5 bosques para recoger castañas

El otoño es la estación ideal para hallar entre las hojas secas este tesoro comestible. Una excusa como otra cualquiera para emprender un agradable paseo en busca de belleza cromática.

Noelia Ferreiro
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Foto: plprod / ISTOCK

Aunque nada parece indicarlo, el otoño está a punto de entrar de lleno en nuestras vidas. Y con él, claro, la explosión de color de los múltiples bosques, con los árboles encendidos en rojos y ocres. Es, además, tiempo de castañas. Para comerlas crudas, asadas, en deliciosas sopas y suculentos postres. Dicen, por cierto, que tienen propiedades de lo más apropiadas para combatir la melancolía.

Estos son algunos de los rincones desperdigados por la península donde hartarse a recoger estos frutos tan sabrosos y nutritivos. Y, ya de paso, donde disfrutar de la mágica escena que nos regala esta época.

El Tiemblo, Ávila. | M Ramirez / ALAMY

El Tiemblo, Ávila
Sinuosos senderos cubiertos de hojas secas, erizos y castañas; árboles colosales que taponan el cielo. Así se dibuja el escenario bucólico de estos parajes de a menos de una hora de Madrid, en plena Reserva Natural del Valle de las Iruelas. El Tiemblo es uno de nuestros más bellos bosques, famoso por el contraste cromático de los castaños con los sotos de robles, acebos y pinos de la zona. Un bosque que además atesora ejemplares que son únicos en su especie. Como el famoso Abuelo, el soberano de la ruta, un castaño gigantesco de más de 500 años, con 19 metros de altura y 16 de diámetro. Su tronco, totalmente hueco, ofrece una imagen fantasmagórica pero llena de vida, puesto que siempre rebrota en primavera. Cuentan los lugareños que en su interior, hace muchos años, se resguardaban de la lluvia rebaños de cabras. Hoy es el hito indiscutible de esta excursión por tierras de Ávila.

Castañar Montánchez, Cáceres
Tremendamente bucólico es este bosque extremeño pintado con los colores de un cuento: una masa forestal de amarillos, pardos y rojos sobre un mullido manto de hojas y musgo. Así, recorrerlo, en un corto paseo de apenas dos kilómetros que parte de la plaza del pueblo, es una experiencia reconfortante, sobre todo si la caminata está premiada con la recolección de lustrosas castañas que están en su momento álgido. Porque hay que decir que en otras temporadas lo que se da en abundancia son las moras y los espárragos.

 Sierra de Urbion, Soria.  | MELBA PHOTO AGENCY / ALAMY

Sierras de la Demanda, Urbión y Cebollera, Soria
Es lo que llaman la Soria Verde, al norte de la provincia, una región agraciada con extensos bosques (además, claro, de un jugoso patrimonio histórico-cultural). Y estos bosques de clima continental, elevada pluviometría y grandes virtudes en su suelo propician que se encuentren castañas, claro, por aquí y por allá. También favorecen (dato interesante) la reproducción de las setas: en esta zona se conocen unas 170 variedades de hongos, de las que (¡ojo!) solo la tercera parte son comestibles.

Sierra de Cameros, La Rioja
Discreta y escondida en el interior de la provincia, este bosque de hayas, robles, abedules, avellanos y castaños de gran porte que trepan hacia las cimas, es una delicia para los senderistas o los simples amantes de la naturaleza poderosa. Se puede disfrutar del silencio en el sobrecogedor cañón del Río Leza, asomarse a gargantas vertiginosas y contemplar el vuelo de los buitres leonados entre espectaculares paredes rojizas.

Fraga de Catasós, Pontevedra. | Marcos Veiga / ALAMY

Fraga de Catasós, Pontevedra
Este pequeño bosque mixto emplazado en las afueras de la villa de Lalín, a medio camino entre Santiago y Orense, alberga algunos de los castaños más altos del continente europeo, que pueden alcanzar los 30 metros y que incluso han llegado por ello a ser objeto de sesudos análisis científicos. Castaños de los que no sólo se aprovecha su fruto: también su madera ha servido para fabricar los pazos de la zona, como aquel que se encuentra en el mismo sendero y que inspiró a Emilia Pardo Bazán su novela de Los pazos de Ulloa. Por todo ello ha sido declarado Monumento Natural.