En la Plaza de las Nazarenas, en pleno centro histórico de Cusco, una gran puerta de madera separa el ritmo de la ciudad de un universo de patios, galerías de piedra, balcones tallados y habitaciones con chimenea. Inkaterra La Casona no se presenta únicamente como un lugar donde alojarse, sino como una casa histórica que permite habitar durante unos días una parte esencial de la memoria cusqueña.

La discreta entrada de Inkaterra La Casona.

La discreta entrada de Inkaterra La Casona. / Inkaterra La Casona

La propiedad ocupa una mansión del siglo XVI levantada sobre el lugar donde, según la documentación del hotel, se encontraba una academia destinada al entrenamiento de un ejército de élite del Imperio inca. Con el paso de los siglos, por sus estancias transitaron personajes como el conquistador Diego de Almagro y el libertador Simón Bolívar. Hoy es la primera propiedad de Relais & Châteaux en Perú y uno de los hoteles más íntimos de la ciudad.

¿Qué historia guarda Inkaterra La Casona?

La historia del edificio comienza mucho antes de su conversión en hotel. Sus muros reflejan la superposición de las culturas inca y española que todavía define la arquitectura de Cusco, una ciudad en la que las construcciones coloniales se asentaron con frecuencia sobre estructuras anteriores.

Mobiliario y piezas artesanales decoran las zonas comunes.

Mobiliario y piezas artesanales decoran las zonas comunes. / Inkaterra La Casona

La mansión fue uno de los primeros edificios construidos por los españoles en la ciudad y conserva elementos de distintas épocas. Bases de piedra, arcos, galerías, techos de madera, balcones, puertas talladas y murales decorativos forman un conjunto en el que las distintas etapas históricas dialogan entre sí.

El proyecto de recuperación llevado a cabo por Inkaterra se prolongó durante cinco años y buscó preservar la arquitectura original. La restauración no trató de devolver al edificio una apariencia artificialmente nueva, sino de respetar las huellas acumuladas durante siglos.

Galerías coloniales alrededor del patio interior.

Galerías coloniales alrededor del patio interior. / Henrry Moreno

El patio central continúa siendo el corazón de la casa. A su alrededor se distribuyen los corredores, las zonas comunes y las once suites, manteniendo la organización propia de una antigua residencia señorial. La piedra, el ladrillo y la madera conviven con alfombras, tejidos de inspiración precolombina, piezas artesanales, mobiliario colonial y murales originales.

El lujo se expresa aquí a través de la privacidad, el silencio y la sensación de formar parte de la casa. No hay un gran vestíbulo ni una sucesión de espacios impersonales. Las salas conservan dimensiones domésticas y están decoradas con bancos tallados, piezas de arte religioso, textiles, cerámicas y muebles que recuerdan que el edificio fue, antes que hotel, una residencia privada.

Suite Plaza, la categoría más amplia del hotel.

Suite Plaza, la categoría más amplia del hotel. / Inkaterra La Casona

Solo 11 habitaciones y todas suites

La reducida capacidad de Inkaterra La Casona es una de las claves de su identidad. Las once habitaciones se dividen en cuatro Suites Patio, cinco Suites Balcón y dos Suites Plaza, cada una integrada en la arquitectura original y con distintas perspectivas sobre el patio o la Plaza de las Nazarenas.

Las Suites Patio, de entre 33 y 38 metros cuadrados, se encuentran en torno al patio central. Las Suites Balcón miden entre 32 y 44 metros cuadrados y se abren a las galerías superiores de la casa. Las dos Suites Plaza alcanzan los 47 metros cuadrados y destacan por sus amplias zonas de descanso y los detalles pictóricos conservados junto a los techos.

Salón con chimenea y decoración de inspiración peruana.

Salón con chimenea y decoración de inspiración peruana. / Henrry Moreno

Todas incorporan una chimenea de piedra, suelos de madera, ropa de cama de algodón pima y baños de mármol con bañeras de grandes dimensiones. La intervención contemporánea se concentra en el confort, mientras que la atmósfera permanece vinculada al carácter histórico del edificio.

Las alfombras, las mantas de colores andinos, los muebles antiguos y las puertas trabajadas artesanalmente evitan que las habitaciones parezcan reproducciones idénticas. Cada espacio conserva pequeñas irregularidades y elementos propios, como corresponde a una construcción con varios siglos de vida.

Baño de una Suite Plaza, con gran bañera exenta.

Baño de una Suite Plaza, con gran bañera exenta. / Inkaterra La Casona

Durante el día, los arcos del patio enmarcan las fachadas de piedra, las galerías de madera y el pequeño jardín central. Al caer la tarde, una iluminación tenue transforma el conjunto y realza el volumen de las columnas y los corredores.

El patio funciona como un refugio interior, pero también como el punto desde el que se comprende la estructura de la antigua casa. Desde sus bancos se observa cómo las habitaciones y galerías se organizan en dos alturas, manteniendo la escala íntima que distingue al establecimiento.

También es uno de los lugares donde mejor se percibe la transición entre la ciudad y el hotel. Fuera quedan las iglesias, museos y calles del centro histórico; dentro, el tiempo parece avanzar con mayor lentitud.

Canilla de cordero con productos andinos.

Canilla de cordero con productos andinos. / Henrry Moreno

Una casa para comprender la identidad de Cusco

La dimensión doméstica se traslada asimismo a la gastronomía. El comedor cuenta con seis mesas y capacidad para doce personas, en consonancia con el reducido número de huéspedes. Se sirven desayunos, almuerzos y cenas, además de una hora del té y un encuentro de cócteles al final de la tarde.

La cocina se integra en la estancia como una continuación de la hospitalidad de la casa, con una propuesta de inspiración peruana y novoandina que incorpora ingredientes y sabores relacionados con el territorio. También pueden organizarse cenas privadas y momentos especiales en el patio colonial.

Sala de terapias Yacu, bajo arcos históricos.

Sala de terapias Yacu, bajo arcos históricos. / Inkaterra La Casona

La sala de terapias Yacu ofrece otro espacio de recogimiento. Sus tratamientos emplean productos elaborados con extractos botánicos locales e incluyen propuestas como el facial de quinua real, el masaje con piedras calientes, la reflexología o una terapia especialmente planteada para la adaptación a la altura.

Inkaterra La Casona permite aproximarse al pasado de Cusco sin contemplarlo únicamente desde un museo o un monumento. Aquí la historia forma parte del propio alojamiento: aparece en los cimientos, en las galerías, en los murales y en el modo en que la casa se organiza alrededor del patio.

Su principal singularidad no reside únicamente en ocupar un edificio del siglo XVI ni en disponer de solo once suites. Está en haber conservado la escala, el silencio y el carácter de una residencia histórica, incorporando el confort contemporáneo sin borrar la memoria de sus espacios.