7 islas mediterráneas que visitar este verano

Islas griegas, francesas italianas o españolas que merecen una visita y, por qué no, una estancia más prolongada.

Ignacio Romo
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Por las aguas del mar Mediterráneo, que baña las costas de Europa, África y Asia, han navegado civilizaciones legendarias como los fenicios, egipcios, griegos, cartagineses o romanos. Gracias a esto, las numerosísimas islas del Mediterráneo combinan playas y calas inolvidables con un importante patrimonio cultural e histórico de los pueblos que las habitaron en el pasado, y de los que aún se pueden ver importantes vestigios que dejarán a más de uno con la boca abierta.

Creta

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Creta es la más grande de todas las islas griegas y la quinta más extensa del Mediterráneo. Su ubicación, al sur del mar Egeo, entre África y Europa, hace que su historia se narre con nombre propio: civilización monoica. Fue entre los siglos XVI y XV a.C. cuando esta civilización tuvo sus años de máximo esplendor, y de cuando datan algunos de los yacimientos más importantes de la isla como el de Agia Triada, muy cerca de Festos, otro conjunto arqueológico minoico. Agia Triada es en realidad una villa en la que se puede ver aún hoy el ágora, pavimentos de alabastro y pizarra, talleres, una escalara minoica o incluso el magaron del rey. Pero Creta es más que la civilización minoica y su historia. En la isla también se puede disfrutar de playas de ensueño. La región de Chania, al oeste de la isla, cuenta con algunas de las mejores, como es el caso de la playa de Elafonisi, una de las más famosas.

Córcega

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La francesa Córcega es una isla que destaca por sus bosques de pinos, sus rutas para hacer senderismo, sus montañas y sus más de 1.000 km de costa en los que encontrar playas de arena blanca y aguas cristalinas. Dos tercios de su superficie está catalogada como espacio natural protegido, lo que hace de esta isla un paraíso para los amantes de la naturaleza, aunque si destaca por algo es por sus cumbres, que llegan a superar los 2.500 metros de altitud. Sin duda, Córcega es un continente en miniatura donde encontrar todo lo que se desea.  Uno de los puntos a destacar es, además de la naturaleza y sus playas, la comuna de Bonifacio, una de las villas más pintorescas de la isla. Enclavada  en una pequeña península rodeada de acantilados, su ciudadela amurallada de época genovesa y su puerto natural hacen las delicias de los visitantes. El yacimiento prehistórico de Filitosa, el mirador  Îles Sanguinaires o el Museo de Bellas Artes –el segundo más importante de toda Francia– son otros de los imprescindibles de esta isla que fue la cuna de Napoleón Bonaparte.

Corfú

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Corfú es una isla griega situada en el mar Jónico, al noroeste de Grecia, muy próxima a la costa de Albania. De su geografía accidentada y montañosa destaca, sobre todo, el monte Pantocrátoras, un cerro de más de 1.000 metros de altura que divide la isla en tres zonas. En la parte norte abundan los olivos, los pequeños valles y las costas en forma de bahías. La zona central es la más poblada y urbanizada, y está recubierta de vegetación y frondosas colinas. Y el territorio sur, más estrecho, se caracteriza por una ser una gran llanura, con menos vegetación pero más fértil. La capital de la isla es la ciudad de Corfú, ubicada en la parte central de la isla y con un casco antiguo muy recomendable de visitar. La Acrópolis se halla en las colinas de Mon Repós y de Analipsi, y el templo más interesante es el de Hera. El Palacio Achilleion es otro lugar que el viajero tampoco debería perderse.

