5 localidades encantadoras y sus cinco vinos

España es uno de los países europeos con mayor número de zonas vitivinícolas protegidas. Muchas de ellas toman el nombre de los encantadores pueblos que las protegen y las cuidan.

Carolina Oubernell
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Foto: svf74 / ISTOCK

Abona
Abona es el nombre de una de las denominaciones de origen más recientes en Tenerife. Las cepas germinan en torno a la localidad El Porís de Abona, nombre de origen guanche que significa piedra redonda. Los viñedos trepan hasta la montaña del Teide y los viticultores clasifican las uvas entre aquellas que maduran por debajo o por encima de las nubes. Los vinos de Abona son de recio sabor, de variedades diferentes aunque destaca la malvasía canaria, blancos y tintos que se sirven en vaso corto y que se comercializan en las enotecas que abundan en el centro histórico de Santa Cruz de Tenerife o en los restaurantes del localidad turística del Puerto de la Cruz.

LUNAMARINA / ISTOCK

Cariñena
Cariñena tiene una iglesia barroca consagrada a la Asunción de Nuestra Señora y un puñado de palacetes renacentistas, erigidos en el siglo XVI. El patrimonio artístico de esta localidad a cincuenta kilómetros al sur de Zaragoza es notable. Pero su fama no se debe a sus monumentos sino al vino que en ella se elabora. La variedad garnacha es la más habitual y los viticultores elaboran con esta uva un mosto de alto contenido en azúcar y mucho color, con elevado contenido en taninos y con aromas amargos y herbáceos. Cariñena es además una de las zonas de producción vinícola más antigua de España. Se tiene noticia de cultivos en época romana, pero serían los monjes asentados al sur del Ebro los encargados de mimar la crianza de sus cepas.

Toro
Toro es una de las localidades más encantadoras de la provincia de Zamora. Su caserío medieval se esparce por encima de las orillas del Duero y está presidido por la colegiata de Santa María la Mayor. Solo por visitar este templo de origen románico, coronado por uno de los cimborrios más equilibrados y armónicos de la arquitectura castellana, merece la pena la visita. Pero Toro se ha hecho famosa además por sus vinos, de los más veteranos de la comunidad, caldos recios y de mucho cuerpo, de alta graduación y elaborados con uva tinta de Toro, autóctona de estos pagos de mediana altura, clima extremo y de baja pluviometría. En Toro, además, abundan las enotecas donde degustar, entender y clasificar los diferentes vinos que se elaboran aquí.

Fortaleza de Monterrei | Ventura Carmona / Wikicommons

Monterrei
Alrededor de las parroquias que conforman Verín, en el corazón de la provincia de Ourense, crecen cepas de la variedad mencía y merenzao para los tintos y godello y branca para los blancos con los que se elaboran uno de los vinos más atrevidos y originales de Galicia. La denominación de origen es reciente, pero los viticultores llevan décadas trabajando un modo singular de plantar la vid. En estos campos siempre verdes, próximos a los vientos del océano, con inviernos fríos y veranos calurosos y secos, germina una vid en torno al pueblo amurallado de Monterrei, coronado por el castillo convertido en parador de turismo y la vecina localidad de Verín, medieval, animada, fronteriza y encrucijada de caminos para viajeros y peregrinos.

Montilla-Moriles
En el corazón de la provincia de Córdoba, entre campos de arena blanca próximos a la Sierra Subbética, se halla Montilla, localidad señorial laureada por iglesias barrocas y palacios de rancio abolengo. Moriles es un pueblo de arquitectura blanca, próximo a Montilla y moteado por cortijos cuyos dueños se ocupan de atender sus vides con las que se elabora uno de los vinos más singulares de España. Son finos y amontillados, sabores diferentes a los caldos descritos anteriormente, más próximos al sabor del jerez y la manzanilla gaditana que a la personalidad de los conocidos riojas o riberas.