24 horas en Oviedo

Manuel Mateo Pérez
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Foto: LucVi / ISTOCK

En Oviedo las prisas no son buenas. La capital de Asturias invita a disfrutarla sin urgencias, de modo apacible y siempre a pie. Conviene levantarse temprano, al toque de las campanas del monasterio de Las Pelayas y de la Catedral. Después de un buen desayuno donde no faltará alguna muestra de la deliciosa repostería local nos encaminaremos hasta la plaza de Alfonso II el Casto, conocida popularmente como la plaza de la Catedral. A primera hora de la mañana abre sus puertas y bajo el silencio y la soledad de sus bóvedas góticas recorreremos el templo mayor de Asturias, la Cámara Santa donde se guardan algunas de las reliquias más veneradas de la cristiandad y el Museo de Arte Sacro.

Antes de que el reloj de la Catedral marque el mediodía pasearemos el barrio antiguo. Lo mejor es comenzar por la plaza de Porlier, visitando el interior de la Universidad, subiendo por la plaza de Riego hasta la plaza de la Constitución. Hay que entrar en El Fontán, el mercado de abastos de la capital, en cuyos puestos se venden las tiernas verduras y hortalizas de los valles asturianos y los pescados traídos esa misma mañana de las cercanas lonjas del Cantábrico. 

El Fontan y la Iglesia de Isidoro. | grahamheywood / ISTOCK

Por la calle Cimadevilla abren cafés donde hacer una pequeña parada antes de visitar el Museo de Bellas Artes, que hace pocos meses amplió sus instalaciones. La más importante pinacoteca de la región nos invita a recorrer la historia de la pintura de los últimos quinientos años. Guarda un especial interés la colección de telas de pintores asturianos, el Apostolado del Greco, el retrato de Carlos II de Juan Carrero Miranda o el lienzo de Jovellanos pintado por Goya.

Tanto arte abrirá nuestro apetito y será el momento de pedir mesa y mantel en alguno de los buenos restaurantes que abren sus puertas en Oviedo. Dos sugerencias para este otoño: fabes de primero y cachopo, ese delicioso emparedado de ternera, jamón y queso, de segundo.

Calle Pelayo. | graemenicholson / ISTOCK

La tarde la dedicaremos a visitar la ciudad contemporánea y moderna. Nuestro punto de partida será la plaza de la Escandalera donde se hallan algunos de los cafés más concurridos de la capital. Un paseo por la calle Uría nos servirá para contemplar algunas  muestras de la mejor arquitectura de finales del siglo XIX y principios del XX. Frente al comienzo de la calle Uría se halla el Campo de San Francisco, que es el pulmón verde de una ciudad empeñada en hacer de la naturaleza otro argumento más de su propio paisaje urbano. A un lado del famoso teatro Campoamor (hay que echar un vistazo a su cartelera) se esparcen algunas de las calles comerciales más animadas de la ciudad.

A la caída de la noche buscaremos los bares y tabernas del centro de la ciudad, un restaurante donde cenar y un último argumento para disfrutar de la monumentalidad de Oviedo. Nada mejor que despedirse de la capital del Principado en el mismo lugar donde empezamos a recorrerla: a la caída de la noche la plaza de la Catedral está iluminada. Hay una escultura en bronce de doña Ana Ozores, de la famosa Regenta de Clarín, en un extremo de la plaza. Si además tenemos la suerte de que una espesa niebla cubra su gótico campanario la sensación de plenitud será total.

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