
La piscina de El Mangroove, Autograph Collection, abierta al paisaje del golfo de Papagayo. / Josep M. Palau Riberaygua
El Mangroove, Autograph Collection: elegancia descalza junto al golfo de Papagayo
Diseño abierto, espíritu bohemio, spa, salidas marineras y una gastronomía relajada definen este refugio tropical entre la playa y el bosque.
En Guanacaste, el paisaje cambia de tono. Algo menos frondoso que otras zonas del sur, el golfo de Papagayo tiene una luz más dorada, que El Mangroove, Autograph Collection aprovecha con unas estructuras comunes abiertas a los elementos, para disfrutar de la naturaleza todo el tiempo.

La arquitectura abierta favorece la conexión constante con la naturaleza. / Josep M. Palau Riberaygua
El entorno invita a andar descalzos, aunque hay quien prefiera pasar el día en la piscina de diseño con una bebida en la mano.
¿Cómo es la elegancia relajada de El Mangroove?
El establecimiento propone una elegancia relajada, punteada por grandes raíces de árbol de guanacaste pulidas que hacen las veces de escultura natural en varios rincones.

Las raíces de guanacaste se convierten en elementos decorativos del hotel. / Josep M. Palau Riberaygua
Los nombres de las categorías de las habitaciones remiten al imaginario vegetal —Bark, Nesto, Root, Habitat, Canopy, Mangle—, un entorno habitado que se pone de manifiesto a primera o última hora del día, cuando un mapache se nos puede cruzar en el camino como si tal cosa.
Eso sí, el simpático animal tiene prohibida la entrada en el Bearth Spa, un espacio de resonancias zen que es puro relax.

Las playas volcánicas aportan un paisaje singular al golfo de Papagayo. / Josep M. Palau Riberaygua
¿Qué experiencias se pueden vivir en el mar?
El contrapunto activo corre de la mano de Azul Ocean Adventures, que propone salidas para practicar el snorkel con tortugas o descubrir las mejores playas del litoral: Jícaro, que fue un antiguo cementerio y por ello se ha preservado sin edificaciones; isla Cabeza de Mono, una cara de simio esculpida por el viento y las mareas que parece vigilar la residencia del exjugador de baloncesto Michael Jordan; las playas de Nacascolito y Cueva…

Isla Cabeza de Mono, en el golfo de Papagayo, donde una formación rocosa esculpida por el viento y las mareas recuerda el perfil de un simio. / Josep M. Palau Riberaygua
Y también el fantástico manglar que se esconde en las islas Palomares, poblado de caimanes y garzas.
¿Dónde comer con los pies en la arena?
La gastronomía de El Mangroove propone una opción de corte más internacional, otra mediterránea y un espacio más casual y playero llamado Matiss, ideal para comer con los pies en la arena. Por cierto, que la verdadera playa, unos metros más allá, es negra, volcánica.

El manglar forma parte del ecosistema del golfo de Papagayo. / Josep M. Palau Riberaygua
En El Mangroove, Autograph Collection, todo parece pensado para bajar el volumen del viaje y dejar que entren la luz, el salitre y el ritmo tranquilo del golfo de Papagayo. Un refugio bohemio entre la playa y el bosque donde el lujo tiene forma de elegancia descalza.