Los 5 deportes más extremos del mundo

Sólo recomendables para los más valientes.

Ignacio Romo
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Foto: ByronD / ISTOCK

La adrenalina es una hormona que nuestro cuerpo sobreproduce cuando se nos presenta una situación de alerta en la que tenemos que estar activados. Las pupilas y los vasos sanguíneos se dilatan, aumenta el ritmo cardíaco y respiratorio y el movimiento de nuestros intestinos se reduce. La adrenalina nos predispone a reaccionar rápidamente y nos prepara para sacar el máximo rendimiento a nuestros músculos. Es decir, la adrenalina desencadena los mecanismos necesarios para garantizar nuestra supervivencia ante un obstáculo, emergencia o peligro.

Practicar deportes extremos es una de las formas más eficaces de liberar este clase de hormona que se origina en las glándulas suprarrenales, justo encima de los riñones. La realización de este tipo de actividades supone un riesgo para nosotros, es cierto, pero precisamente por ello el sencillo hecho de desarrollarlas nos hace sentir vivos, felices.

¿Y esto por qué sucede? Pues básicamente porque completar correctamente una actividad que a priori conlleva un peligro incrementa nuestra autoestima y nuestra autovaloración, animándonos de esta forma confiar más en nuestras virtudes y capacidades. Además, la consecución de objetivos nos motiva a plantearnos nuevos retos futuros.

Por otro lado, los deportes extremos requieren de un intenso entrenamiento previo, tanto físico como psicológico. Es importante conocer nuestro cuerpo, nuestro límites y destrezas, y también los aspectos técnicos del deporte de riesgo en concreto que nos hemos propuesto realizar. Siguiendo todos estos paso, es bastante probable que alcancemos los objetivos propuestos.

Mientras tanto, estos son los cinco deportes más extremos del mundo: un salto en una catapulta gigante, un columpio a 300 metros del suelo, la tirolina situada a más altura de toda Europa (a 1.280 metros de altitud), un salto de puenting en Sudáfrica y una inmersión en medio del océano rodeado de tiburones blancos.