25 alojamientos de montaña para despedir el año

Siempre es un buen plan disfrutar de los últimos días de diciembre, o los primeros de enero, lejos de todo, rodeados de cumbres y bosques. Estos alojamientos rurales tienen algo en común: el paisaje que los envuelve nos hará inmensamente felices. ¡Bienvenido, 2022!

Silvia Roba
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Foto: (c)Sergio Padura

Disfrutar del aquí y el ahora. Esa es la única consigna posible en el Arantza Hotela, un hotel “naturalmente exclusivo” en el que el principal lujo que encontrarán sus huéspedes es el silencio. Situémonos: estamos en Navarra, en uno de los pueblos más montañosos de la comarca de las Cinco Villas. Un refugio moderno, alejado de todo, que resulta ideal para parejas que buscan sosiego y un poco de intimidad. Para ello cuenta con 11 habitaciones, cuyos nombres suenan así de bien: Kario, Karana, Makatza…

NIDOGREDOS El Tiemblo (Ávila) | D.R.

Son distintas maneras, cariñosas todas, de llamar a nuestra pareja en diferentes dialectos del euskera. ¡El romanticismo fluye en ellas! Algunas tienen chimenea propia y una tentadora bañera redonda junto a la ventana, con vistas al monte Izu o al monte Larrún. Existe también la opción de alojarse en una borda del siglo XVIII, antigua vivienda de pastores, que en la actualidad se divide en cinco apartamentos rurales.

Al norte del valle de Roncal, en el Pirineo Navarro, Isaba, a escasos kilómetros de la estación de Larra-Belagua, es un pueblo casi de cuento, con calles empedradas y casas de tejados a dos o cuatro aguas. Recorrer los alrededores en bici eléctrica es una de las actividades que propone el Hostal Lola, un hotel boutique con acogedoras habitaciones, algunas abuhardilladas, y un restaurante estupendo para reponer fuerzas tras una jornada al aire libre. A base de tostadas, mermelada de ciruelas, yogur de arándanos y queso es el desayuno que sirven en invierno en Casa Tetxe, típica construcción pirenaica del siglo XVIII con cuatro únicas habitaciones en las que se funden piedra y madera.

HOTEL  LA CASUEÑA, Lanuza (Huesca) | (c)Sergio Padura

En el Alt Urgell, en Lleida, la aldea de Argestues aparece escondida en una de las zonas más desconocidas de los Pirineos. En sus orígenes tenía, exactamente, cuatro viviendas, y hoy no muchas más. Apenas veremos una granja, una iglesia y las casas que conforman Cal Sodhi, construidas con piedra, pizarra y madera y rehabilitadas con total respeto al entorno. Cada uno de los tres edificios restaurados ofrece dos alojamientos, con jardín privado, cocina, salón comedor con grandes ventanales y habitaciones donde pueden descansar entre dos y cuatro personas. Para todos los huéspedes es el baño nórdico calentado con leña, que tiene unas vistas maravillosas de las montañas.

THE ROCK SUITES & SPA Congosto (León) | D.R.

En el pueblo de Taús, a 1.500 metros de altitud, en el valle más alto habitado de Cataluña, los mismos propietarios ofrecen alojamiento en Cal Pastisser, de alquiler completo, que combina máxima tranquilidad y exquisito diseño. Quienes se mantengan fieles a la costumbre de despedir el año, o recibir al que llega, pisando la nieve de la estación de Baqueira-Beret pueden siempre elegir uno de los grandes clásicos de Arties, en la Val d’Aran: el Hotel Besiberri. La imponente cima del Montardo se deja ver a través de las ventanas de este edificio de arquitectura tradicional aranesa con interiores de madera y un salón con chimenea.

ARANTZA HOTELA Arantza (Navarra) | D.R.

Las pistas de esquí de Astún y Candanchú, en Huesca, son las elegidas por muchos para disfrutar de esta época del calendario. Para todos ellos Jaca es un buen centro de operaciones. Aunque también es posible alejarse un poco más. A solo tres kilómetros, emerge Barós, en las faldas de la Peña Oroel. Es ahí donde abre sus puertas el Hotel Barossse, una casa construida en madera, hierro forjado y piedra con cinco habitaciones, dos de las cuales (Herrería y Fuente) disponen de balcones con vistas a los Pirineos. Para los más aventureros existen packs especiales, como De Barosse al cielo, que permite un vuelo sin motor en el aeródromo de Santa Cilia, y Pirineo activo, que incluye descenso de barrancos, vías ferratas y rutas de senderismo.

