Si quieres dormir como los ángeles, ficha uno de estos 8 hoteles-iglesias

Órganos, púlpitos y atrios. Techos abovedados y vidrieras de colores. Fueron templos con todos sus componentes y hoy se han reciclado en alojamientos con encanto (y con silencio sepulcral).

8 hoteles en iglesias.
8 hoteles en iglesias. / ©Wouter van der Sar.

Cambiar el púlpito por una recepción, los bancos por cómodas camas, las misas dominicales por los conciertos nocturnos. Renovarse o morir, en definitiva. Así es la filosofía de estos insólitos hoteles que han dado un giro radical a su función. Porque lo que en otro tiempo fueron lugares de culto religioso o de acogida de monjes peregrinos hoy son, previa desacralización, alojamientos con mucho encanto.

Una abadía benedictina, un monasterio medieval, un convento de carmelitas, una catedral católica, una capilla victoriana… Todos suponen la materialización de lo que se viene llamando dormir como los angelitos o pasar la noche en el séptimo cielo o disfrutar de un descanso divino… o, ¿por qué no?, comer como un obispo.

Entrada del Bunk Hotel de Ámsterdam.

Entrada del Bunk Hotel de Ámsterdam.

/ ©Wouter van der Sar.

Alojarse en estos hoteles iglesia es conocer de primera mano lo que es el silencio sepulcral, el recogimiento espiritual que de alguna manera sigue flotando en el ambiente pese a haber sido meticulosamente reformados en su interior, conservando, en la mayoría de los casos, materiales y elementos estructurales. Así, no es raro encontrar en ellos naves solemnes que hoy acogen restaurantes o salas de reuniones, galerías que hacen las veces de pasillos o vidrieras que dejan pasar la luz transformada en un torrente de colores. 

San Domenico Palace, Taormina.

San Domenico Palace, Taormina.

/ ©Greco Giulio.

Incluso hay atrios que hoy funcionan como mostradores, bóvedas que coronan bibliotecas, órganos que se incorporan al diseño y habitaciones que ocupan el espacio de lo que fueron las celdas de los monjes. 

Es el continente europeo el que registra más templos reciclados en hoteles. Desde los que se emplazan en los Países Bajos (Ámsterdam y Utrecht) bajo un concepto rompedor que se define como hogares temporales, hasta los que se esconden en el Reino Unido, Portugal, Francia o Italia, todos ellos países de gran tradición eclesiástica. No falta un ejemplo allende los mares ni otro en suelo africano. 

En cualquier caso, todos suponen una fórmula de hospedaje completamente original para vivir una experiencia que, cuando menos, roza lo celestial. 

Cisterna Wine Bar del Convento do Espinheiro.

Cisterna Wine Bar del Convento do Espinheiro.

/ D. R.

8 hoteles en iglesias

Bunk Hotel, en Ámsterdam, Países Bajos

Emplazado en un barrio que ha logrado dar esquinazo a la invasión turística para mantener su autenticidad, este hotel fue la iglesia católica de Santa Rita, la misma que aparece en El diario de Ana Frank. Su diseño atrevido mantiene la arquitectura original.

Convento do Espinheiro, en Évora, Portugal

Lo que fuera un convento del siglo V poblado por monjes de la Orden de San Jerónimo es hoy un encantador hotel en las afueras de Évora. Algunas habitaciones gozan de decoración moderna inspirada en los 50 y otras son salas conventuales lujosamente decoradas.

Convento do Espinheiro.

Convento do Espinheiro.

/ D. R.

The Church Tower, en Crieff, Escocia

Todo en este hotel es un mix perfecto entre los orígenes eclesiásticos y el confort contemporáneo. Así se logra una magistral armonía entre los elementos de la iglesia y los muebles de nuevo cuño: como ventanas de arco estrecho en una moderna sala de cine.

Habitación de The Church Tower.

Habitación de The Church Tower.

/ D. R.

Hotel L’Iglesia, en El Jadida, Marruecos

Las 14 habitaciones de este hotel de El Jadida, una ciudad fortificada a unos cien kilómetros al sur de Casablanca, se reparten entre la antigua sede consular de la ciudad y una antigua iglesia española. El salón y la zona de reuniones ocupan la antigua nave.

San Domenico Palace, en Sicilia, Italia

Este hotel, que en el siglo XV fue un monasterio, ha reconvertido las celdas de monjes en bonitas habitaciones que se desparraman por las laderas del monte Etna con vistas al Jónico. Todas ellas, flanqueadas por pasillos abovedados. 

San Domenico Suite del San Domenico Palace, Taormina.

San Domenico Suite del San Domenico Palace, Taormina.

/ D. R.

Fontevraud L’Ermitage, en Fontevraud-l’Abbaye, Francia

Fundada en 1101, la Abadía Real de Fontevraud sirvió durante siglos como centro de una famosa comunidad monástica. En 1804, Napoleón la convirtió en una de las prisiones más infames de Francia. Y en 2013 se renovó como un hotel de diseño de 54 habitaciones.

Hotel El Convento, en San Juan, Puerto Rico

La memoria está aferrada a los gruesos muros de este hotel que fue un antiguo convento de monjas carmelitas, emplazado en el corazón del Viejo San Juan. Hoy es una delicia que conserva el encanto colonial y cuenta con una piscina en la azotea y elegantes habitaciones.  

Bunk Hotel, en Utrecht, Países Bajos

Techos altos, órganos antiguos, terrazas, vistas panorámicas y amplios lofts encontramos en este hotel de Utrecht, que antaño fue la iglesia de Westerkerk, erigida en 1893 alrededor de la Torre Dom. Un hotel que trasciende su función de alojamiento con conciertos, muestras...

The Church Tower.

The Church Tower.

/ D. R.

Más allá de los hoteles en iglesias, hay alojamientos que, por su alocada ubicación en lugares de lo más insólito, hacen que dormir tenga, además del descanso, el añadido de una experiencia fascinante. Por ejemplo, el Hotel Teatro de Oporto, donde la recepción evoca una taquilla, los tíckets abren las habitaciones y hay telones por doquier. Más raro es el One Room Hotel de Praga, emplazado en una torre de televisión: la denominada Tower Park Praha, que es el equivalente a nuestro Pirulí. Tampoco se queda atrás Crane Hotel Faralda, en Ámsterdam, colgado, literalmente, de una grúa. Un hito de la ingeniería en el que experimentar los límites del vértigo.

Ninguna experiencia, sin embargo, resulta más inquietante, claustrofóbica y hasta terrorífica que la de dormir en el excéntrico hotel Karosta, en Letonia, emplazado en el interior de la cárcel militar del mismo nombre. Tanto que, antes de ingresar, se debe firmar una cláusula de aceptación de las duras condiciones a las que uno se somete. Los huéspedes pueden disfrutar de la “experiencia completa”, incluidas las amenazas de muerte, los disparos de advertencia y los gritos de desesperación de otros presos. Hay gustos para todo. 

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