Asturias y Cantabria: 25 hoteles rurales para la escapada perfecta

Montañas, cuevas, playas, bosques, caminos. Algunos son auténticos secretos y otros, los principales atractivos naturales de dos regiones pintadas de un mismo color. Contemplar el horizonte siempre verde desde las ventanas de los muchos alojamientos rurales que inundan sus pueblos y valles puede ser la mejor de las experiencias cuando lo que más apetece es respirar aire puro.

Silvia Roba
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Foto: D.R.

La pradera es un arpa de hierba, que recopila y cuenta, un arpa de voces que recuerdan una historia. Escuchemos.” La cita pertenece a una novela de Truman Capote cuyo título sirve como nombre a uno de los hoteles rurales más exquisitos de Asturias, Arpa de Hierba, a los pies de la sierra del Cuera. Muchos mimos y una atención personalizada es lo que brinda este alojamiento situado en plena naturaleza. Sus propietarios trabajan con un único objetivo: intentar hacer felices a todas aquellas personas que los visitan. Sus ocho habitaciones son muy distintas y, como el resto de espacios, están decoradas con papeles pintados ingleses y muebles de inspiración francesa, que consiguen crear un ambiente realmente acogedor.

Hotel Rural Arpa de Hierba La Pereda, Llanes (Asturias)  | D.R.

Aquí se sigue una máxima que nunca falla: “Un buen día comienza con un buen desayuno”. Zumo de naranja natural, huevos revueltos, hogaza de pan recién hecho para tostar, embutidos y bizcochos caseros así lo demuestran. Para después queda recorrer el entorno. Estamos solo a tres kilómetros de Llanes, en el oriente asturiano, una cuña de tierra verde y caliza que encierra auténticas maravillas. Descubrirlas es algo a lo que nos invita La Montaña Mágica, una vieja granja rodeada por una inmensa finca en la que vive un pequeño grupo de asturcones, una de las razas de caballos más antiguas de Europa. El hotel pone a disposición de sus clientes bicicletas para conocer las inmediaciones e información detallada sobre itinerarios para realizar a pie. Entre ellos, el paseo en torno a la dolina de Cuanda, la subida al Pico Castillo de Rales o un recorrido por el conjunto kárstico de Samoreli.

Hotel El Jardín de Carrejo Carrejo (Cantabria) | D.R.

El canto de los pájaros, el aroma fresco del campo a primera hora de la mañana o los intensos colores del atardecer sobre los Picos de Europa son algunos de los regalos que cada día ofrece de forma espontánea a sus huéspedes La Casona de Abamia, en lo alto de una ladera, con vistas a los paisajes que se extienden alrededor de Cangas de Onís. El edificio principal conserva las líneas arquitectónicas típicas de la zona y las habitaciones gozan de grandes ventanales que animan a salir a conocer lo que queda más cerca. Quizá los lagos de Covadonga, imprescindibles para quienes llegan por primera vez a Asturias. Así lo recuerdan en Heredad de la Cueste (lacueste.com), casa típica asturiana sobre una pequeña loma que se asoma a los Picos de Europa. Edificada en piedra, con suelos de madera, dispone de seis habitaciones, dos de ellas abuhardilladas, biblioteca, filmoteca y un comedor habilitado para desayunos y cenas.

ARTIEM ASTURIAS Quintueles (Asturias) | D.R.

Ravioli de centollo del Cantábrico, pitu de caleya guisado, tarta de queso con sidra y frutos rojos… La carta del restaurante del Castillo del Bosque La Zoreda  está repleta de delicias como estas, elaboradas con la mejor materia prima local. La gastronomía es, sin duda, uno de los grandes atractivos de este hotel, a solo cinco kilómetros de Oviedo, en el corazón de un bosque donde abundan las hayas, los robles y los castaños. No es esta una fortaleza, sino un palacio de principios del siglo XX, con torreón almenado, eso sí. Es ahí donde se ubica la suite, dividida en tres plantas, en la última de las cuales los clientes pueden disfrutar de un jacuzzi bajo el mismo cielo. El hotel cuenta con su propio spa, en el que es posible seguir un completo programa de tratamientos de belleza y relax.

CASTILLO DEL BOSQUE LA ZOREDA La Manjoya, Oviedo (Asturias) | D.R.

