos iglesias representando a las ciudades de Belén y Jerusalén. Una exclusividad artística que es también Patrimonio de la Humanidad, como la gran parte del Prerrománico asturiano.

El luminoso y telúrico oriente

En el recorrido por el Principado Asturias no puede faltar la visita al mágico oriente, donde son omnipresentes los fervorosos mensajes y la naturaleza entregada. En los muros del románico Santuario de Lugás (Villaviciosa) cuelgan parrillas llenas de exvotos. Entre ellos, dos vestidos de niña que pertenecen a la misma familia. Fotos, piernas y brazos de cera, algunos de mediados del siglo XIX... ofrendas materiales para peticiones curativas. Una antigua tradición implantada en este santuario mariano del siglo XII, asentado sobre un castro y cuya ubicación desprende las vibraciones de un lugar telúrico.

Y si de escenarios trascendentales se trata, Asturias no se entendería sin hablar de Covadonga, enclave considerado como el origen del Reino Astur, escenario perfecto para recrear la Batalla de la Reconquista comandada por el primer rey de la monarquía asturiana: Don Pelayo. El monte Priena, la Basílica con su característica caliza rosada y el Santuario constituyen uno de los hitos obligados para la visita al Principado. A sus pies, el antiguo camino de los peregrinos que culminaba en las proximidades de la Santa Cueva, y una sonora cascada, cuyas aguas refrescaban a los caminantes. Horadada de manera natural en el monte Auseva está la gruta del Santuario de la patrona de Asturias: la Virgen de Covadonga, cariñosamente conocida como La Santina. Presidiéndola, una delicada talla gótica de madera de roble, del siglo XVI, donada por el Cabildo de la Catedral de Oviedo tras el incendio que asoló la capilla en el siglo XVIII. VIAJAR la muestra en su originalidad, sin el habitual manto y corona que cubren a la Virgen y al Niño, añadido en el siglo XVIII, y que les confieren habitualmente una presencia más imponente. La imagen de La Santina, en su más pura esencia, como icono de un fervor y una curiosidad que invitan a la visita respetuosa.

Como complemento, la imprescindible subida a los Lagos de Covadonga. Y es que, a tan solo 12 kilómetros del Santuario, en el fascinante entorno de los Picos de Europa, Reserva Mundial de la Biosfera, se encuentra una de las cuevas donde se produce uno de los quesos más exquisitos del mundo: el Gamonéu. En las grietas del macizo occidental de los Picos se encierran los secretos más codiciados por los gourmets. Leche de vaca, de oveja y de cabra que pastan en sus praderías se funden, se ahúman en las cabañas y se maduran en las cuevas con el primor que otorga la oscuridad, la humedad y la vigilancia de la caliza.

A pocos kilómetros de allí se encuentra el Monasterio de San Pedro de Villanueva de Cangas de Onís, en cuyos capiteles se ofrece toda una crónica románica de despedidas y la descripción de algunos pecados. A lo largo de los años se sucedieron diferentes edificios sacros que han conferido al conjunto, actualmente un Parador, una interesante mezcla de vestigios arquitectónicos. Labradas en los capiteles y canecillos de la iglesia del siglo XII hay inusuales escenas que no dejan indiferente a nadie, como mensajes ad eternum. El capitel de El Beso, interpretado como la escena de la despedida del rey Favila a su esposa Froiluba; los canecillos de carácter erótico, aleccionadores contra los pecados de la lujuria, o imágenes de cacerías son algunas de las temáticas que se pueden admirar en este conjunto románico.

Y como icono del Principado, amén de otras especies como el urogallo o el oso pardo, el ancestral asturcón. Exhibiendo orgulloso su paso portante (tranco simétrico), este peculiar pony se muestra tal y como es: bello, poderoso y ligero. Utilizado por los celtas, también Plinio les mencionaba en el siglo I a.C. y numerosos personajes romanos conocieron su buena disposición para el trabajo y el paseo, y tampoco resulta difícil imaginárselos entregados a los trabajos de las minas de oro. Su hábitat original fue desde siempre la Sierra del Sueve, y aunque sufrieron amenaza de extinción, en la actualidad existen ejemplares en toda Asturias.

Hitos, mitos, historias reales y un sinfín de leyendas tejen, desde el pasado más remoto, ese magnético tapiz cultural, natural y espiritual que representa el Principado de Asturias.

Patrimonio religioso, natural y gastronómico

La historia y el mito, la religión y la magia, conviven en Asturias desde tiempos inmemoriales. Este atractivo misterioso está, además, adornado por su riqueza natural y artística, reconocida como Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera. Así, seis de sus cuevas con arte parietal muestran un contenido simbólico que siempre sorprende. Igualmente, para descifrar mejor el origen del Reino de Asturias, en el sentido religioso, es esencial la visita al Santuario de Covadonga. En el ámbito artístico, es imprescindible contemplar de cerca el excepcional Prerrománico asturiano. E indispensable el conocimiento del Camino de Santiago del Norte (el Primitivo y el de la costa) y su legado de exclusivas reliquias que conlleva, como el Santo Sudario de Cristo, admirable en la Catedral de Oviedo. Otros iconos de este mágico Principado son sus hórreos, peculiares manifestaciones arquitectónicas que, además de servir para guardar las cosechas, esconden otros secretos. Asturias es también la "mancha quesera" más grande de Europa, produciendo cuarenta tipos de quesos, de los cuales, para muchos, el Gamonéu, elaborado en los Picos de Europa, es el rey.