5 fascinantes motivos para quedarte en Babia

En el medievo los reyes leoneses se escapaban a Babia en busca de caza y diversión. Cuando en aquellas ausencias alguien requería la atención del monarca, los cortesanos respondían, “Al rey no se le puede molestar. El rey está en Babia”.

Irene González
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Foto: Irene González

En el norte de León, en su fascinante zona montañosa, sin duda te quedarás en Babia. El seductor valle de Babia, rodeado por altas cumbres donde reina el macizo de Peña Urbina, está cuajado de pequeños pueblos y espaciosas praderas regadas por los ríos Sil y Luna. De esta comarca leonesa, declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco, te fascinarán su diversidad de ecosistemas, sus gentes, su gastronomía, su cielo nocturno, su historia y su armonía. Babia es tierra trashumante, espacio de glaciares, de tradiciones y, en tiempos antiguos, fue la hacienda favorita de los reyes leoneses de la Edad Media, que aquí se ensimismaban largas temporadas.

Villafeliz. | Irene González

Villafeliz

Villafeliz está cerca de las tranquilas aguas del embalse de Barrios de Luna, y su espectacular puente de tirantes de Antonio Fernández Casado. Dejando atrás el singular acueducto se llega a la ermita Nuestra Señora de las Nieves, marcada por las angosturas de las peñas del Puerto y de las Cucharas, puertas naturales de entrada a Babia. La primera localidad de esta Reserva de la Biosfera es Villafeliz, con apenas cincuenta habitantes, invita a disfrutar de las colosales rocas calizas que dominan sus cumbres. Villafeliz tuvo gran importancia durante la vigencia del Concejo de la Mesta porque hasta aquí trasladaban a los rebaños de ovejas en verano. Su magnífica ubicación propicia que la hierba se conserve fresca y verde durante la estación más calurosa y así alimentaban a las enormes cabañas de animales, tanto locales como las que procedían de Extremadura. En Villafeliz abunda la pesca y posee uno de los mejores y más cotizados cotos de captura truchera de la zona. También es rica en caza mayor. Hay que visitar la Iglesia de Santa Eulalia y detenerse en sus pozos de nieve y de agua, tan importantes en tempos para la supervivencia de sus habitantes.

Villasecino

Con menos de cincuenta habitantes, Villasecino refleja a la perfección la arquitectura babiana de casas de piedra y techumbres de losa, las más apropiadas para combatir las nevadas. Sobre todas ellas destaca La Casona, un hermoso palacio señorial de los García Lorenzana del siglo XVII y una de las pocas muestras de arquitectura nobiliaria que pueden admirarse en la comarca. También del siglo XVII es su iglesia parroquial, con un campanario único en toda la región. Resulta curioso que el pueblo esté atravesado por un ramal del río Luna. Al pasar junto a las casas, era usado antiguamente como lavadero de ropa y aprovechado para el riego de huertas. En Villasecino se abren las enormes vegas que tanta fama le han dado a la comarca. En estas ricas praderas de hierbas frescas y abundantes se cría una importante cabaña de ganado caballar. De hecho, la tradición sitúa aquí el lugar de origen del legendario Babieca, la montura del Cid Campeador. Cuenta la leyenda que durante una formidable nevada todos los caballos intentaban resguardarse de la nieve y el frío, salvo Babieca que permanecía altivo, y por ese valor y dureza, lo eligió El Cid.

San Emiliano | Irene González

San Emiliano

San Emiliano es la capital de Babia, todo un escaparate que se abre a la emblemática Peña Ubiña, lo que le confiere una panorámica que hechiza. La combinación de sus elegantes casonas, de sus tejados cuajados de cigüeñas, de su iglesia parroquial y de su fondo serrano, le confiere un extraordinario atractivo. Las noches de San Emiliano son mágicas por su cielo tan cristalino que convierte a la villa en el espacio ideal para la observación y la interpretación de las estrellas. De hecho, la Asociación Leonesa de Astronomía organiza sesiones a demanda. En este valle de ensueño está la sede de la Asociación Nacional de Ganado Equino Hispano-Bretón, el cruce de yeguas españolas con sementales de tiro franceses. El último domingo de agosto se celebra el Concurso Exposición de Ganado Caballar Hispano-Bretón, el más importante de la zona, donde se congregan cientos de ejemplares. Con algo más de cien habitantes, es una de las localidades más pobladas y de referencia en cuanto a infraestructuras y servicios, tanto para los residentes en la zona como para los visitantes.

Torre de Babia

Torre de Babia es un caserío pequeño y apartado dominado por una fortificación medieval que, junto a las de Piedrafita y Mena, forma parte del conjunto defensivo de la zona en los siglos IX y X. Muy cerca está la Lagunas de Las Verdes, justo en el centro de un circo glaciar de increíble belleza. En el cercano monte de Las Verdes se han encontrado restos de los pobladores más antiguos de Babia y, sobre un montículo contiguo al pueblo, un primitivo castro. En la iglesia parroquial de Torre de Babia, uno de los templos más bellos y antiguos de toda la comarca, están enterrados algunos de los miembros más ilustres de las familias Quiñones y Lorenzana, muy ligados a la historia feudal de Babia. Es imprescindible hacer un recorrido por los molinos harineros, la antigua fábrica de luz y la ermita. Y desde luego, no hay que dejar de ver el Museo Etnográfico y de la Trashumancia, una colección particular de aperos que usaban los pastores en sus largos periplos, así como utensilios tradicionales de la zona.

Riolago. | Irene González

Riolago

Riolago, que antiguamente se llamaba Rio del Lago porque su río nace en una laguna de origen glaciar, es el pueblo más monumental de toda la Reserva de Babia. Con menos de cincuenta vecinos, es uno de los conjuntos rurales de mayor interés y mejor conservados por su arquitectura nobiliaria y rural, sus casas de piedra, sus iglesias y sus fuentes. El medieval Palacio de los Quiñones, que hoy es la sede del Centro de Interpretación del Parque Natural de Babia, es uno de los edificios más bellos de toda la Reserva. En él se alojaban los reyes leoneses durante sus estancias para cazar y descansar. Durante muchos años fue propiedad de la poderosa familia de los Quiñones. El edificio es del siglo XV y tiene una preciosa torre, una capilla, una gran caballeriza y un jardín de ensueño, todo rodeado por una muralla cuajada de escudos de la familia. Desde el Palacio, es una delicia observar los increíbles tonos de la roca, los oscuros de las crestas de cuarcita en Las Peñas de la Celada y los claros de las calizas en los Picos Albos y el macizo de la Crespa. La Casa del Escribano del XVII, la capilla de la Iglesia parroquial, así como sus fuentes y ermitas son de visita inexcusable.