Atención foodies: el hotel gastronómico de Salamanca que es una oda a los productos de la tierra

Si tienes previsto visitar Salamanca, el hotel Eunice debería ser parada obligatoria tanto para alojarte como para disfrutar de sus exclusivas propuestas gastro.

Eunice, un hotel gastronómico en el corazón de Salamanca.
Eunice, un hotel gastronómico en el corazón de Salamanca. / D.R.

Las calles de Salamanca son un ir y venir de estudiantes. También hay gente mayor que sale a hacer recados. Y chispea. Eso sí, ni este calabobos es capaz de deslucir a una ciudad tan bella. La vista siempre al frente (o a lo alto) para descubrir los impresionantes edificios que atesoran la historia de la ciudad. Y, de repente, aparece ante nosotros un palacete de estilo clásico castellano de comienzos del siglo XIX en la plaza de Monterrey.

Un pequeño cartel anuncia que se trata de Eunice, primer hotel 5 estrellas gran lujo en la ciudad charra. Y, cómo no, vamos a descubrirlo. Lo primero que llama la atención es que no hay una recepción al uso. Hay que sentarse en una mesa redonda en la que, mientras haces el check-in y entras en calor con un exquisito café, te van dando las claves para poder exprimir al máximo la ciudad.

El jardín del Hotel Eunice es perfecto para recargar pilas tras una jornada descubriendo Salamanca.

El jardín del Hotel Eunice es perfecto para recargar pilas tras una jornada descubriendo Salamanca.

/ D.R.

El ambiente es fastuoso, sí, pero no hablamos de esa opulencia encorsetada que hace sentir a uno que no está en el sitio correcto. Estamos ante un buen exponente de lujo silencioso. De ese que no se presume, pero se disfruta; de ese que, sin renunciar a los más altos estándares de calidad, te hace sentir en casa.

Un oasis en el corazón de Salamanca: Eunice

Eunice cuenta con 13 habitaciones entre las que se incluyen dos junior suites y dos habitaciones con acceso directo al jardín y patio interior. Para llegar a algunas de ellas se puede utilizar el ascensor, pero es una pena, puesto que la escalera es, en sí misma, una verdadera obra de arte que ha sido restaurada con mucho mimo (y el visto bueno de Patrimonio Nacional) y, por tanto, digna de admirar.

El hotel cuenta con dos habitaciones con salida directa al jardín.

El hotel cuenta con dos habitaciones con salida directa al jardín.

/ D.R.

También hay que fijarse en los cuadros que decoran las paredes. Obras de artistas que, de un modo u otro, tienen algún tipo de vínculo con Salamanca. Destaca, por ejemplo, una obra de Jaume Plensa, el artista que realizó Julia, la escultura gigante que preside la madrileña plaza de Colón, por citar un ejemplo.

Y volvemos a Salamanca, a Eunice, para descubrir los interiores de este pequeño (en tamaño) pero gran hotel, cuyo interiorismo está firmado por IDI Studio. Los materiales nobles se integran a la perfección con detalles que nos recuerdan donde estamos: los bordados serranos y los botones charros dominan todas las estancias, incluso la coqueta biblioteca que invita a trabajar en un ambiente único o, si se está de vacaciones, a ojear alguno de los libros que han servido de inspiración a José Manuel Pascua, chef y propietario del establecimiento.

La biblioteca con numerosos libros de gastronomía.

La biblioteca con numerosos libros de gastronomía.

/ D.R.

Hotel gastronómico que homenajea al producto de la tierra

La propuesta gastronómica de Eunice se distingue por su enfoque centrado en el producto, donde se combinan técnicas tradicionales con un profundo respeto por los ritmos de elaboración. El hotel dispone de dos conceptos culinarios que hay que descubrir. Por un lado, encontramos Yantar, que ofrece desayunos y menú degustación y, por otro, Pascua, restaurante que abrirá sus puertas próximamente para que los comensales puedan descubrir los sabores más auténticos de la región.

Adriana Fernández

Volvemos ahora a Yantar para descubrir sus menús degustación. Si eres de aquellos que solo desayunan un café… es hora de replantearte tus costumbres (o al menos mientras dure tu estancia en Eunice), ya que cuentan con un desayuno que supone toda una experiencia: casi hora y media en la que sumergirte en su mundo líquido (con cava Bodega Mestres, cafés de especialidad, zumos naturales o infusiones premium), su mundo dulce o salado y un tercer momento que te permitirá gozar con unos huevos benedict que harán que se te salten las lágrimas.

¡Ay, Eunice si vieras los desayunos que ha ideado tu nieto!

¡Ay, Eunice si vieras los desayunos que ha ideado tu nieto!

/ D.R.

Volvemos ahora a esos mundos dulces y salados. Puedes elegir uno o complementarlos y probar exquisiteces que van desde su selección de ibéricos de Salamanca, una sobrasada o unos tomates confitados que podrás colocar en su selección de panes horneados en la cocina. En el mundo dulce, la selección de pastelería (casera, cómo no), las compotas de temporada, la granola elaborada por la repostera o la mantequilla aromatizada completan la oferta.

Tanto a la hora del almuerzo como de la cena, el invitado (ya que este término se ajusta más que el de huésped) puede decantarse también por un menú degustación en Yantar. Las elaboraciones están a la altura de lo que se espera para un hotel gastronómico 5 estrellas gran lujo y el personal te explica en detalle y con mimo cada uno de los pases, mientras que, en la cocina que preside el comedor, el chef hace su magia.

Aperitivo del menú Media Fanega, en Eunice Hotel (Salamanca)

Aperitivo del menú Media Fanega, en Eunice Hotel (Salamanca)

/ D.R.

Hasta aquí, una crónica de lo que es Eunice, pero hay algo más, el leitmotiv que ha llevado a José Manuel Pascua a embarcarse en este nuevo proyecto. Eso sí, para conocerlo, debemos remontarnos a sus orígenes. De un pequeño pueblo de Zamora (Villaescusa para los curiosos) salió hace años un matrimonio con una mano delante y otra detrás (como suele decirse). Llegaron a Salamanca en busca de una oportunidad y allí, a comienzos de los 80, abrieron un pequeño restaurante en la calle del Prior al que bautizaron como Bambú.

Entre fogones creció José Manuel. Con unos abuelos que eran casa, eran cobijo y, sobre todo, eran trabajadores incansables que, con el sudor de su frente, querían que nunca le faltara de nada a la familia. A Pascua se le humedecen los ojos al hablar de Eunice. Y es que su abuela, bautizada con ese nombre, hoy estaría orgullosa del homenaje que le rinde su nieto.

Bambú sigue abierto y se ha adaptado a los nuevos tiempos. Su concepto de tapas lo ha ido puliendo José Manuel gracias a lo que le enseñaron sus abuelos y su madre Jacoba, pero también gracias a su bagaje gastronómico, que le ha llevado a formarse en el Basque Culinary Center.

En definitiva, Bambú sigue siendo uno de los imprescindibles de Salamanca al que se ha unido Eunice, un hotel que se suma al canto que muchos de nosotros entonamos: los abuelos deberían ser eternos.

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