Bajo la luz dorada de un Mediterráneo estival, las fachadas pétreas de Ciudadela relucen de una forma magnética. Traspasando algunas de sus puertas, podremos conectar con la esencia de la ciudad y entregarnos al hedonismo menorquín entre elegantes patios ajardinados envueltos por un embriagador aroma a jazmín.

La entrada de Can Faustino, uno de los palacios históricos que forman Faustino Gran y pionero del sello Relais & Châteaux en Menorca.

La entrada de Can Faustino, uno de los palacios históricos que forman Faustino Gran y pionero del sello Relais & Châteaux en Menorca. / DANIEL SCHAEFER

A unos pasos del puerto natural y de la catedral, el laberinto de calles conduce hasta la entrada de Faustino Gran. Este emblema, pionero del prestigioso sello Relais & Châteaux en la isla, nos conquistará de inmediato con rincones concebidos para sumergir al huésped en la calma más absoluta. La filosofía de la reputada asociación francesa se hace tangible en detalles como su marcada personalidad, la preservación del patrimonio o la vinculación con la cultura local.

Cómo es dormir en un palacio menorquín

Fue en el año 2014 cuando comenzó la andadura de este exclusivo alojamiento, compuesto en la actualidad por cuatro edificios datados entre los siglos XV y XVIII: Can Faustino, Cal Bisbe, Can Llorenç y Can Sebastià. El conjunto suma 70 habitaciones y suites, cada una con una identidad y panorámicas distintas, pero todas cargadas de grandes dosis de historia y arte.

La decoración combina mobiliario contemporáneo, materiales naturales y elementos artesanales que respetan la arquitectura original del edificio.

La decoración combina mobiliario contemporáneo, materiales naturales y elementos artesanales que respetan la arquitectura original del edificio. / DANIEL SCHAEFER

Para ampliar esta singular propuesta, el hotel suma un quinto tesoro arquitectónico, Can Morel. Este nuevo espacio, originario del siglo XV, deslumbra con sus suelos de terracota, paredes revestidas en cal y un gran salón alrededor de una escalinata iluminada por una cubierta de cristal.

Nada más traspasar el umbral de cualquiera de las residencias que componen Faustino Gran Relais & Châteaux, se percibe la perfecta conexión entre sus elementos contemporáneos, como las impresionantes imágenes tomadas por el prestigioso fotógrafo Nicolas Guerin, y la cuidadosa restauración llevada a cabo para respetar la arquitectura original. Materiales naturales, tonos suaves y una decoración que ensalza en todo momento estas paredes históricas, con detalles como los frescos botánicos realizados por la artista francesa Delphine Nény, reconocida con el título Meilleur Ouvrier en pintura decorativa.

Una de las terrazas privadas de Faustino Gran, con vistas privilegiadas a la catedral de Santa María de Ciudadela.

Una de las terrazas privadas de Faustino Gran, con vistas privilegiadas a la catedral de Santa María de Ciudadela. / DANIEL SCHAEFER

Seguimos disfrutando de esta estancia de hedonismo e historia en sus piscinas, una de ellas colindando con la fachada de la catedral, y en su hamán, instalado en el sótano de uno de los edificios aprovechando el espacio de una antigua gruta.

Sentarse a la mesa para deleitarse con la cocina de Faustino Gran es un viaje directo al alma gastronómica de Menorca. Bajo la dirección del chef Matías Salvia, los platos, entre los que destacan sabrosos arroces y pescados, están elaborados con productos de proximidad e ingredientes de la propia huerta del establecimiento, ofreciendo respeto por el territorio y garantizando calidad.

Una de las piscinas de Faustino Gran, integrada entre patios de piedra y vegetación mediterránea en pleno casco histórico de Ciudadela.

Una de las piscinas de Faustino Gran, integrada entre patios de piedra y vegetación mediterránea en pleno casco histórico de Ciudadela. / DANIEL SCHAEFER

Del centro de Ciudadela a las calas secretas de Menorca

Entre los servicios, Faustino Gran cuenta con cuatro conserjes galardonados con las exclusivas Llaves de Oro (Clefs d’Or), encargados de personalizar experiencias con las que descubrir Menorca desde una perspectiva privilegiada. Un ejemplo de ello lo ofrece Casa Pau, una finca de 15 hectáreas a pocos kilómetros del casco histórico de Ciudadela, rodeada de pinares y fabulosas calitas de aguas cristalinas donde pegarse un refrescante chapuzón o salir a navegar en alguno de sus tres yates clásicos para seguir descubriendo las calas secretas de la isla. De esta forma, el viajero puede combinar la riqueza cultural y monumental con la cara más natural de Menorca.

En Casa Pau también se ofrecen sesiones de yoga al aire libre, paseos por bosques y baños en una piscina rodeada de vegetación mediterránea. Aquí se encuentra, además, el huerto del que se alimentan las propuestas gastronómicas del hotel.