Relajación es, precisamente, lo que persiguen quienes se alojan en Artiem Asturias, al estilo de un club de campo en un tranquilo paraje a menos de 10 minutos de Gijón, El Gran Sueño, una tradicional casa de aldea asturiana con cinco habitaciones y un diseño interior muy actual, y Puebloastur, en el valle del Sueve. He aquí un concepto de alojamiento innovador, ya que se trata de un pueblo reconvertido por entero en resort rural. Entre sus límites geográficos hay un hotel, con habitaciones con terrazas panorámicas, dos restaurantes que apuestan por el producto de proximidad, y un centro wellness, el Spa Nature, con sauna finlandesa y un pozo de agua fría en el exterior.

EL GRAN SUEÑO Pintueles, Piloña (Asturias) | COLIN N. PHOTOGRAPHY

En la misma comarca aguarda La Casona del Viajante, una casa de indianos desde la que se pueden seguir algunas rutas de interés, como las que conducen a las Foces del Río Infierno. Sus habitaciones especiales son las preferidas por las parejas.

La atrevida combinación de arquitectura moderna y tradicional asturiana del Hotel Rural 3 Cabos hace que este sea un alojamiento singular. Lo que durante mucho tiempo fue una casa en ruinas con más de un siglo de vida es hoy un remanso de paz a tan solo siete kilómetros de Luarca, desde cuyos ventanales, orientados al Cantábrico, es posible divisar los cabos de Busto, Vidío y Peñas. Cuenta con cinco habitaciones, aunque también es posible pasar la noche en un caserón de piedra independiente con capacidad para seis personas.

EL AZUFRAL Cambarco (Cantabria) | Eduardo Arranz

No demasiado lejos de la que es una de las más hermosas villas marineras de la costa occidental encontramos dos establecimientos que garantizan la intimidad de sus clientes: el Hotel Rural Cantexos, una casa con más de cien años rodeada por una extensa finca, y Torre de Villademoros, un hotel construido a partir de una típica casona solariega del siglo XVIII ubicada junto a la torre medieval que le da nombre. En su interior, una suite y dos habitaciones aguardan a los viajeros más exigentes. En el jardín hay robles, castaños, tilos y cerezos. En el huerto, verduras y hierbas listas para dar aroma y sabor a los platos del restaurante.

EL BOSQUE DE LA ANJANA Selores de Cabuérniga (Cantabria)  | Sergio Marcos

De buenos sabores entiende mucho Pablo, alma mater junto a Bea de la Casa de la Veiga, que compagina su actividad en el hotel con la explotación de manzanos en una pumarada del valle de Sama de Grado. La parte más antigua de la casa data del siglo XVI, igual que el hórreo. El jardín es el lugar ideal para disfrutar de un atardecer cien por cien asturiano, con una sidra en la mano.

POSADA VILLA ESPERANZA Liérganes (Cantabria)  | D.R.

Comenzamos nuestro viaje por Cantabria en Cabezón de la Sal, donde espera a los viajeros El Jardín de Carrejo, un estupendo centro de operaciones para recorrer la región, situado como está entre el valle de Cabuérniga, el Parque Natural Saja-Besaya y la costa. Consta de un edificio principal levantado a finales del siglo XIX, con 10 habitaciones, y dos suites independientes en el jardín, el principal reclamo, gracias a su extensión (30.000 metros cuadrados) y a las 85 especies de árboles que en él habitan. Hay que perderse bajo su sombra… Para ello hay caminos y puentes, ya que un río cruza la finca.

LA CASONA DE ABAMIA Corao, Cangas de Onís (Asturias) | D.R.

Morada de vacas, cerdos y hasta de una burrita fue en otros tiempos ya lejanos La Riguera de Ginio, en la localidad cántabra de Ucieda, una cuadra del año 1880 que hoy alberga cuatro apartamentos rurales (con los nombres de Ponteo, Araos, Arcales, El Armugal) con diferentes capacidades, aunque, si así se quiere, puede reservarse entera. La biblioteca y el jardín son los rincones favoritos de los inquilinos para comentar la escapada del día, recomendada seguramente por los propietarios.

LA RIGUERA DE GINIO Ucieda (Cantabria) | D.R.

El descanso es un derecho y un placer, además de un arte. Eso es lo que piensan en El Bosque de la Anjana, en Selores, cuyo lema es “rompe con la rutina”. Una buena idea para lograrlo es salir en busca de hadas, que suelen aparecer al alba o justo a la hora del atardecer. Por si acaso no somos capaces de verlas, podemos soñar con ellas en las idílicas habitaciones —amarillas, naranjas, violetas— del hotel, con nombres de seres tan escurridizos como Lamia, Sílfide o Ninfa.

