48 horas en Ourense

Exprimimos 48 horas por la pequeña e inescrutable ciudad de Ourense, que seguro sabrán a poco. Quizá, sea la metrópoli menos conocida de Galicia, pero seguro que es una de las más cuajadas de sorpresas, de singularidades y de belleza. Un recorrido por un mundo de agua e historia, que hechiza.

Irene González
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Foto: arousa / ISTOCK

Por sus increíbles baños termales a orillas del Miño, por sus tapas, su Catedral, sus calles recoletas, por su laberinto de piedras e historia, sus mercados, sus plazas, y sus Burgas, exprimimos 48 horas, que seguro te sabrán a poco.

El origen de Ourense es romano, aunque existen varias teorías sobre su nombre. Una de ellas señala que fue bautizada por los romanos posiblemente como La ciudad del oro por su formidable abundancia de este metal, otra postula que proviene del latín Aquae Aurente, por sus aguas abrasadoras, y la tercera, del germánico warmse, lago caliente, por sus exclusivas fuentes de aguas termales.

En Ourense aún brillan las Aquae Aurente, las arenas auríferas del Miño que encandilaron a los romanos. Y también romanos son los cimientos de la Ponte Vella, y romanos los restos arqueológicos hallados en las fuentes termales de As Burgas, que manan vaporosas en el centro de la población, como si hubiese un volcán debajo. Un buen rato en su Museo Arqueológico, Bien de Interés Cultural, acercará al pasado, tan presente en cada esquina de la ciudad. Y Ourense es la ciudad del agua, donde ocho puentes cruzan el río Miño. Hoy ya no hay oro, pero sí unas aguas muy valiosas, las termales. Orense quizá sea la gran desconocida de Galicia porque no tiene mar, pero a cambio, ofrece estas singulares y exclusivas aguas, casi únicas en el mundo. Por antigüedad, fama y rareza son el punto de partida más apetecible para visitar la ciudad que alberga un casco histórico de 300 metros de diámetro, casi de bolsillo, y que parece pensado para no cansarse. Escudriñamos una pequeña ciudad grande en sorpresas.

Aguas termales en Ourense. | Javier Vuelta / ISTOCK

Un chapuzón en las céntricas Burgas
Increíble descubrir, en una plaza ajardinada junto a la Rúa do Progreso, el humeante fontanal del siglo XIX de As Burgas de Abaixo, donde las aguas fluoradas, carbonatadas y silicatadas afloran a 67 grados de temperatura con un caudal de 300 litros por minuto. Aquí acuden los vecinos a beber, lavarse los dientes, o sumergir alguna parte de su anatomía en ellas. Se dice que son mano de santo para las heridas y afecciones de la piel. Más arriba, en la misma plaza, está la Burga de Arriba, una gran piscina exterior y sauna. Aquí, en plena vía pública, los orensanos se bañan durante todo el año. Un lujo extraordinario que pocas ciudades del mundo ofrecen. Justo al lado está el Centro de Interpretación de As Burgas, con 6.000 metros de jardines salpicados de restos arqueológicos.

El corazón de granito de la Plaza Mayor
Cerca de As Burgas se encuentra la Plaza Mayor, el corazón de Ourense. La plaza ha visto miles de mercados, motines, ejecuciones, lecturas de bandos y constituciones, bailes, e incluso corridas de toros, pese a que su suelo inclinado de granito no se presta a muchas florituras. La rodean soportales y edificios como el del Ayuntamiento, o la casa que Vázquez-Gulías proyectó para el comerciante Fermín García. El antiguo Palacio Episcopal, a la izquierda del Ayuntamiento, construido entre los siglos XII y XVIII, mezcla románico, gótico, renacentista y barroco. Al parecer, en este solar estuvo el palacio de los reyes suevos y, antes, un cuartel romano. Hoy es la sede del Museo Arqueológico. Desde aquí se ve la iglesia de Santa María Nai, con unas columnas recicladas de la primitiva catedral.