Ibiza

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La isla balear es famosa por su ocio nocturno, sus playas y su tradición hippie. Ibiza, de menor tamaño que Mallorca y Menorca, esconde en su interior lugares que bien merecen una visita. Sus calas, por ejemplo, son numerosas y muy bellas. Algunas de ellas están a rebosar de turistas, pero otras, si se busca bien, aún se mantienen vírgenes y desconocidas para la mayoría.  La ciudad de Ibiza, y su casco antiguo en particular, constituye también una visita obligada. A la vieja ciudadela, que es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se la denomina Dalt Vila, que significa ciudad alta. La puerta principal, o Portal de Ses Taules, flanqueada por dos estatuas romanas, recibe al visitante de forma majestuosa. Desde lo más alto de la fortaleza, en Los Baluartes, se puede disfrutar de una vista panorámica de toda la localidad.  Otras ciudades interesantes de ver son San Antonio, localizada en la costa oeste de la isla y famosa por las conocidas puestas de sol del Café del Mar, y Santa Eulalia, ubicada en la parte este de Ibiza, la zona más relajada y familiar de toda la isla, para los que buscan evadirse del ambiento nocturno. Otro de los atractivos de Ibiza son sus mercadillos hippies. El de Las Dalias y el Mercadillo de Sant Jordi son los más conocidos.

Cerdeña

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La italiana Cerdeña es la segunda isla de mayor tamaño del Mediterráneo. La isla posee pueblos y pequeñas ciudades que aún conservan restos de su pasado medieval, como es el caso de Alghero o Cagliari, la capital de Cerdeña, que además también disfruta de ruinas romanas de gran valor y una bonita catedral. Asimismo, en la isla se hallan multitud de rincones naturales de interés y algunas de las playas más espectaculares de Europa, como las ubicadas en la Costa Esmeralda, la playa de la Pelosa Stintino, la playa de Zafferano, Su Giudeu o Cala Goloritzé. Cerdeña es también un buen destino para los amantes de la arqueología: la isla posee numerosos yacimientos fenicios, nuragas y romanos. De entre todos ellos destaca la aldea nurágica de Barumini, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1997.

Rodas

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Esta isla del mar Egeo, muy cercana a Turquía, a apenas 15 kilómetros de la antigua región de Caria, es la capital de las islas del Dodecaneso. Rodas respira historia por todos lados: durante la época de la Grecia clásica el puerto de la isla gozó de una gran importancia comercial. Tan relevante era el puerto que allí se construyó la legendaria y enorme estatua del Coloso de Rodas en el año 292 a.C., aunque fue destruida por un terremoto pocos años más tarde, en el 226 a.C. La estatua, que representaba a Helios, dios del Sol, estaba colocada a la entrada del puerto, y por debajo de sus piernas circulaban los barcos antes de acceder al mismo. La isla, y en concreto la ciudad de Rodas, también posee también un importante pasado medieval, pues los Caballeros de San Juan se instalaron aquí cuando fueron expulsados de Tierra Santa en el siglo XIV. El pueblo de Lindos, en la zona este de la isla, compuesto por casas blancas y ubicado en un pequeño monte, posee una bella Acrópolis en su parte superior muy recomendable de visitar.

Sicilia

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La mayor isla del mediterráneo se ubica muy próxima al sur de Italia, ya que solo la separa del continente europeo el estrecho de Mesina, de apenas tres kilómetros de anchura. Es complejo describir de forma breve todo lo que puede hacerse en Sicilia, pues es una isla de enormes dimensiones y con multitud de lugares fantásticos e inolvidables. La capital de la isla es Palermo, una ciudad de la que destacan, sobre todo, los bellos mosaicos de la capilla Palatina, en el palacio de los Normandos. De Sicilia también debe visitarse Taormina y su imponente teatro griego. Eso sí, Taormina, que es la segunda ciudad más visitada de la isla, es pequeña pero está plagada de turistas, sobre todo en temporada alta. El gran volcán Etna, la ciudad de Siracusa, las playas de Cefalú, el valle de los Templos de Agrigento y la Villa Romana del Casale, famosa por sus espectaculares mosaicos que le han valido para ser declarados Patrimonio Mundial de la Unesco, son también lugares que el viajero no debe perderse si pasa por la isla.