7 escapadas perfectas por España para maravillarse con la primavera
¿Playa, naturaleza, arte, aventura, gastronomía…? Aquí van unas escapadas que conjugan todas estas opciones.

Playa del Papagayo, planes primavera / Balate Dorin
Desde el siempre gratificante arte de tostarse al sol hasta refugiarse entre bosques, lagos y montañas. También exprimir la cultura (gastronómica) de las ciudades o contagiarse de la calma de la vida rural. Aquí van siete planes por España para dar la bienvenida a la estación de las flores:
1. Bañarse en las playas de Lanzarote
Precisamente porque la más oriental de las Islas Canarias vive una eterna primavera, nada mejor que estrenar la estación con unas vacaciones al sol en los bellos arenales que surcan su litoral. Será el momento de darse el primer chapuzón del año, aunque también hay otros planes para los que no son de playa. Esta isla de aspecto lunar, que es toda en sí misma Reserva de la Biosfera, ofrece el espectáculo de los viñedos de la Geria, donde beber la famosa Malvasía en una ruta por sus bodegas.

Playa del Papagayo / Balate Dorin / ISTOCK
2. Hacer el Camino de Santiago
Un plan que a nadie desilusiona es concluir esta famosa ruta, la madre de todas las rutas. O al menos emprender la etapa que discurre por las tierras gallegas y que da comienzo en la localidad lucense de O Cebreiro. En ella se atraviesan hitos como Samos, Sarria, Portomarín o Melide, en un recorrido que discurre por montañas, valles fluviales y huellas de un legado patrimonial que culmina, al fin, en la Catedral de Santiago. Una vez aquí, para rematar la jugada, se puede hacer una visita guiada por sus cubiertas y contemplar la ciudad a vista de pájaro. Un broche de oro a la experiencia jacobea.

Peregrino en la Catedral de Santiago / Solovyova / ISTOCK
3. De cañas por la judería de Córdoba
Nada como arrancar la primavera en la ciudad que hace de sus patios toda una explosión floral. Aquí, en este dédalo intrincado de callejuelas estrechas, casas encaladas y aires perfumados por geranios y buganvillas, se esconde el más emblemático paseo de la ciudad califal, aderezado por restaurantes de deliciosa cocina cordobesa. Una buena manera de armarse de energía para, después, al caer la noche, emprender un mágico recorrido por el que fuera el mayor templo de Al-Andalus, bajo la luz anaranjada de sus lámparas.

Patio en Córdoba / Marina Nozhko / ISTOCK
4. Una ruta ‘pata negra’ por tierras de Huelva
Dicen que es el mejor jamón del mundo, ese que tiene su origen en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche y que conforma la D. O. Jabugo. Conocer dónde nace el genuino sabor ibérico pasa por recorrer las dehesas (de noviembre a marzo tiene lugar la montanera), descubrir la curación en los secaderos de la zona y, por supuesto, atiborrarse del bocado estrella en pueblos blancos como Linares de la Sierra, Alájar, El Repilado… y los dos grandes emblemas: Aracena y Jabugo.

Cerdos en las dehesas de Huelva / jarcosa / ISTOCK
5. En bici por los Cañones del Ebro
En esta brecha de más de 200 kilómetros de profundidad, cincelada por el río a su paso por Burgos, existen sendas que atraviesan frondosos parajes, con miradores donde asomarse al abismo. En el trayecto a dos ruedas, no hay que perderse la localidad de Orbaneja, declarada Conjunto Histórico Artístico por su fotogénica estampa: una poderosa cascada que brota de la Cueva del Agua y se precipita sobre el pueblo.

Orbaneja / Luis Miguel Martin / ISTOCK
6. Contemplar buitres en Montfragüe
Que por algo en este Parque Nacional cacereño habita la mayor colonia de buitres negros del mundo (además de otras 193 especies de aves) lo cual le convierte en un paraíso del birdwatching. Y ello por no mencionar el resto de la fauna (ciervos, nutrias, tejones, zorros…) y la inconmensurable belleza de su paisaje, atravesado por los cursos del Tiétar y el Tajo. Muy cerca aguarda Trujillo, uno de los pueblos con más encanto de Extremadura, cuna del conquistador Francisco Pizarro.

Montfragüe / JoseIgnacioSoto / ISTOCK
7. Los pueblos medievales del Baix Empordà
Torroella de Montgrí, Ullastret, Púbol, Palau Sator, Pals, Peratallada, Monells… Recorrer el interior del Baix Empordà, en Girona, supone sumergirse en un pasado medieval esplendoroso. Sus pueblos, a menudo encaramados a las colinas y a poca distancia unos de otros, son una delicia para el paseo y para contentar al estómago. Si la ruta se extiende hacia la Costa Brava, no hay que dejar pasar la ocasión de visitar el museo del genio surrealista en Figueres.
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