Catedral de Ourense | AndresGarciaM / ISTOCK

Tesoros de la Catedral
Para visitar la catedral actual hay que cruzar las plazas de la Magdalena y del Trigo. La primera fue uno de los cementerios que tuvo la ciudad, y en la segunda, antaño mercado de grano, están las hidalgas casas porticadas, y la puerta sur de la catedral. San Martiño, del siglo XII, es una auténtica joya con influencia compostelana y cisterciense. Lo primero que se descubre es la capilla del Santísimo Cristo y los sepulcros de nobles prelados como el del Obispo Desconocido, del siglo XIV. Muy interesante el retablo de la capilla Mayor y el cimborrio octogonal ambos del XVI, así como el pórtico del Paraíso, esculpido en el siglo XIII. En la Claustra Nova, un claustro gótico del XIII, está el museo catedralicio que contiene un ajedrez del X y un Misal Auriense de 1494, que dicen que es el primer libro impreso en Galicia.

Un puente de cada milenio
Del Liceo se baja paseando en diez minutos a la orilla del Miño para conocer la Ponte Vella, de origen romano, un acueducto colosal de 370 metros, que fue levantado en el siglo XIII sobre otro anterior romano. Su ojo central de 43 metros de luz es el mayor arco gótico de España. El siguiente puente, aguas abajo, es el Ponte do Milenio, que se construyó en 2.001. Es una obra futurista, radiante, símbolo optimista del Ourense contemporáneo. El Ponte do Milenio ofrece, a 22 metros de altura, una fantástica panorámica del río y de la ciudad en su conjunto.

Puente del Milenio, Ourense | percds / ISTOCK

Ruta termal por la orilla del Miño
A orillas del Miño hay media de docena de fuentes termales. Aguas abajo del Ponte do Milenio se suceden las pozas y termas de Chavasqueira, Muiño das Veigas, Outariz y Burgas de Canedo, y las fuentes de Tinteiro y de Reza, todas ellas, menos esta última, en la margen derecha del río. Algunas son instalaciones privadas, y spas de estilo japonés. Otras muchas, son baños públicos acondicionados con vestuarios, cuidado césped y baños naturales de granito, donde se puede pasar el día en remojo gratis. Se pueden recorrer andando o pedaleando por el paseo asfaltado que discurre por la orilla del río. Son magníficas aguas mineromedicinales calientes que brotan de las diferentes burgas existentes en el entorno de la ciudad.

Paseo por la Alameda
Al lado mismo de la plaza de Abastos, en la Rúa Alameda Concejo, se halla la Alameda, la medieval Huerta del Concejo. Uno de los rincones de la ciudad que mejor conserva el encanto de otras épocas, donde se instaló la burguesía enriquecida. Fue remodelada por Vázquez Gulías como espacio de tránsito entre la ciudad antigua y la moderna. Aquí destaca el edificio del Obispado, concebido por Queralt como seminario. De principios del XX se alzan varias casas diseñadas por Vázquez-Gulías, como la Román y Saco, con increíbles y de bellas vidrieras que cubren su galería de madera. Representan lo mejor de la época en que la pujante burguesía se afincó por estos lares. Un paseo por la Alameda es un auténtico paseo por la escultura urbana.

Torres de panes y empanadas
Un plan relajado es pasear por la mañana por la Plaza de Abastos. Aquí es obligatorio husmear puestos callejeros de flores y de frutas y verduras. Pero sin duda, los mejores de todos son los puestos donde se venden los panes. Los hay  densos y oscuros de centeno, amarillos de maíz, blancos de trigo, de pasas y nueces, y los de Cea, con su exclusiva Denominación de Origen. Al lado de los panes, torres humeantes de empanadas de carne, de atún, de vieiras, y  de bacalao. Para los muy forofos, a diez minutos de la plaza, en la avenida de Portugal, está El Couto, donde las hacen de carne y de bonito, de setas y de langostinos, de sardinas, de pulpo y hasta con harina de castañas. Sin duda la Plaza de Abastos es un premio para la vista, el gusto, y el olfato

