
La costa sur de Menorca despliega calas abruptas y paisajes modelados por los acantilados. / Mr. Tripper
El edén rústico-chic entre viñedos y acantilados que invita a meditar y descubrir la Menorca más salvaje
Naturaleza, historia y gastronomía se dan cita en Fontenille Menorca-Torre Vella, un pedacito de las Baleares donde el verdadero lujo es su autenticidad sosegada.
Con una personalidad tan discreta como magnética, Menorca reserva sus grandes tesoros a aquellos que deciden explorarlos con calma. Solo de esta forma, despojándose de las prisas y del estrés, el viajero podrá descubrir los verdaderos santuarios que custodian el secreto del ritmo natural de la vida. Porque en esta isla, declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1993, el tiempo parece avanzar más despacio, permitiendo conectar con la esencia del edén mediterráneo.

Los interiores de Torre Vella combinan piedra, madera y fibras naturales en una estética bohemia y serena. / Mr. Tripper
En la costa sur, escondida en el centro de una extensa finca catalogada como “Bien Cultural Excepcional”, se alza una antigua torre de vigilancia que recuerda el pasado estratégico de estas tierras, habitadas hace más de 9.000 años, según los vestigios arqueológicos encontrados en la zona. A este imponente baluarte que corona el corazón del terreno, se debe el nombre del lugar conectando así con las raíces más profundas del Mediterráneo.
La más serena y salvaje de las Baleares hace aquí honor a su encantadora personalidad, virtud que se observa de inmediato al seguir las líneas de la arquitectura de la propiedad, la cual responde fielmente al estilo de las grandes fincas menorquinas, con un edificio principal organizado alrededor de un patio central. Esta inmersión total en el alma rural de Menorca es solo la antesala al lujo discreto y al espíritu bohemio que guarda el alojamiento en sus interiores.

La piscina se integra entre viñedos, olivares y vegetación mediterránea, en pleno paisaje rural menorquín. / Mr. Tripper
Miembro de la prestigiosa asociación Relais & Châteaux desde el año 2019, Fontenille Menorca-Torre Vella ofrece una cuidada restauración impulsada por sus propietarios, Frédéric Biousse y Guillaume Foucher, destacados visionarios franceses en el mundo de la hotelería.
Un entorno para soñar
El entorno es el verdadero protagonista de este privilegiado Relais & Châteaux, un hecho que se evidencia nada más adentrarse entre los majestuosos viñedos, los olivares centenarios y las numerosas plantas aromáticas que perfuman los accesos a las nueve exclusivas suites con piscina privada. A estas estancias se suman ocho habitaciones, todas decoradas bajo el concepto chic bohemio con el que conviven piedra, madera y hormigón; refugios íntimos abiertos a amplias terrazas desde las que seguir mimetizándose con el paisaje. Como telón de fondo a este espectáculo, 1.700 metros de costa virgen, esculpida por acantilados, acercan algunas de las panorámicas más impresionantes del litoral menorquín.

Navegar permite descubrir desde el mar algunos de los rincones más salvajes de la isla. / Mr. Tripper
Este vergel se convierte en el mejor observatorio para contemplar el cielo estrellado, aprovechando que Menorca está reconocida internacionalmente como destino astronómico.
La sofisticación natural y desenfadada que caracteriza al establecimiento toma especial relevancia en su restaurante Siempreviva, liderado por el chef Dimas Roldán Sintes. Basada en una propuesta culinaria española fresca y estacional, la experiencia comienza con unos contundentes desayunos, que se disfrutan pausadamente en su terraza exterior.

Habitaciones luminosas y minimalistas prolongan la sensación de calma que define la finca. / Mr. Tripper
El dinamismo de sus fogones se refleja en unas cartas de almuerzo y cena, que cambian según la temporada para poner en valor los productos locales de temporada. Sin embargo, para capturar la verdadera magia de este edén, lo ideal es entregarse a sus experiencias gastronómicas de autor, desde un picnic al borde de los acantilados hasta una cena íntima bajo las estrellas.
Entre el deleite del paladar y el descanso, el bienestar reclama su espacio. La finca cuenta con espacios para practicar yoga o meditar en comunión con la naturaleza. Si hasta ahora no habías conseguido desconectar del todo, probablemente era porque no estabas en el sitio adecuado.