4 rutas por Madrid, de villa en villa

Los meses que tenemos por delante son una excelente oportunidad para salir de la capital y recorrer los valles del Lozoya, del Manzaneras o del Jarama para descubrir los pueblos que forman parte de ese Madrid desconocido para muchos. 

VIAJAR para Comunidad de Madrid
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Foto: Shutterstock

Cuando el cuerpo y la mente nos piden cambiar de escenario y perder de vista la ciudad aunque sea por unas pocas horas, no se trata de escapar lo más lejos posible, sino de acertar con un destino que nos regale ese momento de desconexión que buscamos. Y ese lugar puede estar más cerca de lo que pensamos. 

Las Villas de Madrid son 11 pueblos diferentes unidos por su singularidad. Son 11 motivos para improvisar, para desconectar de la rutina y de la vida urbana. Para disfrutar al mismo tiempo del paisaje que discurre ante nuestros ojos kilómetro a kilómetro y del legado cultural que atesoran: castillos, monasterios, plazas centenarias… Aunque son rutas adecuadas para cualquier estación del año, en verano tienen la ventaja de que en su entorno encontramos también bosques, jardines y zonas de baño perfectas para llenar los pulmones con una bocanada de aire fresco. 

Arrancan aquí 4 road trips de ida y vuelta por la Comunidad de Madrid.

Buitrago del Lozoya y Rascafría

En esta época del año, puede que el viajero llegue a esta zona del norte de Madrid atraído por las temperaturas benévolas y por sus zonas de baño (las piscinas naturales de Riosequillo y el área recreativa de las Presillas). Sin embargo descubrirá mucho más. A los pies del puerto de Somosierra, apenas a una hora de distancia de la capital, está Buitrago, uno de los municipios más pintorescos de la Comunidad de Madrid. La silueta de su recinto amurallado destaca en el paisaje, elevado en un promontorio sobre las aguas del río Lozoya.

Además de la muralla, recorriendo Buitrago descubriremos varias edificaciones del siglo XIV: la Torre del Reloj, la iglesia de Santa María del Castillo y el Castillo de los Mendoza, de estilo mudéjar. Tampoco hay que perderse el Museo Picasso-Colección Eugenio Arias, que reúne el conjunto de obras que Picasso dedicó y regaló al que fuera su barbero en el exilio, durante los últimos 25 años de su vida. En el museo pueden verse dibujos, obras gráficas, fotografías, carteles de exposiciones…

Bosque finlandés, en Rascafría. | Adolfo Castillejo Martin/Shutterstock.

A una treintena de kilómetros, en el fondo de un valle fluvial formado por el agua procedente de las cumbres de la sierra, llegamos a Rascafría. Además de la belleza natural de su entorno que ofrece una nueva cara con cada estación, cuenta con numerosos lugares de interés para el visitante. Entre ellos cabe destacar el Monasterio de Santa María de El Paular (siglo XIV), una joya del arte monacal que cuenta con una rica colección de pinturas del pintor italiano Vicente Carducho, cedidas por el Museo del Prado. En verano, resultará de lo más apetecible, un paseo por el bosque finlandés atravesando el Puente del Perdón.

Manzanares El Real, Torrelaguna y Patones de Arriba

Castillo de Mendoza | TomasSereda / ISTOCK

El Castillo de los Mendoza es el verdadero emblema de Manzanares El Real y una de las obras destacadas de la arquitectura medieval del Reino de Castilla. Subir a sus murallas nos proporcionará la mejor vista del lugar en el que nos encontramos: el pueblo de Manzanares –que habrá que recorrer después con calma–, la Pedriza, el embalse de Santillana con el cerro de San Pedro al fondo, los caminos y el valle que se pierde hacia el sudoeste… 

En esta escapada podremos optar por pasar el día en estos entornos naturales o seguir camino hasta Torrelaguna, uno de los pueblos con más historia de la Comunidad de Madrid. Aquí nació el Cardenal Cisneros,  fue enterrada Santa María de la Cabeza y vivió San Isidro Labrador, y su casco histórico está a la altura de tan ilustres personajes. Alcanzó su máxima prosperidad a finales del siglo XV y principios del XVI y de estos siglos conserva una envidiable colección de casas señoriales, viviendas de hidalgos, palacios y conventos. Destacan, entre otros, la iglesia de Santa María Magdalena –de arquitectura gótica madrileña–, el Pósito, el Hospital de San Bartolomé y el Convento de Franciscanos de la Madre de Dios.