Tapeo en la Praza do Ferro
La calle Lepanto desemboca en la Praza do Ferro, antiguo mercado de útiles de labranza, quincallería y potes, cuyas casas y soportales miran a una fuente barroca procedente del monasterio de Santo Estevo. La fuente vierte de una taza superior a otra intermedia y, de ésta, a un pilón, un poco como una torre de copas de champán. Pero no es el agua lo que atrae a la gente, sino los vinos de Ribeiro y las tapas. Más de 30 bares se concentran en esta plaza y las calles adyacentes, que no en vano se conoce como la Zona do Vinos que discurre por las calles Paz, Lepanto, Viriato y  Fornos. Bares como O Eironciño, el rey de los calamares, o como A Porta Da Aira, donde hacen ricos huevos rotos, u Orellas, cuya especialidad es la oreja.

Café en el Liceo
Tras recuperar fuerzas en los bares de tapas, el paseo por el casco antiguo prosigue por la calle Paz, que conduce a la larguirucha plaza donde se alza, como en el fondo de un pasillo, la iglesia de Santa Eufemia, de llamativa forma cóncava, un posible recurso para lograr mayor monumentalidad a pesar de la estrechez de esta calle. Y luego continúa por Lamas Carvajal, rúa señoreada por uno de los más importantes palacios urbanos de la región, el renacentista pazo de los Oca-Valladares, sede del Liceo de Ourense. Fue construido por Álvaro de Oca y Sarmiento y desde 1850 es la sede del Liceo, una de las sociedades culturales más antiguas de la ciudad. Su patio de columnas es buen lugar para tomar un café, admirando su fuente de mármol de Carrara.

Ciudad Vieja de Ourense. | percds / ISTOCK

Por la Ciudad Vieja
Por la calle de Santo Domingo hay que detenerse en la Iglesia del mismo nombre para admirar sus retablos barrocos. Desde aquí es imprescindible la plaza do Ferro, una de las más típicas estampas de la ciudad. Entrando de nuevo en la ciudad vieja, hay que caminar por las calles Viriato, Pizarro y Correxidor, y subir por la Estrela hasta el Convento de San Francisco, que tiene un excepcional claustro gótico. Siguiendo por Monte Pena Trevinca, Monte Seixo, y Cabeza de Manzaneda se llega a la Plaza de San Cosme y San Damián donde se yergue la ermita y el antiguo hospital. Por la por la calle Julio Prieto Nespereira se llega a los Jardínes del Posío y de ellos a la calle Padre Feijoo, en la que se alza la Iglesia de la Santísima Trinidad, con cierto aire de fortaleza.

Monasterio de San Clodio
A algo más de 30 kilómetros de Ourense no hay que dejar de ir a Leiro, donde se alza increíble el Monasterio de San Clodio. Aunque las leyendas sitúan su origen en el siglo VI, fue fundado y dotado por Álvaro y Sabit el 928 como monasterio mixto. Hacia el 1.100 seguía la Regla de San Benito y en el 1.185 el Papa Lucio III lo entregó a la iglesia de Ourense. Se ha dicho que el 1225 se afilió al Císter, pero hay autores que sitúan este cambio en el siglo XV, y no de forma segura hasta el 1.451. Con la desamortización, los monjes fueron desalojados y el monasterio ocupado por un cuartel, pero a finales del mismo siglo se pudo recuperar su función religiosa. Hoy es un increíble hotel por donde hay que recorrer su enorme huerto, los claustros y la iglesia.

Compras, y fiesta del Magosto
Las compras más genuinas de la ciudad son las que se hacen siguiendo la ruta de los Artesanos, por la calle de Colón y aledañas. Se trata de pequeños comercios con objetos elaborados con técnicas de toda la vida, como las marionetas de madera de A Bufarda o la bisutería en plata de A Picota. En el polo opuesto, están los comercios puro estilo siglo XXI. Si se visita Ourense el 11 de noviembre, día de San Martín, se disfrutará de tradicional Fiesta del Magosto. Este evento tiene ancestrales raíces, y en él, las castañas asadas son el punto de referencia. Está celebración es muy concurrida en el parque de la Alameda do Concello, y también en el monte cercano a la ciudad, donde encienden hogueras para asar carne, chorizos y castañas.