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Caminar es, precisamente, la actividad favorita de quienes se alojan en la Casa de San Martín, construcción en piedra del siglo XVIII asentada en la cima de un promontorio, a solo unos pasos de Aínsa y Boltaña, junto al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Rodeada por bosques de pinos y robles, cuenta con 10 habitaciones y con un restaurante que ofrece una cocina natural, elaborada con productos de la huerta. Por la noche, cada rincón de la casa brilla a la luz de cientos de velas. Fuera, la bóveda celeste ofrece el mejor de los espectáculos.

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Hacia el cielo, en busca de las primeras estrellas, miran también los clientes del Piedrafita Mountain Lodge cuando se oculta el sol. Las mañanas son para esquiar en las cercanas pistas de Formigal y Panticosa o tal vez para hacer alguna ruta por la montaña. Los amantes del Pirineo más auténtico encuentran aquí un refugio perfecto. O, mejor dicho, ocho refugios, ya que el alojamiento se realiza en casitas de madera, con cocina, terraza y jardín privado. Como elementos comunes, el salón con chimenea y la cafetería con mesas grandes para compartir un té caliente y una animada charla.

(c)Sergio Padura

Cálido, muy cálido, también es el Hotel La Casueña, al que cuesta imaginar como el establo que un día fue. Situado en Lanuza, en la comarca del Alto Gállego, es vanguardista en su decoración y clásico a la hora de definir su filosofía. Este es “un lugar para el reencuentro y para la conversación interminable con la historia y la naturaleza” en el que no defrauda la panorámica que se obtiene desde la terraza sobre el valle de Tena.

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Si la comarca del Matarraña, en Teruel, se ha convertido en los últimos tiempos en destino de moda entre quienes buscan paisajes diferentes es gracias a sus preciosos pueblos (Valderrobres, Calaceite, Fuentespalda…), sus rutas senderistas —la del Parrizal transcurre por pasarelas de madera— y hoteles como Mas de la Serra, en la sierra de Beceite. Aunque esta antigua casa-fuerte puede alquilarse completa desde 640 euros por noche, lo habitual es alojarse en alguna de sus nueve habitaciones, todas con vistas a las montañas. Porque es lo único que se puede ver aquí: asomados a la terraza cuesta encontrar seres humanos a unos cuantos kilómetros a la redonda. La decoración del interior contiene muebles originales de la masía y lienzos familiares propiedad del dueño, de origen escocés.

No muy lejos, la silueta del Hotel Torre del Marqués se impone entre montes. Es el primer cinco estrellas de la zona, una masía del siglo XVIII rehabilitada con materiales biosostenibles en la que es más que posible hallar la paz en cualquiera de sus 18 habitaciones con paredes de piedra, en el spa o incluso sentados a la mesa del restaurante, que apuesta por la cocina de kilómetro cero.

LAS ENCINAS Santa María de Redondo (Palencia) | diego garcia creative

Cuidar de las tradiciones gastronómicas es algo de lo que también presumen en Mendi Goikoa Bekoa, un caserío construido en el año 1815 en el pequeño enclave de Axpe Atxondo, en las faldas del monte Anboto, en tierras de Vizcaya. Un alojamiento rústico, con 12 habitaciones, “donde el silencio se escucha”.

“Lo fácil es entrar, lo normal es enamorarse, lo difícil es marchar.” Quedan avisados todos aquellos que quieran vivir por unos días en una auténtica casa de montaña. Porque no se le puede llamar de otra manera a Casa Maru, frente al Naranjo de Bulnes, en Camarmeña (Asturias), en plenos Picos de Europa, construida en piedra a principios del siglo XX. En ella Josefa, primera propietaria, reunía en torno al fuego a los habitantes del pueblo. Hoy es su nieta Maru quien da la bienvenida a huéspedes llegados desde bien lejos para realizar, quizá, la ascensión al mítico Pico Urriellu.

EL GRAN SUEÑO Pintueles (Asturias) | COLIN N. PHOTOGRAPHY

Son tres las habitaciones a elegir: la Romántica, la Rústica o la Buhardilla. Naturaleza en estado puro, que también se puede sentir en El Gran Sueño, una casa de aldea con cinco habitaciones en Piloña, y en La Corona del Auteiro, en la zona más alta de la aldea Valle de Lago, en el Parque Natural de Somiedo. Rehabilitada en piedra, madera y pizarra, esta antigua cuadra es hoy un alojamiento con mucho encanto, dividido en dos plantas. ¡Cada habitación es de un color!

