4 rutas deliciosas y fáciles por Segovia

La céntrica provincia de Segovia esconde senderos por rincones poco transitados y algo olvidados. Esta tierra serrana posee muchas villas y pueblos de los que poco se conoce, pero que poseen increíble riqueza natural. Son pequeños caseríos asentados a las orillas de un río, o comarcas casi despobladas, donde las casas tienen un característico color negro, que te dejarán con la boca abierta.

Irene González
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Foto: DCarreno / ALAMY

Segovia posee uno de los más grandiosos monumentos que los romanos construyeron a lo largo de su vasto imperio. El colosal Acueducto es un tesoro incalculable, pero no es el único que posee la céntrica provincia española. Porque otra gran joya segoviana, menos conocida, es su riqueza paisajística y natural. Segovia está llena de bellísimos y desconocidos rincones, atravesados por ríos, bosques, riscos y cañones. Son pequeños grandes tesoros por descubrir, rodeados de tradiciones y recogidos entre un ecosistema excepcional. Recorremos cuatro fascinantes y sencillas rutas, en las que explorar grandes tierras recónditas. El mágico río San Juan, entre la Sierra de Guadarrama y el Duratón, transporta hacia lo desconocido. El San Juan es casi desconocido, quizá por la fama de las Hoces del Duratón, su hermano mayor. Y, sin embargo, no tiene nada que envidiarle.

A lo largo de su curso se levantaron iglesias que se poblaron de gentes venidas, en su mayoría, del norte de la Península. También se alzaron castillos en una tierra de frontera, para afianzar el territorio frente el enemigo que vino del sur. Además, a lo largo de sus orillas, el hombre supo sacar el máximo rendimiento construyendo molinos, roturando sus vegas para campos de labor y aprovechando sus frondosas arboledas para levantar sus hogares con madera, barro y piedra. Las aguas del río San Juan han seguido corriendo desde la noche de los tiempos y en él, la sombra del buitre leonado se proyecta desde los altos riscos de los cañones que el río, ya casi en su desembocadura en el Duratón, ha horadado con el paso de los siglos.

Desde Castroserna de Arriba, discurre por la vereda del río, que a veces se encañona entre paredes verticales donde anida el buitre leonado. Un alto en el Castillo de Castilnovo, el Duratón, las fuentes del río San Juan, hasta el molino de San Miguel de Neguera. Y qué decir de la ruta de los pueblos negros, cuajados de un halo de serenidad y teñidos por el color de la pizarra, que sus habitantes han cuidado con esmero para la posteridad. Imprescindible La Senda de los Pescadores, un vergel de pinares resineros de extraordinaria biodiversidad, una de las más extensas superficies de esta especie de todo el país. Y las Hoces del río Riaza, desconocidas, abruptas y salvajes, son una propuesta deliciosa y llena de encanto, que posee la Carta Europea de Turismo Sostenible. Son cuatro atractivas, fresquitas  y asequibles propuestas, fáciles de recorrer.