Andy Warhol asomado sobre el río Júcar

Arte contemporáneo y sobriedad castellana son las notas dominantes de una ruta por el casco viejo de Cuenca, un puñado de calles donde descubrir miradores solitarios con vistas imposibles sobre el río Júcar o incluso un cuadro de Warhol en un antiguo convento de monjas carmelitas.

Carmen Dorr

Delimitado por las hoces de los ríos Júcar y Huécar, el casco viejo de la ciudad manchega de Cuenca forma un trazado urbano irregular, lleno de callejones y rincones escondidos. En la década de los 60 del siglo pasado, una generación de artistas convirtió este barrio en eje del llamado Grupo de Cuenca, un auténtico revulsivo en el panorama artístico español de aquel momento. La fama del Museo de Arte Abstracto, fundado en 1966 por el pintor Fernando Zóbel, resta visibilidad a otros espacios menos conocidos, pero de gran interés. Es el caso de la Fundación Antonio Saura (www.fundacionantoniosaura.es), que alberga una colección permanente de pintura, obra gráfica, libros y documentos del artista. Ubicada en la Casa Zavala, un magnífico palacio del siglo XVIII, también organiza exposiciones de autores emergentes. Otra parada recomendable es la Fundación Antonio Pérez, que emplea las dependencias de un antiguo convento para mostrar la impresionante colección (Chillida, Torner, Canogar y un sorprendente Andy Warhol) de este editor y mecenas, "coleccionista de amigos y objetos singulares", en palabras de Juan Marsé.

La cafetería El Aljibe, cuyo suelo acristalado permite ver las canalizaciones de una fuente medieval, es un sitio tranquilo donde reponer fuerzas antes de seguir explorando las calles más auténticas de Cuenca. El cercano Convento de los Descalzos, a pocos minutos a pie, está algo deteriorado y no forma parte del recorrido turístico habitual, pero atesora una antigua leyenda. Haciéndose pasar por una hermosa dama, el diablo tentó a un joven libertino que, al conocer la verdadera identidad de su enamorada, corrió a refugiarse en el convento y dedicó su vida a la oración. La Cruz del Convertido, que se alza delante del edificio, recuerda esta historia.

Pisto, ajoarriero y morteruelo son las especialidades más destacadas de la gastronomía manchega. Resulta obligado atreverse a probarlas en el Mesón Casas Colgadas (www.mesoncasascolgadas.com), un restaurante de merecida fama ubicado en una de las famosas casas del siglo XIV que se asoman sobre el río. La factura es abultada, pero el emplazamiento y la calidad lo valen. Otra opción es la popular Bodeguilla de Basilio?, en el límite entre la ciudad vieja y la nueva. Esta taberna, ambientada con fotos de la región a comienzos del siglo XX, es conocida por servir con las bebidas tapas tan abundantes -huevos de codorniz con jamón, chipirones con patatas panadera, sardinas a la plancha...- que el aperitivo se convierte en almuerzo.

Si apetece tomar una copa a la caída de la tarde, nada mejor que atrincherarse, siempre y cuando el clima lo permita, en la terraza del pub Los Clásicos?, que goza de unas vistas insuperables sobre las hoces del Júcar.

Para prolongar la noche, en el portal de al lado se encuentra otro bar, La Edad de Oro?, donde sirven cócteles y combinados al ritmo de los grandes éxitos de la historia del rock. La decoración es curiosa: la cabina del DJ se encuentra en una furgoneta California de los años 70 y de las paredes cuelgan divertidos y originales fotomontajes de los Rolling Stones en las Casas Colgadas o los Beatles cruzando la Plaza Mayor de Cuenca.

Llegada la hora de retirarse a descansar, resulta recomendable el céntrico Hotel Leonor de Aquitania (www.hotelleonordeaquitania.com). Cuenta con 46 cómodas habitaciones y buenas vistas del río en una casa palaciega del siglo XVIII (el precio de la habitación doble parte desde 50 euros, aunque si se pide con vistas y en fin de semana el precio sube hasta los 100 euros).