Los 10 cuadros que no te puedes perder en el MoMA de Nueva York

El MoMA de Nueva York es uno de los museos más visitados del mundo (y estos 10 cuadros que no te puedes perder lo confirman).

Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Museo de Arte Moderno de Nueva York. / Istock / littleny

En la intersección de las calles 11 Oeste y 53 de Nueva York se despliega el MoMA (Museum of Modern Art), fundado en 1929 por las filántropas Lillie P. Bliss, Mary Quinn Sullivan y Abby Aldrich Rockefeller como forma “de ayudar a la gente a entender, utilizar y disfrutar de las artes visuales de nuestro tiempo”. Una intención que hoy prevalece en forma de uno de los grandes templos del arte impresionista y surrealista de todo el planeta, con más de 2.5 millones de visitantes al año.

Un obligado a visitar durante tus días en Manhattan, donde encontramos los siguientes 10 cuadros que no te puedes perder en el MoMA de Nueva York.

La noche estrellada, de Vincent van Gogh (1889)

El cuadro más famoso de van Gogh encuentra en ese remolino luminoso el perfecto reflejo de un alma turbulenta. Pintado por el artista desde su ventana en el sanatorio de Saint-Paul de Saint-Rémy, en Francia, la ‘Starry Night’ supone el mejor ejemplo del arte convertido en icono.

Imagen de La noche estrellada en el MoMA.

Imagen de La noche estrellada en el MoMA.

/ Wikicommons

La gitana dormida, de Henri Rousseau (1897)

Rousseau nunca visitó la mayoría de los destinos lejanos que pintaba, pero daba igual. Obras como La gitana dormida evocan ese arte naíf exuberante a partir de una escena que relata el sueño de una mandolinista errante dormida en el desierto, mientras un león la olisquea bajo el poético reflejo de la luna.

Cuadro de La Bohémienne endormie.

Cuadro de La Bohémienne endormie.

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Las señoritas de Avignon, de Pablo Picasso (1907)

El cuadro de Picasso que marcó el inicio de su protocubismo, influenciado por el arte africano, representa a un grupo de prostitutas en torno a un bodegón de uva y sandías. En realidad, Avignon nunca fue el pueblo de Francia, sino el nombre de una calle de Barcelona famosa por sus burdeles.

Esperanza II, de Gustav Klimt (1908)

Los amantes de El Beso, la obra más icónica de Klimt, amaréis este cuadro de una mujer embarazada que resulta ser Herma, musa del artista. Un fascinante embajadora de la “Etapa Dorada”, fuertemente influenciada por los mosaicos bizantinos a través de ese vestido adornado de pan de oro.

Cuadro de Esperanza II, de Gustav Klimt.

Cuadro de Esperanza II, de Gustav Klimt.

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La danza, de Henri Matisse (1909)

Una de las dos versiones de la obra - la segunda, se encuentra en el Museo del Hermitage de San Petersburgo -, habla de la fascinación de Matisse por los colores cálidos y el ritmo de la desnudez que tanto fascinaba al artista.

Cuadro de La danza, de Henri Matisse.

Cuadro de La danza, de Henri Matisse.

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Nenúfares, de Claude Monet (1914-1926)

Cuando el impresionismo debutó en el mundo del arte en el siglo XIX, muchos expertos lo repudiaron. Sin embargo, el tiempo supo reconocer el impulso de Monet por abandonar el estudio y captar los movimientos de la luz y la naturaleza a través de su serie ‘Nenúfares’, formada por 40 paneles inspirdos en su querido jardín de Giverny, en Francia.

Nenúfares, de Claude Monet.

Nenúfares, de Claude Monet.

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El falso espejo, de René Magritte (1928)

El cielo contenido en la mirada te persigue por todo la sala - no es casualidad que esté colocado en alto - , consolidando la capacidad de Magritte para desafiar la percepción de la naturaleza por parte del ser humano.

La persistencia de la memoria, de Salvador Dalí (1931)

Los relojes derretidos siempre han supuesto un elemento icónico en la obra de Dalí, convertido en símbolo de una ensoñación que a veces olvidamos. Una obra de arte que utiliza Port Lligar, en Costa Brava, como telón de fondo a este ejercicio surrealista que habla del infinito y la decadencia.

Autorretrato con el pelo cortado, de Frida Kahlo (1940)

A pesar de divorciarse de Diego Rivera, Kahlo no podía vivir sin él, y aunque aparentemente esta harta de sus infidelidades, se puso su ropa para este autorretrato transgénero bajo un subtítulo inspirada en una canción romántica mexicana: "Mira, si te amé fue por tu pelo. Ahora que estás sin pelo, ya no te amo". Al año siguiente, Kahlo se volvió a casar con Diego.

Gold Marilyn Monroe (1962), de Andy Warhol

Poco después de su trágica muerte en 1962, Warhol realizó una serie de pinturas en homenaje a Marilyn Monroe. La más icónica nació a partir de un retrato de la actriz en una imagen publicitaria de la película Niágara en 1953. El resto, es historia.

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