CABAÑAS ANCARES, Cabanas Antigas (Lugo) | D.R.

En el corazón de la montaña palentina, a un paso de Barruelo de Santullán, La Posada del Santuario es, precisamente, eso, puesto que está alojada en el santuario del Carmen, con más de seiscientos años de antigüedad. Hasta aquí llegan multitud de peregrinos para honrar a la Virgen que acoge en su interior. Pero también viajeros inquietos que buscan nuevos destinos. En Santa María de Redondo, junto al nacimiento del río Pisuerga, dentro del Parque Natural Fuentes Carrionas y Fuente Cobre, nos espera Las Encinas, con cinco habitaciones (Malva, Retama, Serbal, Encina y Amapola) y un restaurante eco-vegetariano en cuya carta mandan los productos de temporada.

EL RINCÓN DE BABIA La Cueta (León) | D.R.

En la montaña berciana, ya en tierras de León, The Rock Suites & Spa es el más espectacular de los miradores de la zona, situado como está en la cima de la peña de Congosto, en el monte Turcia, con vistas al embalse de Bárcena y a los montes Aquilianos. El hotel cuenta con 14 habitaciones (suites, dúplex, buhardillas), restaurante para degustar especialidades imprescindibles como el botillo y un spa con un fabuloso ventanal que hace que nos sintamos parte del horizonte. Algo que también se consigue en El Rincón de Babia, muy cerca del nacimiento del río Sil, que pasa por la misma puerta, en un privilegiado entorno que es reserva de la biosfera. Consta de 10 habitaciones desde las que es posible imaginar un sinfín de planes, desde esquiar en Leitariegos hasta una ascensión a Peña Ubiña.

PAZO DA PENA Manzaneda (Ourense) | Adria Simo

En la sierra de Ancares, en Cabanas Antigas, una pequeñísima aldea de apenas 10 habitantes, aguarda Cabañas Ancares, un complejo hotelero de lo más peculiar, formado por tres cabañas (Josefina, Esperanza y la Casona Grande), construcciones en madera y piedra en las que los huéspedes están obligados a olvidarse del wifi y de otras cosas mundanas para tomarse una pausa. Es esta una zona muy frecuentada por montañeros y amantes del senderismo, dispuestos a recorrer un paisaje salvaje en el que conviven osos pardos, ciervos, lobos y algún urogallo.

También en cabañas, o mejor dicho, en teepees se alojarán quienes decidan desconectar de todo y practicar algún deporte de aventura en la sierra de Gredos (Ávila). Es ahí donde se encuentra The Teepee, uno de esos glamping tan en boga últimamente. Aire, Fuego, Madera, Tierra y Agua son los nombres de estos singulares alojamientos, sumamente confortables. Más casas independientes: en el mismo entorno, las cabañas ecológicas de diseño de NidoGredos y las tres villas del complejo rural Lar de Vies, en una aldea de Lugo, Neipín, que cuenta, además, con una casona principal, del siglo XVIII, con cinco suites.

PIEDRAFITA MOUNTAIN LODGE Piedrafita de Jaca (Huesca) | Jan Reig i Pujol

A 13 kilómetros de la estación de esquí de Manzaneda, en el Macizo Central orensano, el Pazo da Pena es el mejor lugar para descubrir la montaña gallega. La historia de esta casa hidalga, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, no se entiende sin la joya natural sobre la cual se erigió: A Pena, la peña, la roca. A través de un gran portón se accede al patio del Señorito, en torno al cual se distribuían entonces las estancias principales. Hoy la más codiciada por todos es la llamada A Trasfega, situada en la zona noble.

Trasfega es la época del año en la que se pasa el vino de un recipiente a otro, algo importante de saber, que para eso estamos en la Ribeira Sacra, en la Terra de Trives, repleta de santuarios, monasterios y espacios naturales como el castañar de Souto de Rozabales con su famoso Castiñeiro de Pumbariños, un ejemplar con más de 12 metros de diámetro. El lugar ideal para darse un baño de bosque, que según los expertos, reduce el estrés. La mejor forma de comenzar el año.