
El patio interior de Intelier Palacio San Martín, presidido por un gran jardín vertical, ofrece un espacio tranquilo en pleno centro de Madrid. / Bruno Almela Egido
Un palacio del siglo XIX en pleno centro de Madrid recupera el cocido en tres vuelcos: el restaurante de hotel al que también van los madrileños
Antigua Embajada estrena temporada recuperando una receta tradicional y prepara una carta de otoño basada en setas, verduras y carnes de caza.
Comer en un hotel sin tener una habitación reservada ha dejado de ser algo excepcional. Los restaurantes hoteleros se han abierto a las ciudades y empiezan a formar parte de los planes cotidianos de quienes buscan un desayuno tranquilo, un almuerzo de trabajo o una comida diferente sin alejarse del centro.
En Madrid, uno de esos espacios se encuentra tras las puertas de Intelier Palacio San Martín. Su restaurante, Antigua Embajada, inicia la nueva temporada con el regreso del cocido madrileño servido en tres vuelcos y anticipa una carta de otoño en la que el producto estacional tendrá un peso especial.

Intelier Palacio San Martín ocupa un edificio histórico situado en una plaza peatonal, a pocos minutos de la Puerta del Sol, la Plaza Mayor y el Palacio Real. / Bruno Almela Egido
La propuesta permite, además, descubrir un rincón poco habitual en una de las zonas más transitadas de la capital: un restaurante tranquilo dentro de un edificio histórico del siglo XIX, situado entre la Puerta del Sol, la Gran Vía, la Plaza Mayor y el Palacio Real.
¿Qué historia esconde este palacio del centro de Madrid?
Intelier Palacio San Martín ocupa un inmueble declarado Bien de Interés Cultural que fue sede de la primera Embajada de Estados Unidos en España. El edificio se encuentra en la plaza de San Martín, a unos 300 metros de la Puerta del Sol y muy cerca del Monasterio de las Descalzas Reales.
Su arquitectura clásica y su pasado diplomático explican el nombre escogido para el restaurante. Antigua Embajada recupera parte de la memoria del inmueble, aunque su propuesta gastronómica mira hacia el presente y combina recetas reconocibles, producto de temporada y elaboraciones de inspiración contemporánea.

Los elementos originales y los detalles arquitectónicos recuerdan el pasado de uno de los edificios más singulares del centro de Madrid. / Bruno Almela Egido
El espacio ofrece, además, un pequeño paréntesis frente al movimiento constante de las calles cercanas. A la entrada, el jardín vertical que recibe a los visitantes introduce una atmósfera más pausada, pensada tanto para quienes se alojan en el hotel como para quienes simplemente buscan una mesa donde comer en el centro.
¿Por qué los restaurantes de hotel también atraen al público local?
Durante mucho tiempo, muchos viajeros comían en los hoteles por comodidad. Para el público local, en cambio, sus restaurantes podían pasar desapercibidos, incluso cuando estaban situados en algunos de los edificios más singulares de la ciudad.
Esa percepción está cambiando. Los hoteles han convertido sus espacios gastronómicos en restaurantes con identidad propia, accesibles sin necesidad de alojarse y capaces de competir con el resto de la oferta urbana. Suelen contar, además, con una ventaja difícil de encontrar en determinadas zonas: ambientes tranquilos, servicio continuado y localizaciones céntricas.

Antigua Embajada está abierto tanto a los huéspedes del hotel como a quienes buscan un desayuno, una comida o una sobremesa tranquila en el centro de Madrid. / Intelier Palacio San Martín
Antigua Embajada participa de esta transformación. El restaurante sirve desayunos, comidas y cenas, dispone de cafetería, menú de mediodía de lunes a viernes y una terraza situada en una plaza peatonal. Su cocina combina tapas tradicionales, platos madrileños y creaciones de autor, sin limitarse a prestar servicio a los huéspedes.
La intención es que el visitante pueda atravesar las puertas del hotel para comer, reunirse o prolongar la sobremesa, aunque después no tenga que dirigirse a ninguna habitación.
¿Cómo se sirve el cocido madrileño en Antigua Embajada?
Con la llegada de los primeros días frescos, el restaurante recupera uno de los platos más ligados a la identidad gastronómica de Madrid. El cocido se elabora respetando la receta tradicional y se presenta en tres vuelcos, como marca la costumbre.
Primero llega la sopa, preparada con el caldo de la cocción. Después se sirven los garbanzos acompañados de las verduras y, finalmente, aparecen las carnes y embutidos. Más que una sucesión de platos, el cocido conserva aquí su condición de ritual: una comida pausada que invita a sentarse sin prisas y a dejar espacio para la sobremesa.

El cocido madrileño de Antigua Embajada se sirve en tres vuelcos: primero la sopa, después los garbanzos y las verduras y, por último, las carnes y los embutidos. / JavierPenas
En un momento en el que numerosos cocineros revisan, aligeran o reinterpretan las recetas populares, Antigua Embajada apuesta por una elaboración reconocible, basada en el cuidado del producto y en el respeto por los tiempos de cocción.
Su regreso a la carta representa también el cambio de temporada. Después de los platos frescos y ligeros asociados al verano, vuelven los caldos, los guisos y esas recetas reconfortantes que ayudan a entender la cocina madrileña más allá de las tapas.
¿Qué ingredientes protagonizarán la nueva carta de otoño?
El cocido será el primer paso de una renovación más amplia. Durante el mes de octubre, el restaurante presentará una nueva carta centrada en los ingredientes propios del otoño.

El estofado de alubias pintas con codorniz y verduras al carbón refleja la apuesta de Antigua Embajada por los platos de cuchara y el producto de temporada. / Intelier Palacio San Martín
Las setas, las verduras de temporada y las carnes de caza convivirán con algunos de los platos que ya forman parte de la identidad de Antigua Embajada. El objetivo será mantener el equilibrio entre tradición y contemporaneidad, evitando transformar el producto más de lo necesario y adaptando las elaboraciones al momento del año.
Esta atención a la temporalidad permite que la propuesta evolucione sin perder sus raíces. La cocina madrileña seguirá siendo el punto de partida, pero compartirá espacio con platos de autor y técnicas actuales.

El crumble caliente de frutas y avena con helado de vainilla pone el punto dulce a la experiencia gastronómica de Antigua Embajada. / Intelier Palacio San Martín
¿Hace falta alojarse en el hotel para reservar mesa?
No. Antigua Embajada está abierto tanto a huéspedes como al público general, una circunstancia que todavía sorprende a quienes continúan asociando los restaurantes de hotel exclusivamente con el alojamiento.
Se puede entrar para desayunar, tomar algo en la cafetería, probar el menú de mediodía o reservar una comida o una cena. También puede convertirse en un punto de partida para recorrer el Madrid de los Austrias, acercarse al Palacio Real, asistir a un espectáculo en la Gran Vía o pasear hasta la Puerta del Sol.