A escasos 10 minutos por carretera, emerge Patones de Arriba, uno de los mejores y más representativos ejemplos de la arquitectura de pizarra negra, único en la Comunidad de Madrid. Bañado por las aguas del Lozoya y el Jarama, que confluyen en su término municipal, Patones está rodeado de una naturaleza exuberante. Además de recorrer sus callejuelas para apreciar su arquitectura, es interesante visitar la Antigua Iglesia de San José y el Lavadero y la Fuente nueva, vestigios de los modos de vida de otra época.

Navalcarnero y San Martín de Valdeiglesias

Iglesia de Nuestra Señora de La Asunción de Navalcarnero. | Jose Manuel Revuelta Luna/Shutterstock.

Si emprendemos nuestra escapada con rumbo sur, tendremos parada obligada en Navalcarnero. Esta villa nació y creció en torno a un cruce de caminos y fue un pueblo agrario que ascendió a la categoría de villa cuando, en 1649 fue el escenario de la boda de Felipe IV con Mariana de Austria. A partir de ese momento experimentó un importante crecimiento, se cultivaron viñas y se levantaron casas solariegas alrededor de su iglesia y de su plaza castellana, centro neurálgico de la villa.

Merece la pena seguir la ruta para llegar hasta San Martín de Valdeiglesias, en cuyo centro se alza el majestuoso Castillo de la Coracera. Construido en 1434 por Álvaro de Luna es, junto al ya mencionado de Manzanares El Real, el castillo más importante de toda la Comunidad de Madrid y fue, de hecho, lugar de residencia de Isabel la Católica al ser proclamada heredera de Castilla. 

Y si los rigores del verano aprietan, el Bosque Encantado será un remanso de frescor y una interesante visita. Se trata de un jardín botánico único en Europa, con numerosos senderos por los que dejarse llevar, admirando la laboriosidad de sus más de 300 esculturas vegetales. El Bosque Encantado se complementa con laberintos, exposiciones de cactus, bonsáis, plantas aromáticas…

Chinchón, Villarejo de Salvanés, Colmenar de Oreja y Nuevo Baztán

Plaza mayor de Chinchón. | José Ramiro Laguna/Shutterstock.

Chinchón es una de las escapadas clásicas de los fines de semana madrileños. Y motivos no le faltan. Su Plaza Mayor (con mayúsculas) es un magnífico ejemplo de plaza castellana balconada y está catalogada como una de las más bellas del mundo. La gastronomía es un ‘must’ alrededor de esta plaza, pero antes de sentarse a dar buena cuenta del cordero o el cochinillo tradicionales, merece la pena recorrer la villa, que tiene mucho más que ver: sus ermitas, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, el Teatro Lope de Vega, el Monasterio de las Clarisas…

A pocos kilómetros se encuentran otras tres villas dignas de visita. Villarejo de Salvanés, donde sobresale el castillo de la Orden Militar de Santiago. Aunque solo se conserva la torre del homenaje, es el ejemplo de una arquitectura única en España y subir hasta su altura máxima permite contemplar todo el pueblo a vista de pájaro. 

Colmenar de Oreja fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico por la importancia patrimonial de su conjunto arquitectónico: posee un buen número de edificios y obras públicas de carácter monumental, además de grandes casas de labor de los siglos XVII, XVIII y XIX y singulares cuevas y bodegas. Tiene, además, construcciones de carácter industrial como fábricas, talleres, almazaras, hornos de tinajas y hornos de cal. 

Nuevo Baztán, por su parte, es un ejemplo único de villa de la Ilustración. Una población de nueva planta, con un monumental palacio-iglesia barroco y su singular casco histórico. Un impresionante conjunto arquitectónico soñado por Juan de Goyeneche y diseñado por Churriguera.