LA CASONA DEL VIAJANTE Villabajo, Coya, Infiesto (Asturias) | D.R.

Viajar, conocer, sentir… Para descubrir la Cantabria más profunda, la que espera más allá del angosto desfiladero de La Hermida, El Azufral es el sitio perfecto. Entre los Picos de Europa y la sierra de Peña Sagra, en la comarca de Liébana, a solo seis kilómetros de la localidad de Potes. Es ahí donde se alza, poderosa, esta posada que se divide en apartamentos y habitaciones con jacuzzi y terraza. En su restaurante podemos degustar una selección de recetas locales, desde los típicos cachopos hasta boronos con manzana o besucos lebaniegos.

POSADA SEIS LEGUAS Riocorvo (Cantabria) | D.R.

A orillas del río Besaya, en Riocorvo, uno de los pueblos más bonitos de Cantabria, la Posada Seis Leguas solo pretende ofrecer lo que aquí llaman “placeres sencillos”. Algo fácil de conseguir en esta preciosa casa colonial de hace más de un siglo, en cuya rehabilitación se han respetado al máximo elementos originales, como la madera noble y la piedra. Posee un amplio jardín con piscina, zona de jacuzzi, sala de lectura y ocho amplias y acogedoras habitaciones con nombres de árboles, una de ellas reservada para familias. Así, podemos pasar la noche en Cerezo, Limonero, Avellano, Abeto…

LA CASA DE LASTRAS Ogarrio (Cantabria)  | D.R.

Un lugar con vocación por el descanso y la calma, definición que le sienta muy bien a Villa Liguardi, en un balcón natural que mira al valle de Campoo, rodeada del inmenso bosque que cubre toda la base de la montaña del pico Liguardi. Robles y acebos circundan la finca donde está enclavado el hotel, con siete habitaciones. Próximo al campo de golf Nestares, es refugio de deportistas, como lo es también otra posada, Lindos Sueños, apenas a 10 minutos de distancia. Sus habitaciones, llenas de color, no pueden ser más alegres y románticas. Para comprobarlo basta con leer los versos escritos en el cabecero de una de las camas: “No me mires, que nos miran, nos miran que nos miramos, miremos que no nos miren”.

HOTEL RURAL CANTEXOS Luarca (Asturias) | D.R.

A solo unos pasos del Parque de la Naturaleza de Cabárceno (en el que se pueden ver desde bisontes hasta hipopótamos y dromedarios), en Liérganes, junto al palacio de la Rañada, Villa Esperanza encuentra acomodo en una casona de finales del siglo XIX. Por muy tentador que sea el paisaje dan ganas de no salir de ninguna de sus nueve habitaciones, cálidas y luminosas, cuatro de ellas de categoría superior con espectaculares vistas a las montañas de la zona y al citado palacio.

HEREDAD DE LA CUESTE Llenín, Cangas de Onís (Asturias) | D.R.

De estilo rústico, con paredes de piedra, son las de La Corralada, en el mismo entorno. Se trata de una casa montañesa con más de dos siglos de antigüedad que conserva detalles arquitectónicos de aquellos años. También han sido recuperadas con esmero La Posada Los Lienzos, en la localidad de Puente Viesgo, que ha sabido hacer un hueco al arte moderno gracias a la dueña de la casa, una joven artista cántabra, y La Casa de Lastras, en el valle del Asón, cerca del nacimiento de este río que desemboca en el Cantábrico, con su espectacular cascada, y cuevas como las de Covalanas o Cullalvera. La casa, con siete habitaciones, se alquila entera.

LA CORRALADA Liérganes (Cantabria) | D.R.

Para quienes necesiten sentir la brisa marina un poco más cerca una buena sugerencia es la Posada de Somo, al otro lado de la bahía de Santander. Un hotel que brinda privacidad máxima a quienes se alojen tanto en sus suites como en sus villas, con jardín de uso exclusivo para clientes y jacuzzi en la habitación. Para que el descanso sea total, ofrece una completa carta de masajes entre los que destaca el especial de la casa, diseñado para que fluyan los sentidos. Aquí, en el norte de la Península, entre verdes y azules, no resulta complicado.